Un país en proceso de ‘Anoxia’

Por Janilka Romero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Hace ya más de un año, los estudiantes apenas regresaban a sus salones tras una larga lucha de huelga. Para ese entonces, nadie imaginaba que al País le esperaba la llegada de dos huracanes. Hace ya casi un año de lo segundo y seguimos recuperándonos, seguimos procesando, seguimos re-inventando, seguimos construyendo nuevos caminos, seguimos adaptándonos, seguimos aprendiendo nuevas formas, seguimos recordando… sintiendo… recordando… viviendo… recordando… recordando… Y, entonces, ‘Anoxia’… Se vivió en junio de 2017 y se volverá a vivir en agosto 2018.

El recuerdo: junio 2017

‘Anoxia’ se estrenó en julio de 2017 en la Casa Cultural Ruth Hernández de Río Piedras. (Foto suministrada)

Esperamos en el Jardín de la Casa Ruth Hernández. El director, Joaquín Octavio, se presenta. Como público, somos muchos. La casa está llena. Subimos, nos conglomeramos en el patio interior del segundo piso. Somos muchos, estamos pegados. El espacio personal deja de existir y se convierte en espacio colectivo. ‘Anoxia’, ¿Qué es? La falta casi total de oxígeno en la sangre o tejidos corporales. ‘Anoxia’. Somos muchos, tenemos que compartir el aire. Se ve una luz que sale del muro del patio. No todos la perciben. La luz sigue moviéndose. Aparece una actriz, nos anuncia que la Tierra se ha quedado sin oxígeno. Estamos todos en un proceso de ‘Anoxia’. Abren las puertas del salón principal; entramos al mundo de ficción.

La pieza de Joaquín Octavio, en colaboración con la compañía de danza contemporánea, ‘La Trinchera’ -compuesta por Beatriz Irizarry, Cristina Lugo y Marili Pizarro-, es un recorrido de imágenes vivas de lo que era y sigue siendo la comunidad de Juana Matos, en el pueblo de Cataño. Según escribe Octavio en sus notas, hace aproximadamente dos años él entrevistó a Pedro Carrión, líder ambientalista y comunitario. Carrión sigue viviendo en la misma casa donde nació; la diferencia es que antes era de madera y ahora es de cemento. La puesta en escena hace honor a las memorias de Don Pedro en su hogar, su comunidad y, también, a las memorias de “las generaciones que habían llegado al mangle virgen para habitarlo”.

Con una mezcla de danza y teatro, el concepto de dirección estuvo inclinado hacia una puesta experimental. Joaquín jugó con un estilo oscuro, de misterio, que por momentos tomaba luz y se llenaba de diversión. Utilizó poco texto y su enfoque fue sobre las imágenes que creaban las actrices/bailarinas con sus cuerpos. Rompió los cánones tradicionales y utilizó el espacio en su totalidad. El espacio escénico no solo era la zona central del salón sino también las esquinas, pasillos, puertas, ventanas y hasta el techo. Al no haber sillas para sentarse y observar, el público estaba obligado a moverse según el tránsito de los personajes. Siempre existió la opción de seguirlos muy de cerca; o de lejos; o, simplemente, quedarte estacionado en algún rincón de aquel mundo y observarlo desde allí.

Marili Pizarro, Cristina Lugo, Beatriz Irizarry encabezan la propuesta tatral. (Fot suministrada)

A la luz tenue que creaba el fuego de un quinqué, se dibujaba la imagen de una mujer dando a luz con ayuda de una comadrona. Este retrato causaba mucha curiosidad, miedo y ansiedad. Así mismo, Juan Fernando Morales fue ayudando con su diseño de luces a la propuesta de dirección, creando una atmósfera oscura, pobre, de mucha humedad, de babote. Igualmente, el sonido -a cargo de Raúl Porro- era enigmático y sigiloso. Más allá de la función que tiene el diseño de iluminación y de sonido en una pieza teatral, en Anoxia estos elementos creaban dínamo-ritmo: se movían con las actrices y eran otros personajes en escena que contaban su propia historia en la barriada.

La escenografía tuvo su diseño mayor en el “techo” del salón. Con tendederos de ropa y aprovechando el tejado de madera, crearon la sensación de observar, desde abajo, una casa elevada por encima del babote. Esto permitía que las actrices/bailarinas pudieran moverse no solo alrededor del público, sino también por encima de éste. Además, volvía a forzar al público a salir de su zona cómoda para poder seguir la historia. Ver los cuerpos en escena de las integrantes de ‘La Trinchera’ fue un deleite porque pasaban de una niña, a un niño, a una madre, a un padre, a un abuelo; luego, eran solo masa; luego, eran solo una emoción. Son cuerpos que tienen la técnica como segunda naturaleza y la transforman de manera tal que representan, caracterizan, sienten. En la escena final, vimos a tres mujeres arriesgadas, a tres cuerpos agotados, a tres cuerpos sudados, a tres cuerpos que no podían más, a tres cuerpos que fueron llevados al máximo, a tres cuerpos haciendo vivo el proceso de ‘Anoxia’.

‘Anoxia; es una pieza que representa un micro de lo que es Puerto Rico. Pero ese micro, con cada interpretación, se puede expandir al macro y ver el País cuando sentimos que se nos queda sin oxígeno. ‘Anoxia’ no es sólo Juana Matos, es cada barrio, comunidad, pueblo, persona de Puerto Rico que siente que está a punto de ahogarse. Este tipo de puestas nos despiertan y nos recuerdan que, poco a poco y todos juntos, podemos volver a recuperar el aire.

El ahora: agosto 2018

¿Cada cuánto nos volvemos a sentir sin oxígeno? ¿O es que nunca hemos logrado agarrar el aire que necesitamos? El proceso de ‘Anoxia’ es nuevo para algunos, se repite para otros o, simplemente, se sigue sintiendo. El re-montaje de esta pieza estará apoderándose del espacio original, la comunidad Juana Matos en Cataño, presentándose el 31 de agosto y el 1 de septiembre de 2018, a las 6pm, en la Reserva Natural Ciénaga de las Cucharillas.

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