Emociones apretujadas

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Siempre estuvo muy apegada a la palabra.

Jugaba a escribir y con el tiempo lo tomó en serio porque el dominio del verbo la ayudó a emigrar a la canción, naciendo la cantautora poco después de que le regalaran su primera guitarra.

Carátula de la nueva producción discográfica “La otra ruta”. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Hoy, Lizbeth Román se afianza tras 10 años en la escena independiente con el lanzamiento de su primer cd “La otra ruta”, grabado en vivo con su banda Los Duendes Invisibles durante su primera gira por Nueva York.

La chica que, con su guitarra a cuestas, cantaba en los café, pubs y barras de Río Piedras, debutó profesionalmente con la grabación de la composición “Borinqueña revolucionaria” del cd “Betances suena así”, banda sonora del documental fílmico “El Antillano”.

Luego lanzó el sencillo “La bruja” y desde entonces su carrera ha sido ascendente por la originalidad de su proyección como cantautora y guitarrista.

“Con ‘La bruja’ inicié ‘La vuelta insular’, visitando los 78 pueblos en un tiempo determinado para crear comunidad y estrechar lazos culturales. Es como una cartografía de mi visión como cantautora de Puerto Rico”, dijo Lizbeth, que al presente ha visitado alrededor de una treintena de pueblos.

En el ínterin, viajó por primera vez a Nueva York para cantar en los festivales Loisaida y Mezcolanza, invitada por Helen Ceballos.

Allá, durante 2016, grabó el disco “La otra ruta”, cuya promoción inicia con esta primicia a la Fundación Nacional para la Cultura Popular, en cuya tiendita se consigue al igual que en Claridad y en su muro en Facebook.

Con el álbum en su mochila, ahora reanuda la serie de presentaciones “La vuelta insular” con el beneficio de la experiencia acumulada en clubes como Subrosa, Camarada, Sugar Cane y otros de Nueva York y Filadelfia.

“La actualidad de ‘La vuelta insular’ es habitar los festivales, cafés, pubs, universidades y los espacios públicos. En Corozal nos montamos en la plaza y ahí estuvimos y lo grabamos en vivo. La personalidad de ‘La vuelta insular’ es bastante híbrida porque se trata de crear lazos y descentralizar la actividad del área metro”.

Foto promocional de Lizbeth Román y Los Duendes Invisibles. (Suministrada)

El motivo de sus composiciones “Me voy”, “La marea”, “Pom pom”, “Cierra el baúl”, “Mangó” y “Bolero saltarín”, entre otras, es la cotidianidad.

En esa realidad se apretujan sus emociones. “En ese ‘todos los días’, recoges el insumo de distintas emociones y sentimientos, de lo que sucede a mi alrededor y lo que sucede conmigo a nivel interno. La temática es como la vuelta de lo cotidiano”.

Aunque la música es música, Lizbeth reconoce que la industria insiste en las etiquetas, pero rechaza las clasificaciones. Eso de “poeta de vanguardia” no va con su propuesta.

“No me gusta entrar en cajitas. Lo que sé es que hago las cosas con mucho amor y pasión. Sí me gusta experimentar con aires musicales y maneras en la palabra. No sé si me toca escoger una caja. Yo soy y de ahí en adelante todas las posibilidades”.

Musicalmente, Lizbeth admite el eclecticismo de la música de Los Duendes Invisibles, evidente en tonadas acústicas de blues, hip-hop, bolero, rock y hasta salsa. “Es una mezcla a nivel musical. Rumba flamenca, el bolero… Digo que es como un sancocho caribeño. Nosotros como Isla y caribeños estamos intervenidos por tantas culturas y músicas que creo que nos estamos mudando a otras maneras de comunicar musicalmente. No lo busco, es como se da”.

Y con afecto agradece el aporte de sus músicos, los percusionistas Enrique “El Peru” Chávez y Andrés “Kino” Cruz, el bajista Ariel Robles y, para efectos de la grabación, su ingeniero de sonido Néstor Salomón.

“Vienen con su bagaje musical y estilos. Cuando estamos tocando se da esa cuestión amarradita, pero no forzada porque eso es parte de ser caribeños”.

La cantautora al momento de presentar oficialmente el vídeo musical del sencillo “La bruja” en la Casa Ruth Hernández. (Foto Boricuas Así Somos)

Si de algo sí está clara es de su identidad como cantautora. Eso no se lo quita nadie. Lizbeth es parte del movimiento de cantautores posmodernos.

“Siempre ando con la guitarra al cuello. También la manera de acercarse al movimiento de cantautores, que ha cambiado. Al menos, yo exploro otras maneras musicales y poéticas de dialogar sobre lo que pasa en mi país y conmigo”.

Lizbeth es una cantautora de carne y hueso; no de plástico ni de plasticina. Vive. Ama. Sufre. Existe y es. “Hay crisis, preguntas, cuestionamientos, posturas y todo eso, en conversación con el exterior y en conversación conmigo”.
Es genial su manejo del refranero popular, la jerga del País y el enfoque temático de sus composiciones, que describe como “sub textual”, con la salvedad de que no se mantiene al margen de la política.

“La canción ‘La bruja’ parecería que estoy hablando de una experiencia personal, pero también habla de Puerto Rico. Yo le tengo miedo a que sigan pasando los años y que Puerto Rico se quede como si no sucediera nada. Cruzo la frontera de lo político, del amor y lo social. Nos toca esa responsabilidad de comunicar y establecer diálogos y materializar lo que está pasando. Hay que repensar y re-proponer lo que es el concepto de lo que es político”.

También es valiente, arriesgada e innovadora pues pocos artistas debutan con un disco en vivo. “Es un retrato claro de un momento en el que te presentaste y la música es esa foto, de ese ‘performance’. Me parece hermoso y creo que es lindo aceptar el error cuando uno mete el acorde donde no es. Estamos en una sociedad en la que nos empujan tanto lo perfecto y hay que tener cuidado porque no somos perfectos. En vivo me permitió expresarme tal cual soy. Ahí sueno yo como loca, como estaba en ese momento. Y se siente. En estudio es otro espacio para experimentar otras cosas y eso también es hermoso”.

Con el álbum en su mochila, ahora reanuda la serie de presentaciones “La vuelta insular” con el beneficio de la experiencia acumulada en clubes del Norte. (Foto Daniel del Río Jiménez)

Graduada del Departamento de Drama de la UPR, la cantautora y teatrera viajará en estos días a Chicago para una función en que varias voces musicalizarán poemas de Charles Baudelaire.

Lizbeth, a quien no le molestaría que la apoden La Bruja, resaltó el diseño de la artista Marili Pizarro, que enfatiza en signos místicos, pero de mucho colorido.

“El disco se llama ‘La otra ruta’ porque habla de las otras formas de llegar, de estar y los otros caminos. El artista independiente de cualquier disciplina tendría que ser sincero consigo mismo. Cada proyecto tiene su propia ruta. Estar en la escena independiente supone reinventarse, pero sin seguir la norma establecida. Por eso se da el diseño de las cartas del tarot y todo ese misticismo”.

Convencida de que su primer disco debe generar el suficiente capital para grabar un posterior álbum de estudio, Lizbeth, La Bruja anuncia dos presentaciones sumamente importantes: el 22 de agosto en el Museo de Arte Contemporáneo y el 30 en la Casa Cultural Ruth Hernández en Río Piedras.

“El museo no es un espacio frío. Se abren diálogos multidisciplinarios, con invitados del arte. Lo del 30 es un ‘listening party’. Van a poner el disco y tendremos un conversatorio. Ambas actividades comenzarán a las 7:00 p.m.”

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