La trayectoria estelar de Gonchi Sifre

Por Rafael Vega Curry
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Entrevistar a Gonzalo “Gonchi” Sifre es una experiencia sin igual. Es situarse frente a un narrador de historias aparentemente inagotables. Es conocer a un verdadero protagonista de una parte de nuestra historia musical. Es entablar un ameno diálogo con una de las personas que, fuera de toda duda, más sabe de jazz en Puerto Rico, así como uno de nuestros más experimentados bateristas. El conocedor, el buen amigo, el colega admirado, el músico activo que sabe bien lo que quiere, todo ello se conjuga en él.

Gonzchi Sifre en sus años de juventud. (Foto suministrada)

Toda su vida ha estado vertebrada por la música, desde su nacimiento y años de crianza en el Condado. Las experiencias que han enriquecido su vida, las que vivió en carne propia y a las que, por lo tanto, puede referirse en primera persona, son capítulos importantes de nuestra historia musical: el festival Marisol, que fue una especie de respuesta al mítico festival de Woodstock; la banda Raíces, pionera en la fusión de jazz y rock; la grabación vanguardista “La máquina del tiempo”, de Rafael Cortijo, un disco único en la discografía puertorriqueña; y todo ello sin olvidar la vibrante escena musical de los años 60 y 70 en San Juan, de la que también fue partícipe. Fue además integrante-fundador de dos legendarias bandas locales, We Know You y Abram Shoo, a la que algunos consideran la mejor banda de rock que ha dado el País.

“Yo he seguido mi camino, lo que yo siento y creo”, afirma Sifre en una entrevista reciente con la Fundación Nacional para la Cultura Popular. “La actitud mía siempre es ‘cómo puedo hacer esto lo mejor que puedo’… La cosa es conmigo mismo, estar satisfecho conmigo mismo. Ser lo mejor que puedo ser, ese es mi credo”.

“No tengo nada en contra de la tecnología en la música, pero lo que a mí me interesa es compartir con otros seres humanos”.

Fiel a ese precepto, Sifre mantiene dos bandas, el Jazz & Bossa Trio (con Elías Santos-Celpa en bajo y Elvis Terán en piano) y un cuarteto con Norberto “Tiko” Ortiz en saxofón, Ángel David Mattos en piano y Santos-Celpa o Bryan Pérez en el bajo. Describe este último como “un grupo estilo Nueva York, con un repertorio de jazz clásico de los años 50 y 60, así como algunos temas originales”.

No obstante, recalca que le gusta interpretar todo tipo de estilo musical, sin limitarse al jazz. De hecho, actualmente toca con el cantautor, Franchico Benítez, “y lo estoy disfrutando mucho. Es como volver a mis tiempos de tocar en los estudios o con Glenn Monroig. También es como llegar a la esencia de una cosa en tres minutos. Ni una nota de más. Soy bien fanático de la economía, del concepto de que ‘less is more”.

Los primeros años-

Sus primeros acercamientos a la música ocurrieron de manera enteramente natural. Su padre era un amante empedernido de las big bands, la música clásica, el tango y el jazz- especialmente Louis Armstrong. De hecho, el primer instrumento que Sifre quiso tocar fue la trompeta.

Gonchi, a la derecha, junto a bajista puertorriqueño Eddie Gómez. (Foto suministrada)

También recuerda que se sentaba “embelesado” a escuchar la sinfonía “Scherezade”, de Rimsky-Korsakov en la victrola de la casa –“porque era una victrola”- mientras miraba la portada del disco. Los primeros bateristas a los que prestó atención fueron Nick Fatool y Don Lamond, quienes tocaban con la orquesta de Benny Goodman.

“Unas Navidades pedí una batería de regalo, por ahí empecé”, cuenta Sifre. “En la ‘junior high’ tocaba en lo que hoy llaman grupos de marquesina. Tocábamos bailecitos”.

Muy pronto pasó a integrar el grupo We Know You, una banda de “covers”. “Fue bien popular dentro de su nicho y nos divertimos mucho, que es lo más importante. Tocábamos rock, pero una parte de mi cerebro estaba en el jazz desde el saque”.

Luego surgió la recordada banda Abram Shoo. “Ahí empecé a tocar cosas más jazzeadas y con más improvisación, al estilo de Blood, Sweat and Tears. Fue bien, bien popular. Yo tenía como 18 años y era una época en la que se tocaban bailes con cuatro y cinco bandas. Había una escena increíble en los hoteles”.

