La diáspora ayuda a Loíza

En el orden acostumbrado, el pintor Samuel Lind, la Alcaldesa de Loíza Julia Nazario Fuentes, el Alcalde de San Lorenzo Joe Román, el folclorista Raúl Ayala y el arquitecto Ellliot Martínez. (Foto suministrada)

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Loíza, Ciudad de la Tradición y embajadora de la cultura afroboricua, fue estremecida por los huracanes Irma y María. El Burén de Lula y El Taller Folclórico Hermanos Ayala, emblemas del acervo y abolengo loiceños, fueron destruidos.

Marcos Ayala Jr. junto a la Alcadesa de Loíza. (Foto suministrada)

Pero las labores de reconstrucción de ambas instituciones, de gran atractivo turístico, iniciaron esta semana gracias a los donativos de los boricuas de la diáspora Rafy Manso, Elías Oyola y el doctor Víctor G. Alicea del Boricua College, fundado en 1974 y hoy con cuatro recintos en Nueva York.

El Taller Folclórico de la familia Ayala, en Medianía Alta, y El Burén de Lula, este localizado en Medianía Baja y administrado por doña María Dolores de Jesús, recibieron $5 mil y $3, 350, respectivamente.

“Nuestro mayor agradecimiento a ese gran loiceño de la diáspora que se llama Rafy Manso y a todos los compañeros del Boricua College. Separaron gran parte de su tiempo y esfuerzo para hacer esta aportación. Hemos seleccionado estos comercios para asignar la ayuda por dos razones fundamentales: son símbolos del turismo local y extranjero que llega a nuestro pueblo y son además una fuente de creación de empleos”, dijo la alcaldesa Julia M. Nazario Fuentes.

El Burén de Lula es el rincón gastronómico favorito de muchos. Se especializa en la cocina artesanal de Loíza, confeccionada al burén o una plancha de acero, sobre leña. Es un arte la preparación de platos como el casabe de yuca, las empanadas en hojas de plátano, la tortilla, el dulce de coco, el salmorejo y el arroz con jueyes.

El Taller Folclórico Hermanos Ayala, donde Raúl sigue la tradición de su padre Castor, se distingue por la creación de las máscaras de vejigantes hechas con coco.

“Es una cantidad que bien impulsa a sus dueños a acelerar el proceso de reconstrucción con la ayuda de muy buenos amigos, como el artista plástico Samuel Lind, quien consiguió fotos de cómo don Castor Ayala construyó el primer quiosco familiar allá por la década de 1960, de manera que la reconstrucción de la estructura sea lo más fiel al concepto original, adaptado a la necesidad de tener una construcción más resistente”, sostuvo Nazario Fuentes.

Las labores de reconstrucción de ambos establecimientos culturales será supervisada por el arquitecto Elliot Martínez, de la Universidad de Puerto Rico.

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