De excelencia ‘Luna de cristal’

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La obra contó con la protagonización de Eyra Agüero, Willie Denton y Omar Torres. (Foto Cristina Martínez)

Seremos directos. A pesar que nuestra diosa taína Atabey se casó con su hijo mayor, más guapo, inteligente y bueno que el otro, el incesto es un tema que pocos dramaturgos, quizás ninguno, habían tratado en Puerto Rico. No obstante, el incesto sucede con alarmante frecuencia en nuestra sociedad y no nos enteramos del pleno de los casos. Los que vemos en los medios se entrelazan con pedofilia y violación; y solemos confundir el incesto con esos delitos. En general, consideramos el incesto inmoral, aun cuando sucede entre adultos en su libre albedrío.

Conforme el diccionario de la Real Academia Española, se considera incesto la “relación carnal entre parientes dentro de los grados en que está prohibido el matrimonio”. Esa definición es ampliamente permisible. Cuando la historia asomaba sus indicios, el incesto no era considerado anormal ni era penalizado. En Irán se permitían matrimonios incestuosos. Esta conducta era también afín a las antiguas culturas egipcias, judía y griega. En la Polinesia, la práctica era permitida en la nobleza, pero prohibida para el pueblo. Y en Suecia, en la actualidad, por ejemplo, los hermanos que comparten un solo padre se pueden casar. Se ha dicho que el incesto se ha permitido en sociedades matriarcales en transición, a favor de la sociedad patriarcal y el machismo.

Sea como sea, en Puerto Rico -a pesar que intentó cambiarse la severa ley en 2017-, el Código Penal castiga el incesto con 50 años de prisión, delito que se define como unión sexual entre las personas que tengan una relación de parentesco, sea por consanguinidad, adopción o afinidad hasta el tercer grado, independientemente de si se trata de una pareja de adultos en común acuerdo. La mayor parte de la población considera el incesto como una acción lejos de sus posibilidades, aunque el asunto está más cerca de lo que podamos creer.

Willie Denton, en la carcaterización de Jesús Balmoral, presentó su personaje con convicción y sinceridad. (Foto Cristina Martínez)

A vuelo de pájaro y a pura memoria, recordamos el tema del incesto tratado como tragedia en “Edipo Rey”, de Sófocles. Más cerca, en la década de 1990, el tema se trató hermosamente por la laureada novelista británica A. S. Byatt. La novela fue adaptada para cine por el director estadounidense Philip Haas, bajo el título de “Angels And Insects”, película bellísima e inolvidable. A vuelo de pájaro y a pura memoria, igualmente, no recordamos que el incesto haya sido tratado como tema principal en obra de teatro puertorriqueño alguna, hasta ahora.

La dramaturga Adriana Pantoja había sugerido el incesto en trabajos anteriores, pero es la propuesta de “Luna de cristal” la que explora el tema en forma valiente, diferente y, digamos, también real. La denuncia de Pantoja es humana y compasiva. Pero la naturalidad en la cual suceden las cosas es su comentario más desgarrador sobre nuestra sociedad. El contenido se moldea aún más interesante a través de la forma, ya acuñada por Adriana como dramaturga y enfatizada como directora, de tal manera que la obra puede ser presentada ante un público menor de edad. Consideramos el texto como el acierto más grande de esta producción, cuyo estreno se dio el 16 de abril, a las diez de la mañana, en la Sala Carlos Marichal, bajo el Programa de Residencias Artísticas del Centro de Bellas Artes, de Santurce. Y, precisamente, su público en esa primera función fue uno de estudiantes de la escuela Facundo Bueso, de Santurce; y el Colegio San Gabriel para Sordos.

La historia comienza con el titular en un noticiario sobre una masacre en una discoteca gay. La mujer ancla menciona los nombres de las personas que murieron. Dolorosamente, se detiene en un nombre y, desde ahí, se revela una historia que no conoce los límites entre el pasado, presente y futuro, ni las fronteras entre vivos y muertos, típico del teatro de Pantoja desde hace ya unos años. Jesús Balmoral (Willie Denton) quedó viudo con dos hijos, Andrea (Eyra Agüero) y Andrés (Omar Torres). Su esposa murió al nacer Andrés, por lo que Jesús, fanático cristiano, lo culpa. Aumenta el desprecio del padre el hecho de que Andrés es homosexual.

