Omar Velázquez evoca a sus maestros

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Es su maestro y un gran amigo, que es parte de su Familia.

Es la persona que le brindó la oportunidad de desarrollarse como concertista, con solo 16 años y como debutante en la interpretación del “Concierto para violín en mi menor, Op. 64” de Mendelssohn.

Velázquez siente un profundo agradecimiento por cada uno de sus maestros en la música. (Foto suministrada)

Así se expresa el concertino de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, Omar Velázquez sobre su mentor, el distinguido maestro Roselín Pabón. Ambos coincidirán hoy sábado, 7 de abril, en la Sala Pablo Casals del Centro de Bellas Artes en el concierto de la Serie de Abonos XI, cuyo programa incluye la participación de Omar como solista en la “Sinfonía Española” de Edouard Lalo.

“Mi maestro Pepito Figueroa fue donde él y le dijo: ‘mira, tengo a este muchacho que está tocando muy bien…’ Y de ahí salió la oportunidad y después de eso hemos hecho 10 ú 11 presentaciones solista-director a través de los años. Mi carrera como solista, casi casi, se la debo a él. Es como una deuda existencial por todas las oportunidades que me han ayudado a crecer tanto. Hemos disfrutado muchísimos conciertos y Dios quiera que sean muchos más también”.

Contrario a lo que se pudiera pensar, de la “Sinfonía Española” de Edouard Lalo Omar señala que es una obra que, aunque conoce desde su juventud, nunca ha interpretado. “Curiosamente, no es una pieza que estudié en el Conservatorio. Aunque es una obra que sí había enseñado, nunca la había puesto en forma para tocarla. Lo que pasa es que en la forma en que se dio fue muy curiosa. Originalmente, se debían hacer las ‘Fantasías’ de Bernstein en violín.
Fue una idea del maestro Valdés para celebrar el año del centenario de Bernstein. Le dije que sí para complacerlo, pero practicándola me di cuenta de que no era para mí esa pieza. Le dije que no me estaba disfrutando el proceso. Eso fue en noviembre del año pasado. Y tanteando qué se podía hacer llegamos a esta pieza. No me la sabía, pero dije: ‘Vamos. Manos a la obra’. Ha sido una casualidad que termine tocando esta pieza, que es liviana en el sentido de que es llevadera para tocar y muy virtuosa para el violinista porque tiene pasajes de virtuosismo y velocidad por bonches”.

Fue inevitable, de otro lado, auscultar los sentimientos de Omar Velásquez hacia otras figuras que también impactaron su carrera: los concertinos Pepito Figueroa y Henry Hutchinson.

“Pepito es el Jedi, como en Star Wars. El maestro de maestros. Una persona con un conocimiento vasto y una sencillez y picardía… Hasta sus 90 años pude compartir con él. Su alegría de vivir y sencillez. Aprendí mucho de mi maestro, un gran virtuoso del violín. Una perfección y unas cualidades excepcionales. Son esas personas que se recuerdan todos los días, no importan los años que han pasado y que haya fallecido”.

De su experiencia como asistente de concertino del virtuoso Henry Hutchinson, Omar aclaró que no heredó su plaza [en reacción a la premisa de este periodista] sino que la ganó con estudio, sacrificio, preparación y ensayo.

El maestro Roselín Pabón (derecha) le brindó a Omar (izquierda) la oportunidad de desarrollarse como concertista. (Foto suministrada)

“Tuve que audicionar y competir por ella, como cualquier otra persona. Pero lo que heredé fue toda la experiencia que tuve con Henry, un gran violinista que sigue tocando muy bien. Se retiró más por hacer otras cosas. Está en plenas facultades. No me imaginé nunca que tendría la posibilidad de audicionar para la plaza. Pensaba: ‘cuando Henry se retire, yo también estaré tan cansado, que me retiro con él’. Pero la verdad es que de Henry aprendí muchísimo y en ese sentido heredé esa gran tradición de saber cómo trabajar con la sección y dar la bienvenida a los solistas”.
Omar recordó una entrevista que le hicieron cuando Henry se retiró y le preguntaron si extrañaba mucho a Henry. “Esa entrevista, de Mario Alegre, nunca salió. Le respondí que en el plano personal lo extrañaba, pero en el musical era como si estuviera conmigo por toda la experiencia. Fueron 28 años tocando juntos. Ya él y yo nos podíamos hasta leer la mente”.

En el relevo de la vida y el arte, ahora su asistente es Francisco Jiménez, violinista joven, muy virtuoso, según lo describe. “Toca muy bien; tenemos muy buen ‘rapport’, pero llegar a ese nivel de compenetración que se dio con Henry, eso toma mucho tiempo”.

A la pregunta de las experiencias que más atesora, Omar comentó con sinceridad que cada concierto es un reto por la novedad de la música y los procesos de ensayo.

“El concertino es el que, más o menos, dice los arqueos que van en su sección y en todas las cuerdas. Influencio em lo que hacen las violas, los chelos y los bajos. Esa dinámica es lo que me llena más del trabajo”.

Omar reveló, además, que alberga la esperanza de algún día grabar un disco como solista. “Eso ha sido un sueño que tengo. Nunca he hecho una grabación profesional, aunque he estado en estudios y he grabado unas cositas para mí, más bien. Pero no me he movido lo suficiente porque para esto se necesita dinero. No he buscado que me patrocinen ni los he ahorrado yo para poder hacerlo. Pero de verdad es una de las cosas que quisiera hacer, aunque sea de violín y piano porque con orquesta es muy costoso”.

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