Aquel muchacho de la calle Sol…

Por Rafael Vega Curry
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La vida de los músicos, como la de todas las personas, se nutre de las experiencias vividas, de los recuerdos, los sueños, los deseos de realizarse como persona. El caso de Humberto Ramírez, quien acaba de estrenar “Mr. Trumpet Man”, su disco número 28, no es distinto. De diversas maneras, directas o indirectas, todo lo vivido está ahí en esa grabación, una de las mejores de su carrera.

Recibió las primeras lecciones de fliscorno de su padre. (Foto suministrada)

Para Ramírez –trompetista, director de orquesta, compositor, arreglista, productor y educador- esos sueños comienzan en el Viejo San Juan, en el número 270 de la Calle Sol, donde estaba la casa de sus padres. Más específicamente, en el estudio de la casa, donde su padre, Humberto Ramírez Sr., guardaba todos sus instrumentos musicales y su colección de discos, que forraba una pared entera. Ahí estaban los saxofones, las congas, el escritorio de trabajo, el tocadiscos… Una imponente vista a la bahía sanjuanera completaba el encanto del lugar, de donde emanaban los sonidos que cautivaron la imaginación del joven Ramírez: desde Tito Puente y Machito hasta Charlie Parker, Count Basie y Cal Tjader. Su amistad con otro sanjuanero que se haría famoso, el percusionista Giovanni Hidalgo, quien vivía muy cerca, en la calle San Sebastián, cimentó su amor por la música.

“Un día mi padre me enseñó el fliscorno (“flugelhorn”) y me dijo, ‘este instrumento es como una trompeta. ¿Te interesa tocarlo?’ Como él nunca me había preguntado si yo quería tocar y esa era mi primera oportunidad, yo no quería dejarla pasar. Y le dije ‘está bien’. Yo tenía 11 años. Él me leyó la cartilla, diciéndome ‘si vas a tocar este instrumento, tienes que comprometerte a practicar’. Él fue mi primer maestro, me daba clases los sábados”.

“A mí siempre me atrajo el sonido de la orquesta grande”, cuenta el músico en entrevista con la Fundación Nacional para la Cultura Popular. “El contraste del sonido de las orquestas de Puente, Rodríguez y Machito con la de Duke Ellington, me atraía mucho. Le dije a papá que quería descubrir cómo se lograban esos sonidos y él me respondió, ‘eso se llama orquestación, o arreglo. Para eso hay que estudiar mucho’. Y a los 14 años, me puso en las manos un libro de Russell García, de Los Angeles, que se llama ‘The Professional Arranger’. Yo tengo ese libro todavía. Fue mi primer contacto con la orquestación. Eso es un tesoro para mí. A los 14 años hice mi primer arreglo”.

Para el joven músico estudiar con Inocencio “Chencho” Rivera, bajista, guitarrista y cuatrista que tocó con la Orquesta Panamericana y con Pérez Prado, fue sumamente importante. (Foto suministrada)

Igualmente decisiva para su carrera fue la oportunidad de estudiar con Inocencio “Chencho” Rivera, bajista, guitarrista y cuatrista que tocó con la Orquesta Panamericana y con Pérez Prado. Fue además el primer maestro puertorriqueño en Berklee College of Music.

“Él vino a Puerto Rico y ofreció unos cursos de arreglo en la sede de la Unión de Músicos, en la calle Canals en Santurce. Papá se enteró porque él estaba en la unión y me recomendó que fuera. Un montón de señores músicos estaban allí, Elías Lopés, el saxofonista Joe Díaz… ¡Yo era el nene! Todavía tengo las tres libretas que llené en ese curso, con 14 años. Las guardo como un tesoro. Ahí fue que yo empecé a entender. Empecé a escribir”.

Aunque hacia esa época empezó a tocar con varias agrupaciones –como la de su padre, que se llamaba Orquesta San Juan, y la Orquesta Maldades, en la que Eddie Santiago era el cantante- estaba mayormente enfocado en prepararse para ir a estudiar a Berklee College of Music. Recuerda con afecto el primer pago que recibió como músico profesional: un sobre con $35, de las manos de su propio padre, luego de tocar en una boda.

Cuando regresó de Berklee, su primera oportunidad fue con las orquestas de Mario Ortiz, Tommy Olivencia y Willie Rosario, quien lo contrató a fines de 1984. Hacia esa época también estudió un semestre de Maestría en Composición para Cine y Televisión en Dick Grove School of Music con Mundell Lowe, uno de los grandes maestros de la guitarra de jazz.

Junto a la orquesta de Willie Rosario, tocó de inmediato dos bailes tras ser reclutado por él, en el Club Yaucano y en las fiestas patronales de Yabucoa. De esas fechas, recuerda con cariño una anécdota junto a Gilberto Santa Rosa.
“Yo no tenía carro y Gilberto, que cantaba entonces con la orquesta, me fue a buscar desde Cupey, donde él vivía. Íbamos tarde, aún no existía el expreso y nos coge este tapón a las nueve menos cuarto. Ya estábamos llegando pero había que buscar estacionamiento. Él me dijo que me bajara, diciéndome ‘bájate, que yo conozco a mi hombre. Llega tú temprano, yo llego tarde’. Me bajé y empezamos a tocar. Estuve cuatro años con Willie, después siete con Tony Vega. La mayor parte de los éxitos de Tony Vega son arreglos míos, como ‘Aparentemente’, ‘Esa mujer’ y ‘Uno mismo’, entre otros”.