Eyra Agüero y Omar Torres tomaron las riendas de sus emotivos personajes. (Foto Cristina Martínez)

La luna es de cristal porque es frágil.

Un día de esos tantos, siendo aún niños, cuando la familia se reunía a ver la luna -donde se supone esté la madre muerta-, la niña descubre las intenciones lascivas del padre hacia el niño Andrés. En esos momentos, decide sacrificarse para que su hermano no sea lastimado. La relación incestuosa entre Andrea y su padre dura hasta que la niña se convierte en mujer y en toda una conocida reportera de televisión. Y de la misma manera que Andrea protege a su hermano, compadece a su rígido padre, quien, no obstante sus salidas y entradas hacia la iglesia o desde la iglesia, no detiene su comportamiento sexual.

Andrés, ajeno a lo que pasaba en su casa, se entera del asunto y enfrenta con severidad a su papá. Al final, Andrea logra decirle “no” a su padre; mientras su hermano -muerto en la masacre de la discoteca gay-, desde la dimensión donde puede estar, le pide que cuide al progenitor de ambos y vele por él. Ni el muerto ni la viva (el pathos de Andrea es violento), ambos víctimas, repudian a su padre por su crimen.

El montaje se destacó por la sencillez y armonía como pauta de la dirección escénica en un teatro arena a tres lados. Pantoja utilizó con destreza e inteligencia todo el espacio escénico que puede ofrecer la sala Carlos Marichal. Denton, Agüero y Torres tomaron las riendas de sus emotivos personajes con convicción y sinceridad. La música en vivo, con composiciones originales de Chenan Martínez y Adriana Pantoja, estuvo bellamente ejecutada por Cristina Vives en la flauta y el propio Chenan Martínez en la guitarra. El tema de la obra fue interpretado por Omar Torres, poseedor de una linda y afinada voz.

Como es costumbre , Cuarzo Blanco integró intérpretes de lenguaje de señas a la puesta escénica. (Foto Cristina Martínez)

Y, como ya lo esperamos con Cuarzo Blanco, Inc., desde hace 13 años, la obra tuvo intérpretes de señas para sordos, convertidos en buenos actores. José W. Santiago, Abdiel Reyes y Omayra Cabiya interpretaron, además de las señas, sus personajes con emotividad. La función del domingo contó, además, con audio descripción para ciegos.

El vestuario (Edgardo Cortés), el maquillaje (Ricardo Santana y Marie Hernández) y las luces (Carlos Noel González) funcionaron efectivamente desde la armonía. Destacamos el trabajo de Omarjadhir Flores en la utilería y ambientación, muy específicamente con el diseño para el piso del escenario, el cual sugería el movimiento de las galaxias (whirpool) o el movimiento de un huracán, imágenes que también invadían los muebles. A pesar de la duración, la obra nos mantuvo interesados.

Las funciones de “Luna de cristal” se celebraron el viernes 16 y sábado 17 de marzo de 2018, a las 8:00pm; y domingo 18 de marzo, a las 4:00pm. La asistencia y regiduría en general fue de Ingrid Baldera. La fotografía de Cristina Martínez. El arte gráfico de Sonia E. Rivera. Las relaciones públicas de Lidda García y Glenda Pizarro, de Grandes Eventos.

Agradecemos al Programa de Residencias Artísticas del Centro de Bellas Artes por haber amparado este trabajo; y esperamos que puedan darse funciones de “Luna de cristal” nuevamente, en éste y otros escenarios. Felicitamos a Cuarzo Blanco por su producción de excelencia, por mantener un taller abierto para la clase teatral en estos momentos, por el programa de mano de calidad y, a Adriana Pantoja, productora, directora y dramaturga puertorriqueña de trayectoria y labor inigualables, por mantener el timón a riendas contra toda adversidad. ¡Gracias por ganar!

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