Freddie Miranda Jr.: un coquí allende los mares

Por Rafael Vega Curry
Fundación Nacional para la Cultura Popular

La vida suele llevarnos por caminos inesperados. Un excelente ejemplo de ello lo es Freddie Miranda Jr., hijo del saxofonista del mismo nombre que ha sido, durante años, uno de los pilares de El Gran Combo (así como lo fue antes del Apollo Sound y de la orquesta de Bobby Valentín).

Hawai es su actual lugar de residencia, donde coincide con una comunidad boricua amante de su cultura. (Foto suministrada)

Interesado en la percusión, no en el saxo, Miranda Jr. tenía “una carrera cómoda” dando clases en la Escuela Preparatoria del Conservatorio de Música cuando su vida dio un vuelco, al unirse a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Sus nuevos horizontes incluirían radicarse en Asia durante años y unirse a orquestas sinfónicas, sin olvidar la salsa y el jazz latino que lleva en su corazón. “Dios te pone donde te quiere poner, en el momento que te quiere poner”, expresa el músico.

Maestro tanto de la percusión latina como de la sinfónica, jovial y comunicativo, Miranda Jr. le contó su vida a la Fundación Nacional para la Cultura Popular a través del teléfono y el correo electrónico. Hoy está radicado en Hawai, desde donde viaja al mundo entero y donde, según dice, “hay una comunidad unida de puertorriqueños y no faltan los bacalaítos y las alcapurrias”. También contó que con frecuencia compite de manera amistosa con su propio padre, a ver quién viaja más, representando nuestra música en escenarios de todo el planeta. “Los otros días hablamos; él estaba en Colombia y yo en Guam”, dice entre risas.

– ¿Cuál es tu primer recuerdo musical de tu vida?
Pues mira, honestamente, desde que tengo uso de razón he estado conectado a la música. Mi papá, desde que era yo muy pequeño, me llevaba a muchos de sus ensayos y grabaciones. ¡A mí me encantaba! Recuerdo que me llevaba a los estudios y me sentaba en una esquina, al lado de él, en una silla o en el piso, con unos audífonos, y yo me quedaba calladito escuchando lo que pasaba. A medida que fui creciendo, entonces fue más frecuente, ya que podía ir a más actividades. Siempre estuve entre muchos músicos en Puerto Rico. Creo que en ese sentido, estuve bendecido desde el principio.

Quien lo hereda no lo hurta. He aquí al percusionista con su progenitor, el saxofonista don Freddie Miranda padre. (Foto suministrada)

– ¿Tener un papá músico te ayudó a definir tu vida?
Tanto así como “definir mi vida”, en su totalidad, no creo, pero definitivamente, tener el papá que he tenido fue sumamente influyente en mi decisión de hacer de la música mi modo de ganarme el pan. Entre las cosas que más me impactó desde un principio fue lo respetado que era (y es) entre sus colegas, y su reputación de profesional en todo el sentido de la palabra. Pero más que nada, el viejo siempre me inculcó “desde el saque” que hay que ser “gente primero que músico”. Si vamos a hablar de “definir mi vida”, creo que eso fue más importante que el aspecto artístico. La gran mayoría de las decisiones importantes que he tomado en mi carrera han pasado por sus oídos y, hasta ahora, sus consejos no me han fallado. ¡Ese tipo está fuera de liga!

-¿Cuáles son tus músicos favoritos?
¡Definitivamente Freddie Miranda es el primero en la lista! Después de él, hay muchos, de la vieja guardia y recientes (amigos personales incluidos). En la percusión: mi primer maestro, Tony Sánchez Jr. Mi primera influencia en el timbal, Edgardo Morales (QEPD), así como Giovanni Hidalgo y Tito Puente. También siempre he sido admirador de José Luis Quintana, Changuito. De los percusionistas nuevos, que tengo el honor de contar con su amistad, admiro mucho a mi hermano Luisito Quintero, al primo Robert y a Robert Vilera. También de Venezuela admiraba mucho a otro hermano que ya no está con nosotros, Douglas Guevara. Grandes hermanos musicales a quienes considero mis hermanos, ya por muchos años. Hay otros colegas amigos en Puerto Rico que también cuentan con mi admiración, entre ellos Tito de Gracia, David Rosado y mis hermanos de crianza (prácticamente) Richie Flores y Kachiro Thompson. Soy también muy admirador del trabajo de los bateristas Steve Smith, Peter Erskine y Benny Greb.

