Exuberante el ‘Caribe’ de Edgar Abraham

Por Rafael Vega Curry
Fundación Nacional para la Cultura Popular

Quien haya visto y escuchado a Edgar Abraham en vivo sabe que está ante una personalidad dinámica, exuberante, que sabe hacer suyo el escenario con sus movimientos y con la pasión que le inyecta a su música. Sus grabaciones son, en mayor o menor grado, un reflejo de esa personalidad.

La producción es la vigésima de la discografía de Edgar Abraham. (Foto captura)

“Caribe”, su disco número 20, no es la excepción. Tal vez como reflejo de esa exuberancia, de esa personalidad que se vuelca por completo en todos los aspectos de la música, Abraham no solo tocó aquí el saxofón, sino también todos los demás instrumentos (en varios cortes), compuso los temas, produjo el álbum (con Lillian Rivas como co-productora) y se encargó de la mezcla de sonido. Una entrega total, a la que en este caso se añadió un elemento nuevo en su discografía: el canto, para lo cual Abraham también posee una atractiva voz.

Según ha dicho el músico en entrevistas, éste es un álbum de reafirmación nacional, abarcando además elementos musicales que sustentan la amplitud de su título. “Es un tributo a la diversidad y a las cualidades que nos unen… un pronunciamiento de unidad, una reafirmación de nuestra cultura puertorriqueña y de nuestra identidad como caribeños”, dice en las breves notas explicativas.

La música en sí valida ese pronunciamiento. “Caribe” no es estrictamente un disco de jazz; en todo caso, es un jazz que se abre e incorpora elementos más propios de esta zona del mundo, como los ritmos (rumba, cha-cha-chá, guaracha, guaguancó, palo dominicano) y, simple y sencillamente, la sabrosura que nos caracteriza. Contribuyen a esto notablemente las vocalizaciones ya mencionadas del propio Abraham, las de Willito Otero (en un corte) y los coros, a cargo de Tanisha López, Norberto Robles y Emanuel Rivera, así como el elemento percusivo.

El primer tema, “La marea”, sitúa de inmediato al oyente en este nuevo panorama de “jazz con rumba” que propone Abraham, quien la canta, seguido del cha-cha-chá “Daddy´s Trumpet”, en el que intervienen Jimmy Rivera en batería, Alfredo Rodríguez en congas, Fernando Mattina en guitarra eléctrica y el propio padre del artista, Edgar Marrero Cotté, en trompeta. Sobresale aquí el solo de saxo apasionado y en “double-time” del líder.

Esa pasión y facilidad técnica en el saxofón vuelve a destacarse en “Dame un beso deso”, que también es el marco para las vocalizaciones de Willito Otero, uno de los cantantes cotizados del momento. “La Wawa” y “Guaguancó” son ricas interpretaciones, más del lado caribeño y bailable que del jazz, mientras que los batás –los ancestrales tambores sagrados de la religión Yoruba- le dan una dimensión entre rítmica y mística a “Olokun”.

El álbum concluye, nuevamente, en una onda de exuberante expansión musical, con la salsa-jazz de “La nena del barrio mío”, cantada nuevamente por Abraham, y el palo dominicano “Para ti”, intensamente rítmico, con Darío del Rosario en congas y tambora, acompañado por su hijo Darío del Rosario Jr. en la güira.

“Caribe” es una propuesta musical que cumple varios propósitos. No solo es un álbum de reafirmación nacional/caribeña, sino que también abre nuevos caminos en la carrera discográfica de Edgar Abraham. De paso, contribuye a borrar las fronteras entre lo que es o no es jazz, apostando decididamente a la fuerza vital y creadora que distingue la región que habitamos.

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