‘Moisés Parrilla’: profundo y bien construido

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La actuación de Segarra en esta obra original de Anamín Santiago “fue dramáticamente sincera”. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

A la Dra. Anamín Yolanda Santiago no se le escapa una. Esta mujer puertorriqueña es valientemente arrojada cuando se trata de decir lo que tiene que ser dicho, aunque lo mismo revele asuntos dolorosos dentro del sector que defiende sus propias convicciones ideológicas. Ella es una artista totalmente comprometida, más allá de la misión de los seres humanos, con los seres que accionan en una misión. Después de todo, sin nosotros lo demás no existe. Hablamos con conocimiento de causa. Dirigimos una de sus piezas, actuamos en otra y hemos visto y leído todas las demás. Podríamos, tal vez, asegurar que Santiago mete el dedo en la llaga de una herida que no nos permitimos cerrar. Expone las razones por las cuales los movimientos fracasan. Entre esas razones están la falta de compasión y la traición a aquello que nos coloca en posiciones donde podríamos hacer la diferencia, la traición al ideal político y bienestar de los desventajados en la sociedad. Muchas veces esas posiciones han sido elegidas por el voto del pueblo. La dramaturga habla, entre otras cosas, de lo que, por experiencia, conoce y le atañe: la desunión dentro del movimiento independentista de nuestro país. Su drama “Moisés Parrilla, el misionero ha vuelto…”, el cual subió a escena el pasado 3 de agosto como parte del Cuadragésimo Festival de Teatro del Ateneo Puertorriqueño, es prueba ferviente de lo que decimos. Por supuesto, la obra presenta mucho más que lo anteriormente mencionado. En esta propuesta, Anamín explora temas que desarrolla bien. Entre los mismos, el amor, la amistad, la duda espiritual, la intolerancia, el prejuicio, la hipocresía, la envidia, el “mobbing” y el bochinche como punto de partida para perseguir a uno de nuestros mejores soldados.

Daniel del Valle y Jerry Segarra en una escena de la pieza producida por el Ateneo Puertorriqueño y Courage Weigel, Inc. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Fuimos a ver la función de “Moisés Parrilla” el pasado domingo a las cuatro y media de la tarde. Estuvimos, si contamos los dos intermedios de diez minutos cada uno, tres horas cuarenta minutos, participando de la experiencia que logró atraparnos. La trama es muy humana. Podríamos colocar los mismos ingredientes en otro ambiente y los resultados serían los mismos. Pero en el caso de este drama, y dado que la izquierda puertorriqueña se hace de una imagen comprometida con la justicia y el bienestar social, para muchos puede resultar increíble el bochinche sobre el cual se juzga, como canguro, al protagonista. En tal sentido, la dramaturga podría ser tildada de embustera o anti izquierdista, por los planteamientos que expone. Les tengo una noticia, la autora no miente, esta obra está basada en una historia real que nos toca muy de cerca por un asunto personal.

Moisés Parrilla, es un misionero religioso que admira a Eugenio María de Hostos, Ramón Emeterio Betances, Ernesto Che Guevara y Martin Luther King; es un ser humano sincero. Parilla es, además, obsesivo compulsivo, padece de ataques pánico, de depresión crónica, tiene tendencias suicidas, se medica y ha sido recluido en varias ocasiones en hospitales para enfermos mentales. Esas condiciones se agudizaron mientras defendía comunidades indígenas en Bolivia y Nicaragua, y tuvo que regresar a Puerto Rico.

Es curioso el dato que Moisés Parilla, quien exhibe cuadros de los próceres que honra, no exhibe un cuadro de Eugenio María de Hostos porque el mismo “fue secuestrado por los Hostosianos”. Eugenio María de Hostos es, para Parilla, tan dios como su Dios, o tal vez más que ese Dios, ya que nunca lo vemos rezar. Moisés pelea todo el tiempo con Dios y lee a Hostos para sentir serenidad. A pesar de sus conflictos espirituales y sus enfermedades, Parrilla continúa luchando activamente en Puerto Rico por todo lo que cree, y lo hace sin descanso. Mientras trabaja en el Capitolio en la oficina de una senadora de izquierda, Moisés Parrilla se une a los movimientos que luchan por los derechos de grupos de minoría (como el LGLTTIQ), señala la corrupción del gobierno y acciona por la libertad de su país. En esas hazañas, descubre el proceder de líderes que se unen al juego de poderes que ellos tanto han criticado en las mismas voces del chisme y el resentimiento.

