De luto la plena

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Hoy la plena llora la partida de su Rey absoluto e indiscutible.

En un aparte durante la grabación del disco “Plena Maestra”, Anthony Carrillo, Rodolfo Barreras y Ángel Luis Torruellas posan para el lente de la Fundación Nacional para la Cultura Popular. (Foto César Silva para F.N.C.P.)

Ángel Luis Torruellas, de 79 años, empezó como limpiabotas y pregonando comerciales por las calles de Mayagüez, sin imaginar que con el tiempo se consagraría como la realeza del ritmo autóctono.

Con las manos curtidas por el betún negro, Ángel Luis Torruellas muchas veces repicó el pandero seguidor para ganarse unos chavitos adicionales en su oficio de limpiabotas.

Eran tiempos de la posguerra: días de escasez y pobreza extrema en el Barrio Colombia de Mayagüez y en todo Puerto Rico.

Ángel Luis, nacido el 28 de enero de 1938, vivía solo con su madre Providencia Feliciano y para comer, antes de asistir a la escuela, había que trabajar duro.

Lustrando zapatos se ganaba al día alrededor de una peseta, según recuerda, -lo equivalente hoy a $10- que usaba para comprar dos centavos de manteca, tres de café, dos de azúcar, tres de arroz y dos de habichuelas en los colmados del pueblo.

Con remanentes de madera vieja y clavos mohosos construyó su primer cajón de limpiar zapatos. Y pocos días después recibió su primer pandero seguidor de manos del artesano Francisco Fajardo Clivillé, su mentor en los toques de plena.

Después que aprendió a tocar el contagioso ritmo autóctono, el siguiente paso fue acumular un repertorio. Ángel Luis se sabía de memoria “Cortaron a Elena”, “Llegó el obispo” y otras plenas noticiosas, entonces el periódico oral de los barrios populares.

El Rey de la Plena junto a otra leyenda del folklore puertorriqueño, doña Isabel Albizu. (Foto suministrada)

Como no se conformaba con los éxitos de Bun Bun y Canario, recordó que las velloneras de los cafetines del pueblo eran una gran fuente de letras y melodías pleneras.

“Echaba unos centavos para escuchar las plenas y me las aprendía. Como mi ídolo era Daniel Santos, comencé a rastrear sus plenas”, rememoró Ángel Luis al añadir que “Yo no sé nada” fue la primera que se aprendió del Inquieto Anacobero.

Poco después, cuando se le acercaba un cliente, por cinco centavos más, le cantaba una plena.

El Limpiabotas Plenero, como le decían, pronto alcanzó notoriedad en el pueblo. El ritmo, originado en el arrabal ponceño La Joya del Castillo, era entonces un efectivo medio de promoción que propició que el fenecido Gilbert Mamery lo contratara como la voz comercial de los anuncios de los autos Ford y Colly Men Shop, que entonaba por las calles de la Sultana del Oeste.

“Para pantalones, camisas baratas/ Colly siempre es Colly y las siete vacas/ Colly siempre Colly/ va de boca en boca/ con sus vacas flacas”… Por ese y otros anuncios Ángel Luis cobró $5 sin imaginar que pronto, a pesar de ser un mozalbete de nueve años, se le presentaría en bandeja de plata la oportunidad de su primera grabación: un disco de 78 revoluciones por minuto en el que estampó su versión de “Mataron a Bun Bun”.

Desde su niñez, la exposición a la cotidianidad mayagüezana despertó su intelecto y, bebiendo de la fuente agridulce de la vida y sus dramas humanos, el compositor se inspiró y escribió sobre gente humilde como el acordeonista Pacharo, maestro de su compadre Ismael Santiago.

“Yo no quiero morir/ yo no quiero morir/ yo no quiero morir mi hermano/ como murió Pacharo/ tocando la sinfonía/ dándose el último palo… yo no quiero morir como murió Pacharo”.

“Plana Maestra fue editada en la década de 1990. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

A lo largo de casi siete décadas de carrera artística, Ángel Torruellas compuso más de dos mil plenas y bombas. “Carmela, dame la llave” y “Viejo malecón” son algunas de las más conocidas de un repertorio que, luego de radicarse en 1950 en Nueva York, Ángel Luis paseó por Estados Unidos, Europa, el Caribe y Sudamérica.

Allá compuso “Camelia”, la plena más exitosa de su repertorio, grabada en distintas versiones.

Meses atrás este periodista lo entrevistó para la Fundación Nacional para la Cultura Popular. La tarde de la entrevista había regresado de una visita a la sala de emergencias del hospital de Manatí.

Se sentía mareado, y pensando en su padecimiento de diabetes, su esposa Aida lo atendió de inmediato.
Pero literalmente por las venas de don Ángel Luis Torruellas lo que circulaba era melaza.

El Rey de la Plena, quien deseaba neutralizar su dependencia del tabaco, murió con las botas puestas. Seguía activo en el cultivo de la expresión autóctona.

“He tenido presentaciones en Orlando y Miami, Florida. Sigo y seguiré trabajando hasta que me muera. Sigo componiendo. Tengo muchos números nuevos”, señaló el compositor de más de dos mil plenas que han trascendido calendario y nacionalidades porque, recientemente, la agrupación azteca Mono Blanco le grabó “Viejo malecón”.

