Ofrenda de fe

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El guitarrista Millito Cruz, al centro en la galería de fondo, fue uno de los artistas recordados en la Eucaristía. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El café-teatro de la Fundación se convirtió en un templo.

El sacerdote franciscano Jimmy Casellas celebró la Eucaristía por el eterno descanso de los artistas puertorriqueños fallecidos el año pasado y en días recientes.

La Misa de Bendición, gesto con el cual anualmente el director ejecutivo de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, Javier Santiago, recuerda a las figuras del arte y los medios que han fenecido, no fue muy concurrida, pero sí muy expresiva, sentimental y de profundo calado espiritual, gracias también a la participación del ministerio musical integrado por Lucecita Soler, Joseph Ramírez, Georgina Portalatín y Liza Soler.

La ofició, como de costumbre, Fray Jimmy, ante la presencia de las viudas Socorro Mirabal y Mirta Rodríguez, además de otros parientes del guitarrista Millito Cruz, fallecido el pasado jueves, y el pianista Pijuán Piñero.

Al comenzar la misa, el sacerdote católico llevó ante la presencia del Todopoderoso la salud del percusionista Héctor “Atabal” Rodríguez, quien se encuentra en el proceso de trasplante de médula ósea. Igualmente se elevó una oración por la salud de las actrices Frances Cardona y Luisa Justiniano.

La misa contó con la interpretación musical de varios temas de corte espiritual. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

A renglón seguido el acto litúrgico fue dedicado a la memoria de Roberto Angleró, Casiano Betancourt, Shorty Castro, Fufi Santori, Carmen Andino, Mercedes Sicardó, Billy Fourquet, Enrique García Gutiérrez, Heriberto González, Arturo Dávila, Samuel Molina, Juan Ángel Silén, Petra Cepeda, Antonio Barasorda, Ignacio Caraballo, Emilio Guede, Paco Freiría, Eladio Pérez, Ignacio “Chembo” Mena, Frankie Bibiloni, Ángel Luis Torruellas, Salvador Rosa Hijo, Elías Lopés, Antonio Pantojas, José Reymundí, Ismael Sánchez, Jonathan Goitía, Ángel Luis Franco, Esteban Matos, Piro Mantilla, Raúl Carbonell, Edgardo Delgado, Mayra Mayra e Ileana Colón Carlo.

“Estos hermanos nuestros que ya no están con nosotros fueron forjadores de muchas de las manifestaciones artísticas de nuestro país. Si buscamos su historia, tal vez se frustraron no una sino un montón de veces porque pensaron que ya habían logrado, como quien dice, la proclamación de su arte. Hoy día los recordamos como grandes personalidades y artistas; dieron el todo por el todo de sus capacidades y talentos. El cielo está lleno de unas estrellas puertorriqueñas y van a seguir iluminando nuestra Patria”, expresó en su homilía Fray Jimmy al resaltar que la cultura no se desvanece y que si el liderato político pretende destruir a Puerto Rico el arte será el más fuerte e indestructible medio de resistencia.

Enid, hija de Millito Cruz, leyó una de las semblanzas. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Finalizada la Eucaristía, a los presentes se les entregaron sobres con los nombres de las figuras fallecidas. En su interior, una hoja con una cita directa procedente de los archivos de la biblioteca Juan Ortiz Jiménez, de la Fundación que, a manera de tributo póstumo, se leyeron, seguidos de un aplauso sonoro.

Fue una dinámica emotiva y simpática por demás, que representó la oportunidad de experimentar corazón adentro que realmente no se han ido del todo.

“Yo vengo de una familia protestante. Me crié en iglesias donde lo primero que aprendí a leer fue la Biblia. Esa fue mi formación inicial. Vengo de una minoría religiosa con conocimientos de los problemas sociales y tuve como abuelo al reverendo Ángel Acevedo, pastor de la Primera Iglesia Bautista de Santurce, a quien acompañaba cuando iba a visitar a los pobres”, se leyó de Juan Ángel Silén.

Más adelante se leyó una cita del inolvidable Shorty Castro. “Cuando muera, puedo morirme feliz. Imagínate. Cuando era mensajero de un hombre en Mayagüez, me parqueaba en el Lincoln School Suply a echarle vellones a la vellonera para escuchar la música de Tito Puente, Tito Rodríguez y Machito, que eran mis ídolos. Años después, ya no era la vellonera. Estaban ellos compartiendo tarima conmigo”.

Myrta Rodríguez, viuda de Pijuan, participó la lectura al terminar la Misa de Bendición. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Así, una por una, fueron recordadas las personalidades la noche del miércoles en la Fundación Nacional para la Cultura Popular.

En un aparte, la hija de Millito Cruz, Enid, no pudo reprimir su tristeza al preguntársele qué representa la Misa de Bendición, oficiada por Fray Jimmy.

“Me siento súper emocionada. La muerte de mi padre es muy reciente. Estoy muy agradecida. Me enteré por Facebook. Me incorporé al trabajo hoy por primera vez, después del jueves en que me avisaron que había muerto. Aun estoy recuperándome. Pero ha sido bonito todo. Mi mamá adora al Padre Jimmy porque son vecinos de San Juan. Mi papá vivió aquí por más de 30 años”.

Llorando, Enid Cruz Mirabal dijo que extrañará el virtuosismo, talento, perseverancia y dedicación de su progenitor. “Cuando era niña mi papá estudiaba por 16 horas corridas, tocando la misma pieza hasta que le saliera perfecta. Mi papá entró al Conservatorio a los 25 años, tardísimo, de la mano de Ernesto Ramos Antonini. Casualmente, terminó trabajando por 20 años en la Escuela Libre de Música”, recordó al aclarar que Millito fue un virtuoso de la guitarra clásica y popular.

Tras cada lectura de cita o semblanza los presentes otorgaban un aplauso póstumo a las figuras que partieron durante el año. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Fue concertista de guitarra. Fue estudioso de la música clásica, del jazz y de la bossa nova. El cuatro es su raíz, por mi abuelo. Creció en Aguas Buenas tocando el cuatro porque eran pobres y no podían comprar un cuatro. Era el mayor de siete hermanos. Hacía guitarras con latas de galleta o con lo que encontraba. A veces le robaba el cuatro a mi abuelo y se lo afinaba como guitarra y empezaba a tocar. Y abuelo, cuando llegaba del trabajo, se molestaba. Es un milagro que mi papá haya llegado tan lejos. Tocó en el Festival Viña de Mar con José Luis Rodríguez, que lo pidió en una época en que mi padre era el único guitarrista de Puerto Rico que tocaba y leía a primera vista. Eso no lo hacía nadie. Todos los guitarristas que están bien parados hoy día tienen una deuda con él, lo reconozcan o no”.

Por su parte, la viuda de Pijuán, Mirta Rodríguez, dijo a este medio que los pasados cuatro meses no han sido fáciles sin la presencia de su amado. “Valoramos todo lo que él era y agradecemos a Javier por la delicadeza y el gesto tan hermoso de celebrar una misa por todos los artistas que han partido. La misa estuvo preciosa. Aquí se leyó una cita de cada artista, que describe lo que eran”, señaló antes de compartir la melodía “El tiempo que me dé el tiempo” que Pijuán le dedicó y planificaba incluir en el tercer disco de los Baby Boomers.

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