“Con esa banda tocábamos mucho en Saint Thomas, cinco y seis sets por noche, de 10 de la noche a las 5 de la mañana. Era bueno, porque uno practicaba un montón”, dice Sifre. “Un miembro de la banda conocía a Félix Luis Alegría, hermano de don Ricardo Alegría, quien nos consiguió un guiso en el lobby del hotel San Gerónimo Hilton (hoy Condado Plaza). En ese tiempo todos los hoteles tenían músicos en la piscina, en el lobby, en el ‘supper club’, hasta en siete sitios diferentes a la vez”.

“Nos consiguieron un guiso pero había que usar uniforme, lo que para nosotros era ‘yuck’, hippies al fin que éramos”, rememora entre risas. “Pero lo hicimos, era una buena oportunidad. Un lunes por la noche, vino un grupo de ingleses al club Zanzíbar del hotel Sheraton, donde yo estaba tocando. Al terminar la noche, nos dijeron que el baterista y el bajista de ellos se iban”. Terminaron reclutando a Sifre, al bajista Jorge Casas, “que después tocó con Miami Sound Machine” y a Alberto Carrión, “que era como el ‘utility infielder’, pues tocaba de todo, piano, guitarra, flauta y hacía armonías vocales”.

“Yo no lo pensé dos veces. Mi intención era irme de Puerto Rico, quería ver mundo”.

De los tailandeses a Marisol –

La banda que los había contratado se llamaba The New Zealand Trading Company y dos de sus integrantes, de hecho, eran aborígenes tailandeses, “tremendos músicos”, en las palabras de Sifre. Con ella recorrieron alrededor de 39 estados de los Estados Unidos, siempre en automóvil y en un circuito que incluía los Playboy Clubs.

Con The New Zealand Trading Company viajó a 39 estados de los Estados Unidos. (Foto suministrada)

“Una anécdota jazzística fue cuando tocamos en un club en Lake Great Gorge, New Jersey”, relata el músico. “La banda que alternaba con nosotros incluía a Chick Corea, Joe Farrell y a Robert Popwell, que luego fue bajista de los Crusaders. Ya yo estaba envuelto en el jazz y en los ‘breaks’ me quedaba, casi todos nos quedábamos, para ver a estos tipos”.

“Nosotros teníamos que tocar dos o tres sets por noche, y además ‘dinner sets’, que era que mientras la gente cenaba tú tocabas ‘standards’, bossa nova, ‘light latin jazz’, y ahí empecé a tocar jazz todas las noches”.

Estuvo con ese grupo poco más de dos años, al cabo de los cuales volvió a la Isla, solo para volver a “reenlistar” con The New Zealand Trading Company por un par de años más. “Después vine a Puerto Rico, ya con una base más permanente. Fue una experiencia increíble a muchos niveles. Yo tocaba seis noches a la semana, cinco sets por noche. Gran parte de mi juventud la pasé tocando de noche”.

En ese tiempo, comenzó a tocar en Danny´s Living Room, un “after hours” en un sótano en el Hotel La Rada, en el Condado, a donde muchos músicos acudían “a soltarse” luego de cumplir sus compromisos profesionales. Allí conoció a la pianista Gladys Johnson, quien, según descubrió después, sirvió de inspiración para el cuadro “La Botella”, de Rafael Tufiño.

Los músicos que tocaban en Danny´s Living Room llegaron a convertirse en “la banda de la casa”, la que acompañaba a los cantantes o músicos que llegaran, y pronto obtuvieron una gran oportunidad: tocar en el Marisol Pop Festival, un evento único en la historia musical puertorriqueña. Por la tarima del festival pasaron músicos y agrupaciones que hoy son legendarias, tales como B.B. King, la Mahavishnu Orchestra, el cuarteto de Dave Brubeck con Gerry Mulligan y Emerson, Lake & Palmer.

“La idea de ese festival era hacer un LP doble y una película, pero la película nunca salió”, explica Sifre. “La gente tumbó todas las vallas y entró gratis. La playa (Los Tubos, en Manatí) era peligrosa y varias personas se ahogaron. Pusieron a todos los grupos de Puerto Rico primero, incluyendo a Frank Ferrer y Puerto Rico 2010, la Banda del Carajo y nosotros, que nos llamábamos Rubber Band. Éramos un grupo de jazz en el sentido setentoso, ‘fusiony’, que tocábamos música con swing y ‘gutbucket blues’”.

Víctima de una insolación, pues la Rubber Band había tocado cerca del mediodía, Sifre se marchó a su casa y se perdió una buena parte del festival.

Raíces –

Su próxima etapa profesional comenzó en el Hunka Munka, una popular discoteca localizada en el Hotel San Juan. Allí, mientras acompañaba a un grupo al estilo de los Temptations, conoció a Amaury López, que terminó siendo el pianista de Raíces, una banda que sentaría pautas en el desarrollo del jazz-fusión en Puerto Rico.