Karla Malavé, de pie, interpreta a la periodista atea compañera sentimental de Moisés Parrilla. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El motivo para el juicio de canguro de Moisés Parrilla en la oficina de la senadora, es tan ridículo como las primeras planas de Maripili en revistas faranduleras y tabloides. Moisés es acusado de provocar a su ex esposa, quien trabaja en el senado por una recomendación suya, porque tuvo una manifestación de amor con su compañera Yolanda Flores Santos, frente a las oficinas donde trabaja la ex. La supuesta provocación es tratada casi como un delito. El asunto adquiere la corona del absurdo, cuando le informan que hay un vídeo que comprueba la acusación. Adorna con una cherry esta piña colada el que, Moisés Parrilla, marginado además por el sector protestante al cual representa, es llamado a comparecer en la oficina al segundo día de salir de un hospital siquiátrico. Con todo, Anamín Santiago no es derrotista ni pesimista. Moisés Parrilla tiene su victoria en su decisión. Determina defenderse a la vez que continúa luchando por lo que cree, sin ceder, y, contra la expectativa de la senadora, se queda en la oficina.

En cuanto a la forma, el drama está muy bien construido. Algunas escenas todavía nos hacen compañía. Entre esas, la primera, donde se presenta al protagonista con todo lo que es. La escena entre el colega religioso de Parrilla, Gutiérrez, y Yolanda, en el segundo acto, mientras el protagonista está en el hospital es de un realismo extraordinario. Los personajes, diferentes entre ellos como polos opuestos, cruzan las barreras de lo cómico y lo dramático, sin dejar de motivar simpatía empática fuera de las paredes de representación. También en el segundo acto, los comentarios representados sobre el comportamiento de los pacientes en el hospital siquiátrico son un gran acierto con tesis. La escena del juicio de canguro en la oficina de la senadora en el tercer acto no tiene errores. Las peleas de Parrilla con Dios como baloncelista, son novedosas y trascendentales. Podríamos decir, tal vez, que “Moisés Parrilla” es la obra más acertada de nuestra dramaturga, si no tuviéramos tan presente “El día nacional de la viudez”.

Estudiantes del Conservatorio de Arte Dramático del Ateneo Puertorriqueño (CADAP) forman parte del elenco que dirige el maestro Edgar Quiles. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La dirección de Edgar Quiles Ferrer, combinó los estudiantes del Conservatorio de Arte Dramático del Ateneo Puertorriqueño (CADAP) con el profesionalismo experimentado de Jerry Segarra. Al considerar lo anterior, diremos que su propuesta fue estética y efectiva. Destacamos la disposición de las áreas escénicas, el tráfico (a veces coreográfico) y los detalles en su trabajo con el realismo en las actuaciones. En este sentido, destacamos además, el trabajo de asistencia actoral de la propia dramaturga. De Quiles, también, aplaudimos la solución de un cambio de escenografía propio de una pesadilla en retrospección, a un parque común de vecindario, fue brillante. Uno de los mejores trabajos de dirección que le conocemos a Quiles Ferrer.
La estrella del montaje es, por supuesto, el intérprete de Moisés Parrilla. El personaje es un reto en el más amplio sentido de la palabra, un banquete para cualquier actor que no le tema al sudor. La actuación de Segarra fue dramáticamente sincera, con una fuerza conmovedora, y muy delicada a la vez. ¡Muy bien!

Karla Malavé, con su voz articulada y movimientos certeros, fue muy efectiva como la periodista atea compañera sentimental de Moisés Parrilla, Yolanda Flores Santos. Pudo, tal vez, profundizar más en algunos momentos, algo que, el tiempo y la experiencia, sin duda, desarrollarán en ella. Jesús Sánchez Ramírez dominó sus simpáticas intervenciones como el baloncelista (Dios). Javier Rivera Pastrana como Menecio Garcés, demostró, con su voz y presencia imponentes, que no existen los pequeños papeles. La senadora fue encarnada con acierto por Caroline Vanessa Alicea.

Mencionaremos al resto de los actores, quienes lucieron con dignidad a la altura del montaje: Daniel Del Valle, Rolando Rolo Reyes, Jesús Antonio Sánchez, Francheska Lebrón, Juan Gabriel García Dueño, Samuel Otero Ramírez, María Román y, Wence Burgos (Vikingo).

“Moisés Parilla”, una producción del Ateneo Puertorriqueño y Courage Weigel, Inc., cuenta como asistente de director a María Román, y como regidor Edgar Quiles. El diseño de escenografía es de Wanda Nieves, quien también trabajó en la realización junto con Vanessa Alicea, Edgar Quiles, María Román, Ariel Quiñones, Willie Pérez. Los elementos escenográficos son de Angel M. Agosto y Anamín Santiago. La utilería y ambientación es de Natalia Navarro, Myrlenis Flores Rosa, Jerry Segarra y Anamín Santiago. La vestuarista es la Lic. Cybele Delgado. Las luces y sonido son de Jan André Irizarry, quien cuenta con Hugo Sebastián. Las fotos son de Alexis Rivera.

“Moisés Parrilla”, el misionero ha vuelto, continúa en cartelera hoy viernes 10 y mañana sábado 11 de agosto a las 8:30pm y el domingo 12 de agosto a las 4:30pm. La recomendamos.

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