Furito Ríos en ‘reafirmación combativa’

Por Rafael Vega Curry
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Cuando el huracán María azotó a Puerto Rico en septiembre de 2017, forzó al saxofonista y compositor José “Furito” Ríos a aplazar por varios meses la producción de su nuevo álbum. Pero en ningún momento se dio por vencido. Al contrario, el golpe del ciclón lo hizo volver al estudio de grabación con más deseos de expresar todo lo que lleva por dentro.

Ríos considera que algunos aspectos de la bomba pueden ser adaptados a las necesidades particulares de los músicos contemporáneos de jazz. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Siempre uno tiene que tirar pa’rriba”, afirma el músico, recordando que en su mente le decía al huracán “tú no nos vas a tumbar”. En ese sentido, grabar fue “una reafirmación combativa” de su expresión artística.

El producto de su esfuerzo es “Standard Bomba II – ¡Esta es mi bomba!”, un disco cuya originalidad y fuerza creativa lo identifican de inmediato como una obra maestra en el género del jazz afropuertorriqueño, de acuerdo con los conocedores.

“La bomba es la música de nosotros”, dice el músico, quien estudió el género durante su Maestría en línea con Cambridge University. “El primer volumen de ‘Standard Bomba’ tuvo buena aceptación. En esta nueva propuesta, sin embargo, hice mis propios temas”.

En ese sentido, este segundo volumen representa una modificación del concepto de “bomba estándar” que promueve Ríos. Mientras que en el primer álbum el músico interpretó en ritmo de bomba temas clásicos del repertorio jazzístico –tales como “Body and Soul”, “Cherokee” y otros- aquí parece plantear que la bomba es “el ritmo estándar” del jazz hecho en Puerto Rico, con composiciones originales.

“Por algo uno tiene que trabajar”, manifiesta Ríos, quien se declara admirador de saxofonistas como Branford Marsalis, John Coltrane, Sonny Rollins y Grover Washington. “¿Y qué mejor que trabajar con los ritmos del país de uno, los ritmos de tu patria?”.

A la vez que reconoce las aportaciones previas de músicos como Papo Vázquez y William Cepeda, entre otros, el músico recalca que hace ya cierto tiempo venía “coqueteando” con su propio concepto de bomba-jazz. Un día, al revisar su propio archivo de composiciones -algunas de las cuales viene trabajando hace tres décadas- descubrió que tenía material suficiente para un disco.

Estas composiciones son el reflejo de un músico con profundas raíces, tanto en el género de la bomba como en el jazz. Algunas parecerían ser temas clásicos de Blue Note, por lo memorables y atractivas que son. Otras incluyen cantos tradicionales, algunos de ellos creados por don Rafael Cepeda.

“Yo llamé a Vitito Emmanuelli, porque él y su familia hicieron una recopilación de toques de bomba ancestrales”, explica Ríos, en referencia al músico que reclutó para que tocara el “primo”, o primer barril, en el disco. “La bomba fue evolucionando (gracias) a unos clanes, o familias, que trabajaban el género en distintas áreas, como Ponce o Mayagüez. Acá en San Juan eran los Cepeda. En Patillas y Guayama, los que tocaban la bomba, como los Texidor o los Floro, eran como estrellas. Recuerda que para ese tiempo no existía ni la radio”.

El saxofonista revela que cuando escuchó la grabación de los Emmanuelli, no pudo identificar los diversos toques que estaban empleando. Después comprendió que lo que interpretaban era otro tipo de bomba, que eventualmente desembocó en los ritmos que se practican hoy día, tales como el yubá, sicá, holandé y otros. “Tocaban de otra forma”, subraya. “Siempre lo digo, el trabajo que hizo la familia Emmanuelli es formidable”.

Por otro lado, y aunque respeta la tradición, Ríos considera que algunos de sus aspectos pueden ser adaptados a las necesidades particulares de los músicos contemporáneos. “El folclor, si es de nosotros, podemos trabajar con él”, asevera. Como ejemplo específico, menciona que “algunos acentos de los barriles se tocaron de manera más tenue (‘muted’), para que no chocaran con el jazz, y de momento todo hizo clic”.

El plato fuerte del álbum son dos piezas largas, “Isaías”, de 15 minutos de duración, y la “Suite Costera”, de 19. La primera refleja, según Ríos, la personalidad inquieta y hasta mordaz de su hijo de 11 años, a quien está dedicada. La segunda fue originalmente compuesta para quinteto de jazz y orquesta; su versión actual se estrenó en un concierto en el Hostos Community College de Nueva York, con Papo Vázquez y el Bronx Jazz Ensemble. Sus tres movimientos son en ritmos sicá, holandé y yubá.

“En el disco hay dos piezas que se las dediqué a mis hijos”, resalta Ríos. Además de la ya mencionada “Isaías”, la balada “Julia Ester” la compuso en honor a su hija.

Entre todos los excelentes músicos que participaron en “Standard Bomba II”, Ríos destaca el trabajo del pianista Luis Muñiz y el bajista Carlos Torres, a quien llama “uno de los más grandes músicos que tiene Puerto Rico, hijo de Máximo Torres. El baterista Adrián Ruiz, uno de los nuevos talentos, también es muy bueno”.

El nuevo álbum viene a ser el quinto en la discografía de Ríos, quien ya había producido anteriormente “6:38”, “Cuatro al jazz”, “La maestría” (con una orquesta de salsa que fuera destacado por la Fundación Nacional para la Cultura Popular) y el primer volumen de “Standard Bomba”. Además publicó recientemente otros cuatro discos que documentan parte de la música que se presentó en el Festival de Jazz Boriquén, una iniciativa que llevó a cabo entre 2001 y 2007 y en la que lo acompañó un verdadero equipo de estrellas del jazz boricua.

“Todo se trata de traer el pan a la casa, al final del día”, expresa Ríos con humildad, “pero de la forma más artística posible”.

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