Contundente la Cantora de la Patria

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Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La cantante abordó temas de sus exitosos conciertos “Traigo un pueblo en mi voz” y “En las manos del pueblo”. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Cantar a la Patria exige valentía, consistencia, compromiso, arrojo y entrega.

Aparte de voz y fraseo, se necesitan sensibilidad, credibilidad y una alta estatura moral.

La Patria siempre aguarda por voces que le canten a sus quimeras y desvelos.

La realidad, sobre todo en la presente coyuntura sociopolítica, es que esas voces escasean más que nunca. En verdad nunca fueron muchas. Hoy tampoco. Si acaso dos o tres… Y Lucecita Benítez pertenece al selecto y limitado núcleo de cantores patrios y entre las damas de nuestra canción, sencillamente es la primera.

Nunca, como en este capítulo de la historia de Puerto Rico, la Nación ha urgido de tanto cariño. Despreciada, saqueada y engañada, la Patria se debe sentir como el esclavo que ansía un libertador.

Metáfora, tal vez un cliché, que fue evidente anoche en la Sala de Festivales Antonio Paoli durante el concierto “Traigo un pueblo en mi voz II” de Lucecita.

Porque la Patria somos todos, al menos, casi todos, o quién sabe si solo unos pocos. Lo cierto es que Lucecita es su Cantora por excelencia y anoche la colmó de mimos y detalles, durante una jornada comparable con un oportuno arrullo a la Nación y una serenata de anhelos de libertad, justicia, bienestar para sus hijos y respeto a la dignidad de sus trabajadores.

Jamás, aun en medio de la turbulencia social y política de 1973, el cancionero de “Traigo un pueblo en mi voz” adquirió tanta actualidad, sentido y relevancia como anoche en Bellas Artes. Fue como si Lucecita narrara mediante sus canciones y poemas la tragedia de Puerto Rico, país que la historia confronta con el 120 aniversario de la ocupación militar estadounidense y el centenario, recordado en 2017, de la imposición de la ciudadanía norteamericana.

El mensaje de su repertorio fue contundente ante la actualidad del País. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por eso no sorprendieron sus alusiones a Donald Trump y a los desgobiernos que ha tenido la colonia. Era, pues, de esperar que sería un concierto contundente. Un programa que desenmascara hipocresías; que alerta e interpela.
Lucecita incorporó una u otra canción de los conciertos “En las manos del pueblo”, posteriores, con la diferencia de un año en 1974, a “Traigo un pueblo en mi voz”.

Al saque, con una banda impecablemente dirigida por Héctor “Ito” Colón junto al pianista Juan Carlos Vega, Lucecita interpretó la composición de Alberto Cortez, “Distancia”, estableciendo de inmediato una atmósfera de reflexión, melancolía y nostalgia por la Patria que podría ser.

Intercaladas con versos, en las canciones “Minero soy” y “El payador perseguido”, Lucecita evocó las luchas de los obreros explotados, perseguidos y consumidos en ambientes de trabajo inhóspitos.

En días de una reforma laboral y de una junta que insiste en medidas de austeridad adicionales en detrimento de los empleados públicos, Lucecita atina en 2018 con las obras de Atahualpa Yupanqui.

“El trabajo es cosa buena
es lo mejor de la vida;
Pero la vida es perdida
trabajando en campo ajeno.
Uno trabaja de trueno
y es para otros la llovida”.

Al interpretar la irónica “El diablo”, de Facundo Cabral, posiblemente uno u otro espectador aguzado habrá pensado en los políticos que son lobos disfrazados de ovejas y prometen progreso para sumir al pueblo en la miseria cuando advienen al poder.

“El diablo tiene cola mas la esconde
en grueso portafolio color negro
donde lleva también los documentos
que lo autorizan a matar al pueblo”.

Fiel a la secuencia del disco del concierto grabado en el Centro de Bellas Artes de Puerto Rico entre el 18 y 22 de marzo de 1987, Lucecita continuó con “Te digo hermano”, de Palombo-Sánchez, que se puede interpretar en la actual coyuntura como una advertencia y llamado a la conciencia de un país distraído por el consumo y confundido por la mar de desinformación.

“Te digo hermano que grites
cuando tengas que gritar
que por el miedo a la lucha
nunca ganamos la paz”.