Con el grupo Raíces grabó un clásico para el sello norteamericano Nemperor Records. (archivo Fundación Nacionl para la Cultura Popular)

“Me dio por hacer una banda, no por asuntos de ego”, cuenta Sifre. “Estaba oyendo todos estos discos (del sello) CTI, como ‘Penny Arcade’ de Joe Farrell, y quería hacer una banda que tocara ese tipo de música”. “Light as a Feather”, de Chick Corea, y “The Other Road”, de Ray Barretto, fueron otras influencias importantes.

“La cosa empezó de manera bien espontánea. Ensayábamos en casa del pianista y tocábamos ‘jam sessions’ al estilo de ‘Bitches Brew’ (la histórica grabación de Miles Davis), un fluir de conciencia. Poco a poco la banda fue cogiendo su propia forma. Tocamos en todos los clubes del Condado y de todos nos botaron, porque cada canción duraba un set. Éramos bien jóvenes e idealistas. De hecho, ahí conocí a Andy Newmark, de Sly and the Family Stone, uno de los grandes bateristas de los 70. Stevie Wonder vino una noche que tocábamos en el club Caesar’s Palace, en la avenida Ashford, y tocó la batería. La escena era increíble. Todos los sitios tenían bandas en vivo”.

“Raíces empezó como una ‘jam band’, para usar una expresión de hoy en día, y se fue soltando”, dice Sifre. La integraban el saxofonista y flautista Juan Meléndez; Amaury López, tecladista que décadas después sería el director musical de KC and The Sunshine Band; el guitarrista Kiko Meléndez; Roberto Puras en bajo eléctrico; el percusionista Rafy Cruz; el conguero Sammy Figueroa; y Sifre en batería y, ocasionalmente, la armónica. “Cuando la banda definió bien su identidad se hizo bien popular. Tocábamos en The Saloon, en la calle Cristo del Viejo San Juan, frente a Botello. De alguna manera terminamos tocando con Alberto Carrión, nos convertimos en su ‘backup band”.

En 1974 Alberto Carrión y Raíces editaron el primer disco puertorriqueño grabado en cuadrafónico. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El único disco que grabó Raíces fue distribuido por Nemperor Records, una división del gigante Atlantic Records, empresa a la que pudieron contactar a través de un amigo. Quien los firmó fue nada menos que Nat Weiss, el abogado que preparó el contrato de los Beatles cuando éstos llegaron a tocar por primera vez en los Estados Unidos, en el show de Ed Sullivan. Amigo personal de Miles Davis, con una simple llamada telefónica a la estrella del jazz –en presencia de Sifre- logró incluir a Raíces en la siguiente edición del Schaefer Music Festival, del cual Davis sería una de las atracciones principales. El baterista no olvida las lujosas oficinas de Weiss en Nueva York, estilo rococó, en cuyo vestíbulo vio una vez al legendario baterista Tony Williams esperando humildemente por un cheque, como cualquier otro músico.

“Nos llevaron a grabar en Criteria Recording en Miami, que en ese entonces era uno de los mejores estudios. Bruce Botnick, quien hizo los discos de The Doors, The Beach Boys, Paul Butterfield Blues Band y Tony Williams Lifetime, fue el productor-ingeniero. El otro ingeniero fue Carl Richardson, quien había grabado a Eric Clapton y el exitoso ‘Saturday Night Fever’ de los Bee Gees. El disco fue bien recibido”.

El músico recuerda con emoción la presentación de Raíces en el Schaefer Music Festival, donde les correspondió la seria responsabilidad de tocar después de Miles Davis, no antes. Cada una de las bandas, rememora, tenía su “trailer”, donde los músicos aguardaban su turno para presentarse, pero Miles tenía un “trailer” solo para él. Decenas de músicos se agolpaban enfrente, instrumento en mano, buscando tal vez la oportunidad de que el genio del jazz les diera unos minutos de su atención.

Cuando Miles salió, haciendo gestos de boxeador y ataviado en ese estilo, se dirigió corriendo hacia la escalerilla de metal por la que se subía a la tarima. Al igual que los demás músicos de Raíces, Sifre se había situado al lado de la escalerilla, para verlo de cerca, y recuerda que, durante unos segundos, Miles le puso el puño en la cara, como invitándolo a boxear.

“La música fue aburrida. Él estaba experimentando en esa época” y, como es natural, en ciertas ocasiones el experimento no resultaba totalmente exitoso. Cuando le correspondió el turno a Raíces, “hubo par de latas de cerveza que volaron al escenario, pero después les gustó”. El concierto fue un éxito y tanto John S. Wilson, de The New York Times, como el crítico de la revista Down Beat los reseñaron favorablemente.

