Alfonso Fuentes en función de la música

Por Rafael Vega Curry
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

De pequeño, el compositor y pianista Alfonso Fuentes solía irse en lo que hoy califica como “viajes astrales”, meditaciones que podían durar ocho, diez, doce horas y que, ciertamente, llamaban la atención de sus padres. Pero no había que alarmarse: en su habitación de la casa familiar en Canóvanas, él simplemente se estaba conectando de manera profunda con su conciencia.

Más allá de su intensa labor en el Conservatorio de Música de Puerto Rico, Fuentes ha realizado numerosas grabaciones con artistas nacionales e internacionales. (Foto suministrada)

También recuerda una vez en la que, caminando de la mano de sus padres por su pueblo natal, les pidió repentinamente que se detuvieran. “Dije, ‘papi, para, estoy escuchando la rotación del mundo’. Ellos pensaron, ‘bendito, pobre Alfonsito’. En realidad eran los sonidos de mi torrente sanguíneo, de mis nervios (sonidos que a través de la historia siempre se han vinculado con los sonidos de la tierra). Todos escuchamos esos sonidos. Tápate los oídos y vas a escuchar el sonido de tu torrente sanguíneo, bien grave y poderoso”.

Años después, todos esos “viajes”, todas esas reflexiones y descubrimientos darían vida al quehacer artístico del que es hoy, fuera de toda duda, uno de los compositores puertorriqueños más laureados a nivel internacional.

El Conservatorio de Sichuan, en China, lo ha invitado en dos ocasiones a discutir su obra y tocar su música (y hay una tercera pendiente); orquestas sinfónicas y grupos de cámara de todo el mundo le comisionan obras en las que le piden que incluya elementos de la música puertorriqueña; el Grove Dictionary, hoy por hoy el diccionario de música culta más importante de Occidente, incluye una referencia a él; sus composiciones están consideradas entre las más importantes realizadas en América Latina en el siglo 20.

En el ámbito de la música popular tampoco le faltan logros, habiendo acompañado a artistas internacionales como Marco Antonio Muñiz, Plácido Domingo, José José, Sandro, Braulio, Basilio, Marc Anthony y muchos otros. En el plano local, ha tocado o grabado con Andy Montañez, Nydia Caro, Ednita, Yolandita Monge, Lissette Alvarez… Ha llevado a cabo más de 6,000 eventos musicales, incluyendo presentaciones en vivo y grabaciones, desde el Carnegie Hall en Nueva York hasta la Feria Mundial de Sevilla. Como si fuera poco, también da clases de composición y orquestación en el Conservatorio de Música de Puerto Rico.

Aficionado a la fotografía abstracta, tiene siete libros no publicados de poesía, narrativa y estética.

“Plena” es el título de la primera producción discográfica de Afonso Fuentes como solista. (Foto suministrada)

Lo único que aparentemente le faltaba hacer a este gran maestro de nuestra música era grabar un disco a su nombre. Y finalmente lo hizo, con “Plena”, una grabación de piano solo en la que da rienda suelta a su inmenso talento y que une de manera natural y vigorosa las influencias de la música clásica, el mapeyé, el jazz… un álbum tan inclasificable como memorable. Es, simplemente, Alfonso Fuentes y su piano.

Aunque el disco contiene dos piezas que sí son plenas, Fuentes aclara que utilizó el nombre de ese género musical en su sentido de “obsequio, de un regalo que se hace para alegrar”.

¿Y qué mejor obsequio, tratándose de un artista como él, que volcar en una grabación todo su genio pianístico, con total espontaneidad y honestidad?

“El piano es un universo que todo lo tiene”, comenta el músico. “Un universo musical, que está frente a mí y yo tengo el privilegio de acceder a él… Yo miro ese universo y le saco provecho. Nos compenetramos él y yo. Es una manera que me permite expresarme”.

Lo más llamativo de este álbum –destinado a sobresalir en la historia de la música puertorriqueña- es que fue fruto absoluto de la improvisación. Con excepción de un tema (“Cortaron a Elena”, que ya lo había tocado antes) todo lo demás fue creado en el momento, “improvisado de primera mano”, explica Fuentes. “No lo pensé anteriormente, no tenía un pensamiento de ‘qué voy a improvisar’. Fue como un arrebato”.

“Los títulos vinieron después; siempre vienen después”, agrega, añadiendo que tiene material para dos discos más.