El trompestista acaba de editar su grabación número 28. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

De hecho, hacia esos años se convirtió en un arreglista muy exitoso, luego de que Willie Rosario le diera su primera oportunidad de hacer un arreglo, para la canción ‘Son tus cosas’, de Charlie Donato. “Empezaron a llamarme orquestas para hacerles arreglos y empecé a arreglar para un montón de gente. Para el siguiente disco -yo tenía 22 años, era a finales de 1985- Willie me pidió que lo produjera, porque había visto que era una persona correcta y responsable. Ahí produje el disco ‘Nueva cosecha’, con el que tuve mi primera nominación al Grammy como productor. Todos los días le doy gracias a Willie por haber sido mi mentor, no solo en la música”.

Pero otro género musical bullía en su mente. “Siempre quise tocar jazz. Al principio se me hizo difícil porque la gente me conocía en la salsa. En el 1990 me dije, ‘yo voy a empezar a grabar mi disco’. Fui a todas las compañías, a Sony, a EMI, a WEA y todas me decían lo mismo. ‘Búscate dos cantantes y hacemos un disco de salsa’. Pero yo lo que quería era hacer jazz. Así que decidí hacer mi propio disco”.

Era una época favorable para hacerlo, porque “la industria aún estaba en el tope. Se vendían muchos discos y se hacían muchas presentaciones. Yo tenía mis ahorros y grabé yo mismo mi disco. Me dije, ‘si no sale nada de aquí, olvídate, me invento otra cosa’. Fui a Los Angeles, donde grabé con Dave Valentín, Justo Almario y Alex Acuña. Aquí grabé con Giovanni Hidalgo y David Sánchez, en un tema cada uno, así como con Papo Lucca. El disco se llama ‘Jazz Project’ precisamente porque yo necesitaba que la gente entendiera que no era un disco de salsa. Mi nombre estaba demasiado ligado a la salsa”.

Luis Álvarez lo invitó a tocar en el primer año en que produjo el Jazzfest, en 1991, que originalmente se presentaba de manera gratuita en la Plaza Dársenas en el Viejo San Juan. “Las cosas pasan cuando tienen que pasar. Yo toqué esa noche, con Osvaldo López en guitarra, Chegüito Encarnación en saxofón, Luis Marín en el piano, Freddy Camacho en las congas… Toqué la música de lo que iba a ser mi primer disco, que no había salido todavía. Tenía grabadas cinco canciones del disco. La aceptación de la gente fue increíble”.

“En ese tiempo tenía mucha relación con Ralph Mercado, porque Tony Vega era su artista, además, yo hacía arreglos para producciones de RMM, su compañía. Ralph Mercado ya tenía la idea de crear un sello disquero que se iba a llamar Tropijazz. Esa noche, por las cosas de la vida, Ralph estaba en Plaza Dársenas, junto a Nelson Rodríguez, que tiene un programa de radio en Los Angeles. Cuando acabamos, nos dieron esa ovación de pie y bajo de la tarima. A los primeros que veo es a Ralph Mercado y a Nelson Rodríguez. Me dan un abrazo y Mercado me dice que va a comenzar su sello disquero conmigo. Así me convertí en el primer artista de Tropijazz”.

Su primera producción fue editada en 1992 bajo el sello RMM. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El disco salió en abril de 1992 y sonó en todas las emisoras de jazz de Los Angeles, Nueva York y Chicago, gracias a las gestiones de un promotor independiente que contrató el sello. En total hizo seis discos para Tropijazz, incluyendo una compilación (“Best of”). Lo acompañaron luminarias como Tito Puente, Eddie Gómez, Edsel Gómez, Dave Valentín y Russell Ferrante, entre otros. Posteriormente, para su álbum “Miles latino”, en homenaje a Miles Davis, contrató a una banda estelar que incluyó a Michael Brecker en saxofón y Eduardo Simón en piano, entre otros. Luego ha creado muchas otras grabaciones, producidas por él mismo.

Con todas esas experiencias como bagaje, su disco nuevo, “Mr. Trumpet Man”, representa “una oportunidad de presentar nuevos sonidos. No estoy inventando nada nuevo, simplemente nuevas combinaciones y fusiones. También me da la oportunidad de presentar el trabajo de una compositora a la que admiro muchísimo y la recuerdo con mucho amor y respeto. Tuve el honor de conocerla y de ser su amigo en los últimos años de su vida: Puchi Balseiro, una de las filinistas más reconocidas”.

Ramírez recuerda que en 1998 tocó la música de su disco “Treasures” en el Centro de Bellas Artes en Guaynabo. Al terminar el concierto, Balseiro se presentó en su camerino. “Ella fue a verme allí y a darme las gracias porque yo le había grabado en ese disco su composición ‘En la soledad’. Me dio su canción ‘Touch of Feeling’, que luego yo tocaría en la misa de duelo cuando ella falleció y también forma parte del nuevo disco”.

El nuevo álbum incluye otra de las piezas de Balseiro, “Tú y mi canción”, en arreglo de big band, “como me lo sugirió mi padre”. La versión incluye una hermosa coral al principio y al final de la interpretación y además cuenta con la presencia del gran trombonista costarricense Luis Bonilla ejecutando la melodía y el solo.

Como si fuera poco, el disco cuenta con la presencia de Danny Rivera interpretando “Cualquier cosa” –tema de Bobby Capó que Cheo Feliciano inmortalizó en su álbum “Estampas”-; una versión rearmonizada del clásico salsero “Marejada feliz”, de Tite Curet Alonso y popularizada por Roberto Roena; y la dulce y cadenciosa “When The Heart Speaks”. El jazz latino más puro no podía faltar, obviamente, y está representado en “El Yeyo”.

Se trata, de hecho, de uno de los discos más variados del músico sanjuanero. Toda una colección de vivencias, cadencias, estilos y melodías que aprendió a querer, cuando aún era muy joven, en aquel apartamento de la Calle Sol del Viejo San Juan.

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