La banda permaneció durante algunos meses en Nueva York, tocando en clubes como The Top of the Gate, donde alternaron con Jean Luc Ponty, Return to Forever y Mongo Santamaría –todos en la misma noche. Pudo conocer a Santamaría, “quien lucía como un babalao, ataviado con su dashiki y bling-bling, mucho antes de que existiera el bling-bling”.

De Raíces a Barretto y más –

Según narra el músico, los integrantes de Raíces “éramos muy pueblerinos para manejar las presiones” de la vida en la Gran Manzana y la banda terminó rompiéndose. Pero su próxima gran oportunidad no tardaría en llegar.

El baterista tocó con Ray Barretto en los años del reinado de Fania. (Foto suministrada)

Ensayando en el estudio Coquí Rehearsal, supo a través de su propietario, quien era puertorriqueño, que Ray Barretto estaba buscando un baterista. Al concluir la audición, Barretto me dijo, ‘aquel otro y tú pueden hacer el trabajo. But I´m gonna take you because you´re a brother, porque era puertorriqueño. Eso fue lo que hizo la diferencia. Y terminé tocando con Ray Barretto durante varios meses. El primer guiso fue en 1975, en el Cheetah (el mítico club donde las Estrellas de Fania habían grabado en vivo). Teníamos una timbalera cubana, Mayra Casals, que tocaba un montón”.

Sin embargo, extrañaba la Isla y regresó poco tiempo después. Se conectó entonces con la escena local de los “jingles” comerciales, a través de Amaury López. Una cosa condujo a la otra y, antes de darse cuenta, se había convertido en músico de estudio, grabando en álbumes de Glenn Monroig, Danny Rivera, Lunna, José Nogueras y otros artistas.

Hacia esa época participó además en la histórica grabación “La máquina del tiempo”, de Cortijo, un álbum que aún hoy se admira por su carácter vanguardista y que ha servido de inspiración para jazzistas locales. “Es un disco fuera de categoría”, subraya Sifre. “Hay bomba y plena, improvisación de jazz… No existe un disco igual”. Llegó a la grabación invitado por el bajista Wiso Vélez y el guitarrista Edgardo Miranda.

Posteriormente, vivió dos años en Los Angeles, durante los cuales tocó con la banda de Justo Almario en The Baked Potato y otros clubes famosos de la zona a los que acudían regularmente luminarias del jazz como Freddie Hubbard. Sin embargo, “me sentía estancado. “(Marcharse) fue una decisión bien difícil, ya que tocaba todos los días, dos o tres veces”.

De regreso en Puerto Rico, Rucco Gandía lo conectó con la banda de Roy Brown, con la que permaneció alrededor de ocho años e hizo grabaciones como “Fuga”, “Distancias” y “Colección”. Particularmente, grabar “Distancias” en vivo, en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico, “donde hay una vibra especial”, fue una experiencia gratificante.
Comenzó entonces a tocar con el pianista Carli Muñoz en su club del Viejo San Juan, donde permanecería unos siete años. Grabaron dos discos en vivo allí mismo. También recuerda con afecto Tropicalia, el grupo de repertorio brasileño que tenía junto con Giselle Solís, John Benítez, Ismael Rodríguez y Kiko Meléndez.

Sifre participó en la histórica grabación de Cortijo y su Máquina del Tiempo, (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“No sé qué hubiera pasado si me hubiese quedado en Nueva York”, comenta Sifre, al mencionar el álbum que grabó junto con el guitarrista de blues Roy Buchanan, en el que el organista Jan Hammer intervino también como baterista. El productor fue el afamado Arif Mardin, “quien era todo un caballero”.

No obstante, reconoce la fuerza de la escena musical local, pese al golpe sufrido tras el azote del huracán María. “En Puerto Rico, la cantidad de músicos buenos que hay, tanto de esta generación como de generaciones anteriores, es grandísima. Esta es una isla bien musical. Estos jóvenes que estudian en la Inter, en el Conservatorio, son bien buenos músicos ya a los veintipico de años. En ese sentido, la música está bien saludable”.

Con un pie en el momento actual y otro en su rico y variado resumé, Sifre no deja de atesorar todas sus experiencias.

Como por ejemplo, llegar a grabar con The New Zealand Trading Company, en el estudio de Stax Records, en Memphis, donde también grabó Otis Redding. “Cuando entré por la puerta de ese estudio, siendo un fanático de esa música, y habiéndome criado escuchando a Redding, a Sam Cooke, a toda esa gente, pensaba, ‘no puedo creer que esté aquí’. Es difícil explicar lo que se siente”.

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