El pop-folk sanador de Andrea

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La música es luz para la cantautora Andrea Cruz.

No la estudió formalmente, optando por la educación en artes con religiones comparadas. Aunque es una especialidad maravillosa, como no hay vocación Andrea arguye que no se siente feliz.

La joven cantautora cosechó aplausos en su reciente presentación en el festival de música indie “South By Southwest”, celebrado en Austin, Texas. (Foto suministrada)

La música, en cambio, la complementa y emancipa; la colma de alegría y calma, y la ubica en armonía con sí misma y su entorno.

Su primer disco, “Tejido de laurel”, cristaliza una quimera que, durante su carrera universitaria, parecía imposible. Así, ante la pregunta de qué motiva e inspira su música, Andrea comenta la necesidad de expresar lo que por mucho tiempo se reservó.

“Me vi en la necesidad de sacar la frustración de no haber estudiado realmente lo que quería, que era Música. Y ahora me doy cuenta de que también tiene que ver con la agricultura. Todo eso está presente en el proyecto”.

A la pregunta de si su carrera profesional le llena, aunque sea un poco, Andrea responde con un escueto “para nada”. Pero este periodista le recuerda que en su música palpita cierta espiritualidad, filosofía e introspección sobre la vida.

“Definitivo. Si hay algo que me dio la religión y los estudios de las religiones comparadas del mundo es que todo al final es casualidad. Es un mensaje que me llegó muy fuerte y en el disco se refleja. Siempre hay que creer en algo y en alguien”.

Líneas, muy poéticas, como “es la oscuridad/mi único aposento”, “en agua bendita/se convierte tu sudor”, “los caminos se convierten/en rosas” y “yo navego/mares de ilusión” revelan a una cantautora cuyos estudios universitarios inevitablemente ejercen una fuerte influencia en su música.

El próximo 2 de junio Andrea presentará su disco en concierto en el Teatro Francisco Arriví de Santurce. (Foto suministrada)

“Sí. Creo que el subconsciente trabaja. Pero también debo decir que fui retirista por cuatro a cinco años en la Iglesia Católica de San Lorenzo. Fui misionera también. Dentro de mí hay un lado de servicio. En mi subconsciente todo eso está grabadito al igual que lo que recibí en la Universidad. Lo que pasa es que siempre me gusta mirarlo todo desde el lado más holístico. La espiritualidad no debe separar. Es completamente unión porque es la búsqueda de la felicidad plena”.

Su “Tejido de laurel” es sanador, según lo describe. Su amigo Rafa Rivera, arreglista de la secuencia, fue fundamental en una fórmula refrescante, reveladora e innovadora.

“Canciones que todos podamos escuchar y compartir, cada cual desde su experiencia. El disco trata mucho de la sanación, un tejido de sanación que sea como una manta sanadora. La sanación es diaria porque cada día enfrentamos retos”.

Andrea, guitarrista y cantautora que escribe durante las mañanas, se reconoce como una artista pop-folk, aunque el rock está muy disimulado a través de la secuencia de “Tejido de laurel”, reconocido por la Fundación Nacional para la Cultura Popular entre las 20 producciones discográficas más sobresalientes de 2017.

Si me preguntan, la música de Andrea es tan compleja como las relaciones de amor y desamor. “Entiendo que para el mercado y este tipo de asunto es necesario clasificarme. Sé que no es salsa, merengue ni bossa nova. Pero yo amo el rock en inglés y en español. Así que está muy presente. Cuando digo folk, es pensando que representa el folclor de los países, que me resulta global. En el disco hay folk latinoamericano, europeo, canadiense, country y todo eso es folk”.

Interpretaciones para reflexionar son “La promesa”, “Contigo”, “Canción de amargura”, “Santas flores” y “Laurel”. “La promesa” dejará absortos y volará cabezas a algunos. Es un canto a la complementariedad desde las diferencias.

“Siento que el cielo es algo precioso porque es como nuestro techo y nos une, como símbolo universal. Y las estrellas porque nos iluminan a todos. Para mí, toda la naturaleza nos recuerda la unión y lo cerca que debemos estar porque al final todos somos iguales y compartimos lo mismo. Y ‘La promesa’ es una canción que confirma lo esencial”.

La obra discográfica “Tejido de laurel” fue disntinguida por la Fundación Nacional para la Cultura Popular como una de las 20 producciones más sobresalientes de 2017. (archivo F.N.C.P.)

Andrea, cuyo “Tejido de laurel” es una propuesta auténtica en una era de prisas y modas desechables, tiene ángel para quedarse. Recientemente fue vitoreada en el festival de música indie “South By Southwest”, celebrado el pasado 16 de marzo en Austin, Texas.

“Fue en un pub grande, un sitio de jangueo. Fue un reto. Me pregunté: ¿cómo vamos a presentar esto en un sitio tan alborotoso? Pero fue hermosa la experiencia. La gente no paró de escuchar. Y me sorprendieron personas que me pidieron ‘Dulce luz’. Había público de todos los países”.

Andrea anunció que el lanzamiento de su disco “Tejido de laurel” se celebrará el 2 de junio con un concierto en el Teatro Francisco Arriví en Santurce, cuyos boletos estarán a la venta desde hoy viernes, 6 de abril, en Ticket Center.

“Es un gran reto para mí como artista independiente porque en ocasiones no cuento con los medios masivos. Mónica Oyola es una joven empresaria de 17 años que está metiendo mano conmigo en todo porque ama el proyecto, porque me ama y es mi amiga. Ella apuesta a lo local e independiente. Producciones Luna Nueva se unió también a darnos la mano y la abogada Mariana Iriarte, que nos ayuda en todo lo legal”.

Grabado en Casa del Sombrero de Eduardo Cabra y en Pasillo Sonoro en Río Piedras, “Tejido de laurel”, como la especia de la cocina criolla, le impartirá sabor a sus emociones con el fraseo tierno y acariciante, como el algodón, de la cantautora Andrea.

“Al laurel le llaman la hoja subestimada porque es bien fuerte, de mucha sanación y medicinal. Le puse ‘Tejido de laurel’ al disco porque quiero que sea como una manta que uno se pueda poner metafóricamente, aparte de que valoro el arte de los tejidos milenarios, que se debe mantener. En Oriente se usa el laurel como un arbusto poderoso que simboliza victoria”.

Destino que ya se divisa en su sendero.

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