Jonathan Suazo más allá del jazz

Por Rafael Vega Curry
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Jonathan Suazo es, sin una sombra de duda, uno de los principales exponentes del jazz actual en Puerto Rico. Con apenas 28 años, se ha ganado el respeto del público oyente y de sus colegas, como compositor y como un magnífico ejecutante del saxofón alto. Sin embargo, él declara que no quiere dedicarse al jazz.

Jonathan Suazo está radicado actualmente en Boston. (Foto suministrada)

“No quiero ser un jazzista”, dijo en una entrevista reciente con la Fundación Nacional para la Cultura Popular. “No tengo ningún interés en impresionar a los exponentes más grandes del jazz”.

“¿Qué tal si mi música nunca ha sido jazz, sino música contemporánea? ¿Qué tal si lo que yo siempre he querido hacer no ha sido jazz? Si mi música se nutre de tantas cosas, ¿se le debería llamar ‘jazz’ entonces?”

“El jazz salió de otro tipo de situación social que nosotros no vivimos, como puertorriqueños”, abunda. “En el jazz hay un sonido y una tradición que mantener, con los instrumentos acústicos. Pero, ¿qué pasa con lo que está haciendo, por ejemplo, (el trompetista) Christian Scott? ¿Cómo se llama eso? Eso es casi trap o hip-hop”.

Suazo completó el verano pasado una maestría en Ejecución Contemporánea con concentración en Jazz Global, en el Instituto de Jazz Global de Berklee College of Music. Acudió allí por recomendación del saxofonista y profesor Marco Pignataro, quien fue uno de sus mentores en el Conservatorio de Música de Puerto Rico cuando dirigió el Departamento de Jazz de dicha institución. Hoy Pignataro es el co-director del Instituto de Jazz Global, junto con el pianista panameño Danilo Pérez.

La experiencia en la prestigiosa universidad de Boston ha sido una verdadera lección de vida para el joven músico, quien asegura que ahora está “cultivando un montón de ideas y llegando a conclusiones distintas”.

“Este programa me enseñó muchas cosas. Me enseñó lo que hay que hacer. Pero una de las principales cosas que me enseñó es lo que yo no quiero hacer. De mis mentores (grandes músicos como Joe Lovano, John Patitucci y Terri Lynne Carrington, entre otros), lo más que me interesaba es que mi nivel de ejecución y de composición fuera criticado, así como mi nivel de interacción con los demás músicos, para yo pulirme, tomar esas herramientas y hacer la música que yo quiero hacer. Desde el segundo disco se nota que mi música es una mezcla de diferentes influencias. Y ahora más que nunca, se está nutriendo de un montón de cosas diferentes”.

El talentoso músico completó el verano pasado una maestría en Ejecución Contemporánea con concentración en Jazz Global. (Foto suministrada)

No es para menos. Aparte de lo que aprendió de sus mentores, en Boston se codeó con colegas estudiantes que provenían de Estados Unidos, Canadá, Chile, Venezuela, Corea, India, Suecia, Grecia y Palestina. “Al final la graduación tenía un chorro de banderas”, comenta con una sonrisa.

También aprendió a tener la disposición para trabajar en cualquier contexto, “para vivir como quiero vivir mi vida y tener para financiar cualquier proyecto. Tocar es lo que me hace feliz, así que puedo hacer lo que sea para sustanciar el poder tocar lo que quiero tocar”.

De hecho, cuando completó el grado decidió quedarse trabajando en Boston, donde está haciendo consejería académica y trabajo administrativo en el propio Berklee College, además de tocar en una bien remunerada banda de música para bodas.

Aunque sus planes son regresar a Puerto Rico, el azote del huracán María prácticamente lo ha obligado a extender su estancia en Estados Unidos, ante la reducción de oportunidades de trabajo en el País. “Lo de María me dio bien duro, porque estaba bien apegado a la idea de volver. Pero este no es el momento de volver, sino de chuparte la pastilla amarga” de permanecer fuera del país.

Una experiencia intensa –

La maestría fue “una experiencia bien intensa, una especie de ‘boot camp’ de la creatividad”, dice Suazo. Al estar basada en el concepto de mentoría, cada semana los visitaba un músico distinto –incluyendo, además de los ya mencionados, al pianista Alan Pasqua y al saxofonista puertorriqueño David Sánchez-. En ese sentido, añade, fue una educación personalizada, de tú a tú, borrando un poco la frontera entre maestro y estudiante.

“Desde el principio se enfocan en lo que será tu proyecto final, que podía ser completar un disco, abrir una escuela o establecer una fundación. El mío fue adentrarme en la música afrodominicana. En conjunto, nos hicieron al principio las preguntas, ‘¿nunca te has preguntado de dónde eres?’ ‘¿De dónde tú vienes?’ ‘¿Quién tú eres?’ En mi caso, me puse a pensar en la música que me apasiona, como la de Juan Luis Guerra, el pambiche, la güira, la tambora. Papi era dominicano y saxofonista. Si no hubiese sido por él, no tocaría saxofón ni estaría metido en la música. República Dominicana tiene un peso en mi formación musical del cual yo no necesariamente estaba tan consciente. Papi me crió con esa música, yo iba a los guisos de él cuando tocaba (con el Conjunto Quisqueya)”.

En 2014 Jonathan tuvo una destacada participación en el Puerto Rico Heineken JazzFest. (Foto suministrada)

“Esas preguntas me llevaron por un camino al que (de otro modo) yo no hubiera podido llegar. El nivel de inspiración que yo recibí allí fue gigantesco. Me di cuenta de que lo que luego se convirtió en merengue o pambiche viene de una tradición africana que es sumamente rica. La Española fue el primer lugar a donde llegaron los esclavos que salieron de la costa oeste de África”.

Como parte de la búsqueda que le requerían, viajó a la República Dominicana, donde conoció a varios de los músicos que están manteniendo viva la tradición e hizo una serie de grabaciones. Aunque no completó un nuevo disco para su proyecto final, sí hizo grabaciones (tanto en Quisqueya como en Berklee) que eventualmente formarán parte de un nuevo álbum o, tal vez, de sencillos que irá publicando poco a poco.

De todos sus mentores, se siente especialmente agradecido del pianista Pasqua. “Todo esto del jazz está rodeado de mucha presión, por ser el mejor, por mantener la tradición… El ‘approach’ de él fue más humano. Nos decía, ‘esto es música, esto te tiene que encantar. Y para encantarte no puedes tener toda esta presión encima. Relájate. Busca las cosas simples”.

A la misma vez, Suazo reconoce que existen diferencias culturales ineludibles. “Estos son mentores cuya base de formación fue el jazz”, explica. “Ellos ven las cosas a través de ese lente. Nosotros, más jóvenes, venimos de desarrollarnos con otras influencias, especialmente siendo puertorriqueño. Yo me crié con el merengue, un poquito de salsa, música pop, heavy metal… Ellos tienen otra formación”. En ese sentido, agrega, es difícil que un puertorriqueño toque el jazz de una manera completamente tradicional.

“Dentro de los estándares que tocábamos, las críticas eran bien altas, sobre todo al principio. Ellos te decían ‘trata de escuchar lo que está haciendo el pianista’, ‘trata de escuchar las líneas del bajo’. Te decían, ‘no estás interactuando’. Eran más bien cosas de equipo, no tanto como tú estás tocando, sino cómo funcionas en el equipo. Pero después fluye mejor la cosa. De momento, Joe Lovano se para al lado tuyo a tocar tu tema, ‘Lucharemos juntos’, de su primer disco… fue increíble”.

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