El talentoso percusionista ha podido expresar su arte tanto en el campo civil como militar. (Foto suministrada))

– ¿Cómo te involucraste en la milicia?
Llevo 11 años y medio tocando para la banda del United States Air Force. Comencé mi carrera con el Air Force en 2006, en el USAF Band of the Reserve en Warner Robins, Georgia (cuatro años y medio). De ahí, pasé al USAF Band of the Pacific-Japan (seis años) y actualmente llevo un año con el USAF Band of the Pacific-Hawaii. Hasta ahora he podido mantener ambas carreras musicales (la civil y la militar). Entre los viajes que hice mientras estaba en Puerto Rico y lo que he hecho los pasados 11 años, he tenido el privilegio de pisar el planeta entero, literalmente. Ha sido un reto, pero hasta ahora hemos podido hacerlo. Mientras Dios me dé la salud, vamos pa’lante.

– También has estado involucrado con la música sinfónica. ¿Cuán diferente es tocar música sinfónica en comparación con la música popular?
En la música sinfónica, en mi opinión, la función del percusionista es más estructurada. Básicamente, las reglas son las reglas. Lo que está en la partitura es ley. Es retante, ya que la percusión en ese género abarca muchos instrumentos, y todos tienen su propia técnica y estilo, y eso se respeta. Como parte de mi formación, me sirvió inmensamente para desarrollar musicalidad y sensibilidad, además de conciencia a la hora de leer a primera vista o interpretar cualquier partitura musical. En el caso de la música popular, hay más libertad de expresión personal. Uno le pone el “sazón” de uno. Pero creo que tener los dos “backgrounds” es fundamental. Desde que empecé en la música, una de las cosas que siempre escuché decir a mi padre es que “hay dos tipos de música: buena y mala”. A casi 30 años de carrera musical, puedo decir que estoy totalmente de acuerdo con él.

Freddie vivió seis años en Japón. (Foto suministrada)

– Has pasado una parte reciente de tu vida en Asia. ¿Cómo se siente vivir en una cultura tan distinta?
Tuve el privilegio de vivir seis años en Japón: de julio del 2010 a julio del 2016. Desde allí, me presenté en todo Japón y por todo el Pacífico: Corea, Guam, Brunei, Indonesia y Australia. Actualmente estoy en Honolulu, Hawai. Sobre los japoneses, te diré que es increíble. Vivir allí ha sido, sin lugar a dudas, el punto más alto de mi carrera musical. Esa gente y su cultura son otra cosa. Muy apreciativos de todo tipo de arte. Muy educados y respetuosos. ¿Los músicos? ¡Súper aplicados! ¡Allí hay gente que toca salsa y música latina tan bien como cualquier latino! Aun así, es un reto vivir en una cultura así, ya que tienen muchas reglas milenarias y yo siempre he sido muy exigente conmigo mismo. Salgo a la calle siempre pensando que estoy representando mi bandera, mi gente, y lo último que quiero hacer es algo que no nos represente bien. Así que tratar de aprender esa cultura para poder mezclarla con lo que soy, fue lo que hice. Ellos lo recibieron muy bien, al punto de que tuve el privilegio de tocar y grabar con los mejores grupos de salsa en Tokío (Salsa Swingoza, de Gen Ogimi, quien fuera fundador de la Orquesta de la Luz, y uno de los mejores percusionistas que he conocido en mi vida). Una de las experiencias más impactantes para mí durante ese tiempo fue el temblor de marzo del 2011. Si fue impresionante el fenómeno, más impresionante fue ver el proceso de recuperación del país y la actitud hacia la vida que asumieron. Fue tremenda lección de vida para mi familia y para mí.

