El cuatro como terapia

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La visita de este medio alternativo fue suficiente para que el artesano Miguel Méndez Benítez se olvidara de la depresión que lo aqueja desde el paso del huracán María.

Don Miguel selecciona cuidadosamente las maderas ha ser utilizadas en su labor artesanal. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El ciclón destruyó el taller donde diseña, manufactura y repara el cuatro puertorriqueño, la guitarra, bordonúa, tiple, tres y mandolina, entre otros instrumentos de plectro.

Y aunque afirma que la demanda por sus creaciones ha mermado, el artesano y lutier no se amilana porque su trabajo con la materia prima del guaraguao, laurel y ‘mahou’, las maderas que a su entender imparten el mejor sonido, es una terapia que lo distrae bastante.

“He podido manejar la depresión, asistiendo a la Iglesia Mensajeros de Cristo, el templo de los profetas en Río Piedras. Yo vivo solo desde que mi esposa Lydia María Osorio murió de un ataque cardiaco hace siete años. En estos días se me metió en la mente y en la soledad en que estoy me acuerdo de ella, pero le pedí a Dios y me ayudó a tranquilizarme”, reveló con naturalidad, casi a manera de una terapia, el artesano, cuyos cuatros han sido tocados por Edwin Colón Zayas y su hermana Emma, Neftalí Ortiz, Roque Navarro, Pascual Meléndez, Sarrail Archilla y el maestro Ladí, en la etapa previa a su deceso en 1979.

La mañana de la entrevista lo sorprendimos brillando con celo y meticulosidad un cuatro ordenado por el músico Víctor Rodríguez.

Abordado sobre sus inicios en el oficio de lutier, Miguel dijo que comenzó con su hermano Eugenio en un taller en la Península de Cantera en Barrio Obrero, Santurce.

“Después me fui a trabajar con Cristóbal Santiago en su taller La Casa del Cuatro en Carolina. Estuve siete años con él y a su lado me desarrollé porque tenía que hacer los cuatros al por mayor”, reveló el experto.

Sus cuatros han sido tocados por figuras como Edwin Colón Zayas y su hermana Emma, Neftalí Ortiz, Roque Navarro, Pascual Meléndez, Sarrail Archilla y el maestro Ladí. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El secreto de un buen cuatro, reconoce hoy, es la tapa y la afinación. “Un cuatro bien afinaíto, aunque suene poco, es muy bueno. Eso es responsabilidad del lutier y artesano. Aquí me traen cuatros desafinados que no cuadran ni con el pito, el afinador y la escala”.

El mítico Maso Rivera, una de las leyendas del instrumento nacional, patrocinaba los cuatros de Miguel precisamente por su afinación diáfana. “Maso me visitaba mucho. Él me puso el apodo ‘Sauco’, porque es la madera que usé para el cuatro que le hice”.

Hoy, un cuatro de don Miguel Méndez con su estuche, es valorado en alrededor de $1,200 ó $1,300. La satisfacción del cliente está cien por ciento garantizada. Son piezas de una terminación fina, con una afinación perfecta.
“No soy un cuatrista muy diestro, pero toco mis cositas. En la afinación voy con cualquiera”, afirma Miguel, quien considera a Edwin Colón Zayas el mejor cuatrista de su generación y a Maso, Roque Navarro y Sarrail Archilla los más virtuosos de la tradición.

Durante la entrevista se escuchaban las sierras, taladros y martillos de los obreros que trabajan en la reconstrucción de su taller, localizado en el segundo nivel de su residencia en la Calle Pisaflores # 13 de Parque Ecuestre en Carolina.

El lutier comenzó con su hermano Eugenio en un taller en la Península de Cantera en Barrio Obrero, Santurce. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Estamos bastante adelantados en las labores. Necesito trabajar. Después del huracán me quedé sin trabajo y así empezó la depresión. Lloré mucho de tristeza, pero ya comencé a recibir unos chavitos para pagar las deudas”.
Afortunadamente, las pérdidas no fueron mayores. Algunos $2 mil en herramientas y $3 mil en el techo de planchas de zinc, que María le arrancó. Como muchos puertorriqueños, Miguel aun aguarda por la ayuda de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA).

“Estamos vivos, que es lo que importa”, afirmó con optimismo el maestro artesano y lutier que año tras año exhibe sus instrumentos en el Festival del Cuatro del Colegio de Ingenieros y en el Festival de la Guitarra en Vega Alta.
“Estoy muy agradecido de las personas que me han comprado cuatros. Estamos vigentes porque estamos vivos y luchando todavía. A mis clientes les deseo un Año Nuevo feliz y lleno de salud”, finalizó el maestro de 80 años.

Si está interesado en las obras de don Miguel Méndez contáctelo comunicándose al (787) 762-2233 y 530-6248.

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