“Es un grupo típico de México, que es muy famoso en Chicago. Quedó bonita porque la hicieron en plena y samba”, dijo el maestro Torruellas a la Fundación Nacional para la Cultura Popular.

Ángel Luis, de limpiabotas, a los siete años aprendió a cantar la plena y a tocar la pandereta. A los nueve, según recordó, despegó su carrera profesional, cuando Miguel Matamoros lo llevó a México.

Después, influenciado por Mon Rivera, se consagraría como el Rey de la Plena, por su trabajo en Puerto Rico y particularmente en Nueva York, donde es muy respetado por la diáspora latina.

De aquellos días extraña la pureza de la plena. “Era como yo la toco. Ahora la han revolucionado. Considero que el folclor no se debe adulterar porque cuando lo mezclas con otros sonidos pierde su esencia. Antes era sinfonía, cuatro y guitarra; no había bajo porque lo que había era la marímbula. Las plenas eran sabrosas. Los intérpretes de ayer eran maestros”.

El plenero mayaguezano junto al inolvidable Ismael Santiago. (Foto Ansonia)

En días en que reflexionaba sobre sus andanzas musicales, el autor de “Camelia” extrañaba mucho a su fenecido compadre Ismael Santiago, ejecutante de la sinfonía u acordeón. “Todos los días lo tengo en mi mente. Me hizo más profesional. Fue como mi padre porque yo fui a vivir a su casa cuando tenía como 10 años”, señaló Torruellas, quien lamenta que falleciera sin que Puerto Rico reconociera su valía, no sólo como plenero, sino como exponente de la danza.

“En Aibonito quedaron en dedicarle un monumento. Él era del barrio Asomante. Muchas de mis plenas el compay las escribió”.

Con necesidad de trabajo, para sostener su hogar e impartirle continuidad a su obra, Torruellas lamenta la falta de taller y oportunidades para exponer su arte. “Siempre trabajo fuera. Aquí no porque hay un monopolio en eso de los contratos. Si tú no perteneces a fulano de tal, no te dan el ‘break’. Si vas a un municipio a buscar trabajo, te dicen que te debes comunicar con fulano para que le pagues por su representación. Así es aquí. Yo no tengo a nadie que trabaje conmigo”, reveló el maestro plenero, quien afortunadamente contaba con la ayuda del folclorista Max Torres, su promotor probono en las redes sociales.

Contrario a lo que muchos pudieran imaginar, Ángel Luis Torruellas ha sido relativamente consistente en la producción de discos, como el concepto documental “Plena maestra” que le produjo Rodolfo Barreras, sus colaboraciones con Gary Núñez & Plena Libre y el cd “Ando vacilando” con William Cepeda.

Incluso, participó en el proyecto documental y enciclopédico del folclor, producido por Cepeda, y en el especial “Raíces” del Banco Popular de Puerto Rico.

También tiene un disco inédito grabado con Roberto Angleró, cuyo productor murió y su viuda no ha podido invertir en su reproducción y lanzamiento. “Ella, bendito, no sabe de música y no ha sabido qué hacer. Es un disco muy importante. Quedó buenísimo”.

“Ando vacilando” fue destacada como una de las producciones más sobresalientes de 2008 por la Fundación Nacional para la Cultura Popular. (archivo FNCP)

De la producción “Ando vacilando”, asegura, que –alegadamente- no ha recibido regalías, razón por la cual no ha colaborado más con el trombonista. Con Gary Núñez, de Plena Libre, la historia ha sido diferente. “Gary siempre coopera conmigo”, afirmó Torruellas al revelar que, por desconocimiento y estar desprovisto de un asesor que lo ayude, tampoco aparece registrado en el catálogo del Departamento de Música del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

El Rey de la Plena, que patrocina el pandero seguidor del joven artesano de Isabela, Charlie Vega, no favorecía los rediseños cuadrados del tambor de mano, que algunos identifican como “kiquinto”.

“A mí me regalaron un pandero cuadrado y no recuerdo a quién se lo di. El pandero tiene que ser redondo para que suene y reproduzca el sonido bien”.

Uno de sus sueños, en la madurez de su carrera, fue compartir sus conocimientos y experiencias con la juventud desde la plataforma de una verdadera y auténtica escuela de bomba y plena que, a su juicio, tampoco existía.

“Ese es mi sueño. Lo he ofrecido y sugerido en muchos sitios, pero no sé porqué no ha sido posible hacerlo. Aquí en Hatillo y en mi Mayagüez. Quiero enseñar a componer la plena porque ya casi no tenemos compositores. Es necesario para que no se muera la plena. Los números al estilo de Bun Bun, Kako Soler, Rafael Cepeda, Montse García y don Ramón Rivera Alers, el papá de Mon, ya no se encuentran”, concluyó.

Sus restos están expuestos en la Funeraria Amador en Hatillo. Esta noche se celebrará un plenazo a su memoria.

El Rey de la Plena será sepultado mañana a las 11am en el cementerio municipal de Hatillo.

Descanse en Paz.


			
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