También, después de eso, como parte de mis funciones como músico militar, tuve la oportunidad de participar en eventos voluntarios para ayudar a la comunidad, no solo como músico, sino llevando ayuda y abastos a los necesitados y sobrevivientes. Cuando anuncié que mi tiempo en Japón terminaba, se organizaron tres conciertos en Tokio para despedirme, uno con Swingoza en Motion Blue, Yokohama; otro en Blues Alley, con la flautista Rie Akagi; y otro en un lugar llamado “Bodeguita”. Este último fue más una fiesta de pueblo que otra cosa. ¡Todos llenos! Recientemente regresé y me presenté como artista invitado en dos lugares, y en un club con un grupo mío: lleno total otra vez. Veo esas cosas y no lo creo aún. A veces me da un poco de sentimiento el hecho que me haya esforzado tanto, todos estos años, y en mi país no se sepa o por la razón que sea no se le haya dado cobertura, pero bueno, nadie es profeta en su tierra. Yo cumplo con representar y hacer lo mío. Soy músico porque me gusta mi profesión. ¡Amo mi islita y para mí eso es lo que cuenta!

La producción de Bobby Valentín de 2002, ” Vuelve a la cárcel”, es una de las grabaciones en las que participó Miranda. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

– De las grabaciones en las que has participado, ¿de cuál o cuáles te sientes más satisfecho? ¿Consideras hacer una grabación a tu nombre en algún momento, ya sea de salsa, de jazz latino o cualquier otro género?
Hay varias grabaciones a las que les tengo un cariño especial: el disco de Bobby Valentín “35 Aniversario en el Oso Blanco” es uno de ellos. ¡Tremendo trabuco ahí! Grabé en un disco de Tommy Olivencia llamado “Vive la Leyenda”. Me gustó mucho lo que hicimos ahí también. Otro que me gustó mucho fue “Café con leche y dos de azúcar” con Luis Perico Ortiz, y “The Promised Land (Isla del Encanto)” de Rie Akagi. También grabé en el disco “50 Aniversario” del Mario Ortiz All Star Band. Ahí hice dos temas, desde Japón. Sobre una grabación mía, tengo varios temas grabados y estoy en proceso de terminar ese proyecto. ¡Tiempo es lo que necesito! El disco es de géneros variados. Tiene un poco de todo: latin Jazz, salsa, música americana y estoy analizando hacer un par de mezclas de géneros musicales. También quiero grabar un dúo con mi papá. Definitivamente, tengo varias metas y sueños que realizar todavía, entre ellos tener un instrumento con mi firma/nombre, pero definitivamente tener mi producción terminada y en el mercado, y por supuesto, que mi propuesta sea del agrado del público. Estuve en Puerto Rico el pasado verano de visita y la mayoría de la gente, y muchos de los compañeros músicos me hicieron esa pregunta. Estoy bregando con eso aquí en Hawai dentro del poco tiempo libre que me queda. Definitivamente es algo que tengo que terminar, y espero que sea pronto. Veremos a ver qué pasa.

– ¿Vienes a Puerto Rico con frecuencia?
Cuando estaba en Japón, se me hacía bien difícil. Fui dos veces en seis años, para atender asuntos familiares exclusivamente. Ahora que estoy en Hawai es un poco más fácil. Estuve por allá en verano y anterior a eso fui un año antes. En esta última visita, pude verme con algunos amigos, especialmente durante la grabación de dos videos en los que estuve como invitado por Manolito Rodríguez y Kachiro Thompson, para la firma de percusión y platillos MEINL Percussion, a la cual ya llevo 23 años representando. Tengo planes de volver en la Navidad del 2018. No paso una Navidad en Puerto Rico desde que me fui. ¡Me hace falta!!!

Freddie, en uniforme de la Fuerza Aérea, comparte sus conocimientos musicales con un niño japonés. (Foto suministrada)

– ¿Cuáles son tus proyectos más recientes?
En menos de un año de estar en Honolulu, ya tengo mi propio grupo/proyecto musical, llamado “The Freddie Miranda Jr. Quintet” y nos han recibido muy bien localmente. Tocamos salsa, latin jazz y un poco de música latino-americana. Modestia aparte, cuento con un excelente grupo de músicos, y estamos comenzando a trabajar bastante consistentemente. Veremos a ver cómo se sigue desarrollando la cosa.

De mi corazón, les envío un saludo súper afectuoso y de hermandad a mis amigos, mi familia y mi público, de parte de un jibarito que está haciendo lo mejor posible por ser mejor ciudadano y representar bien a Puerto Rico. Todos mis instrumentos tienen una bandera boricua, con mucho amor y mucho cariño. Mi sueño es poder disfrutar mi retiro en Puerto Rico, que es a donde pertenezco.

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