De “Alfonsina y el mar” y la revolucionaria “Cuando tenga la tierra”, Lucecita presentó la primera novedad del concierto: la composición “Mi País” de Alberto Cortez, estampada en el concierto “En las manos del pueblo”. “Mi País”, con la tonada del aguinaldo en su preludio y transiciones, es radiografía perfecta de la colonia.

“Mi País es un país
con vocación de extranjero
que a veces lo forastero
lo lleva de la nariz.

Sin embargo, mi País
piensa que es buena la pista.
hay que seguir al flautista
hacia su mundo feliz.
Que inocente es mi País…”

El telón descendió con “Plegaria a un labrador” y tras el intermedio, “Traigo un pueblo en mi voz II” continuó con “Soy de una raza pura”, un canto a la identidad y a la autoestima nacional, forjada en el mestizaje de tres razas y la resistencia de poco más de cinco siglos de coloniaje.

El cuatrista Luis Sanz tuvo una participación especial en el concierto de la bayamonesa. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La denuncia del rezago del cuatro y la música puertorriqueña que solo sonaban en Navidad se hizo eco en “La verdad”, el ‘Le lo lai’ de Pepe Castillo que Cortijo grabó en “La Máquina del Tiempo”. Lucecita recibió como invitado al joven cuatrista Luisito Sanz, que grabó y recientemente participó con René Pérez en la versión de “Hijos del Cañaveral” interpretada en la ceremonia del Grammy Latino, recibido por Lucecita en reconocimiento a la excelencia musical de su carrera y que anoche engalanó su trono en Bellas Artes.

La Cantora Nacional continuó con un segmento orientado a la reafirmación de la cultura e idiosincrasia nacional. Su enternecedora versión de “Las manos del campo” de El Topo, que el poeta inspira en los niños pobres que cultivan la tierra, fue ideal para reflexionar sobre la calidad de las semillas que plantamos en la niñez boricua. El entrelínea de “Amanecer borincano” de Alberto Carrión y nuevamente con el talentoso Luisito Sanz en el cuatro, y “Triunfo agrario”, de Isella & Gómez, pudiera ser la reconsideración de la agricultura como opción en la reconstrucción nacional.

El final fue una experiencia fuera de este mundo. Fue inevitable liberar lágrimas mientras Lucecita cantaba el icónico “Unicornio azul” de Silvio Rodríguez que incorporó al concepto, y una tripla estremecedora: “Si tan solo un instante” de Alberto Carrión, “Traigo un pueblo en mi voz” (“Hermano dame tu mano”) de J. Sánchez & J. Sosa, y el poema “Oubao moin” de Juan Antonio Corretjer, musicalizado por Roy Brown.

Descendió el telón y con frenesí la concurrencia que desbordó la Sala Antonio Paoli aguardó pacientemente por el regreso de la Diva que anoche entregó su vida en uno de los conciertos más dramáticos e intensos de su carrera. Se escucharon los acordes de “Génesis” de Guillermo Venegas Lloveras y así Lucecita, más delgada y vestida de blanco impecable en un diseño de Carlota Alfaro, se despidió hasta la segunda función el domingo 18 de febrero y la tercera, el domingo 4 de marzo a las 6 p.m.

La artista regresará a la Sala Antonio Paoli del Centro de Bellas Artes los próximos domingos 18 de febrero y 4 de marzo. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La magistral puesta en escena del concierto “Traigo un pueblo en mi voz II”, acontecimiento de la canción de conciencia latinoamericana y caribeña que merece ser presenciado por todos los que aspiran a la reconstrucción de Puerto Rico, es resultado de la visión de Lucecita; la sapiencia de su productor Rafo Muñiz y su equipo; el talento de sus músicos; la labor de los coristas Yanira Torres, Félix Alvarado e Iris Martínez y el trabajo de iluminación de Quique Benet y el arquitecto Jaime Covas.

No podemos olvidar el inicio del espectáculo con la proyección de imágenes y recortes de periódicos del archivo de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, en vídeo de Ignacio Peña, que documentan el recibimiento de Lucecita en 1969, tras coronarse con “Génesis” de Venegas Lloveras en el Festival de la Canción Latina, celebrado en México.
Fue un saque simpático musicalizado por el merengue “Lucecita campeona” de Sylvia de Grace, grabado por esta junto Damirón y Chapuseux de Los Alegres Tres.

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