Para el músico, la composición y la improvisación son dos cosas completamente distintas, pero igualmente importantes; “dos temperamentos, que utilizan dos partes distintas de la mente. Como compositor tienes que ser un negociante, necesitas tomar decisiones, es un proceso lento, para hacer una arquitectura. El improvisador, en cambio, está ahí, en el instante. A la enseñanza de la improvisación no se le da la importancia que se le debería dar. David Sánchez y Eddie Gómez siempre exhortan al estudio de la composición cuando van a dar clases en el Conservatorio. Son dos personas que tienen conciencia de la importancia de la composición en el desarrollo de la improvisación”.

Como nota curiosa, la última “pieza” que se escucha en el disco es una lectura que el propio Fuentes hace de las notas explicativas. Lo hizo, indica, para el público con impedimentos visuales y para todos aquellos que, simplemente, las quieren escuchar. “En mi familia hemos desarrollado conciencia hacia ese sector de la sociedad gracias a mi hija mayor, Taniana, quien estudió arte para los impedidos”.

La relación con China –

El alcance de su talento lo ha llevado a plantar bandera en China. (Foto suministrada)

Agradeciendo la acogida que le ha brindado el gigante asiático, Fuentes decidió hacer una edición en chino a la hora de producir su álbum. “Ya tradujeron la información al mandarín, pero todavía estamos en el proceso de distribución. Ya debe estar en Internet, en sus versiones en español, en inglés y en chino mandarín”.

La producción de “Plena”, cabe destacar, contó con el auspicio de Art Works, el National Endowment for the Arts, el Instituto de Cultura Puertorriqueña y el Conservatorio de Música de Puerto Rico.

Según cuenta, su primer contacto con China ocurrió en 2013, cuando intentó hacer una gira de nueve presentaciones en dicho país junto al clarinetista vasco Oskar Espina Ruiz. Esta no se llegó a concretar por falta de fondos, pero poco después recibió una invitación del Conservatorio de Sichuan –el más grande del mundo, con 17,000 estudiantes- para discutir su obra durante una semana, lo cual representó un enorme honor para él.

Poco después, llegó la invitación para una segunda visita, que aprovechó para estrenar su Concierto de Bajo Eléctrico. Reclutó a su amigo Ramón Vázquez, a quien describe como un gran músico y ser humano, “bien trabajador”. A base de estas experiencias, Fuentes creó luego Intercambio de China y Puerto Rico de Música y Cultura, un acuerdo informal con el Conservatorio de Sichuan y el compositor Zou Xiangping que ha posibilitado la visita de músicos chinos a Puerto Rico.

Actualmente, Fuentes se prepara para realizar su tercera visita a China, en abril, con el fin de estrenar un nuevo Concierto para Clarinete y Orquesta. Este también se tocará, en fechas posteriores, en Brasil, Estados Unidos y España y China.

Sus orígenes –

El pianista puertorriqueño regresará en abril a China. (Foto suministrada)

“Mi abuelo tocaba el bombardino en Loíza. Aprendí la rumba, la bomba y la plena por parte de mi papá, que es de ese municipio. Aprendí a ir a los museos, a los conciertos de la Orquesta Sinfónica, a los festivales de teatro y ballet, por parte de mi mamá”, recuerda sonriente.

Empezó a autoeducarse desde niño y “tenía como un laboratorio constante”, dice sobre su propio sistema de aprender música. Su primera y casi única maestra de piano fue la monja cubana Isabel Zarabozo, del Colegio del Pilar en Canóvanas, donde estudió. “A ella le dediqué mi primera obra sinfónica, ‘Planeaciones ancestrales’”.

“Cuando salí de cuarto año yo no sabía qué hacer”, rememora el músico. “Pensaba que en el Conservatorio no iban a aceptarme. Yo quería ser músico. Pero en el Conservatorio están tan adelantados que no me van a aceptar, así que prefiero ser abogado criminalista, me decía. Un día me dio con ir al Conservatorio faltando una semana para empezar las clases y me atendió un maestro que se llama Alfredo Romero, que es una institución allí. Él me había escuchado tocando el piano en un festival que hacía el Departamento de Instrucción. Yo creía que no me iban a aceptar, pero él me puso directamente en tercer año de solfeo”.

Cuando llegó al New England Conservatory de Boston enfrentó una situación similar, ya que lo lo aceptaron en cinco departamentos. Optó finalmente por la composición… una buena decisión que dio vida a uno de nuestros más grandes compositores actuales.

“El hombre es el microcosmos del universo, el microcosmos de todo el sonido que existe”, afirma Fuentes. “Todos los sonidos, todos los colores, están en función de lo que uno tiene por dentro”.

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