Se marcha Ketty Cabán

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Punteaba las cuerdas de cada guitarra que encontraba a su paso sin sospechar que en pocos años sería reconocida como una de las compositoras de filin más respetadas de Hispanoamérica.

La compositora recibe el abrazo de su amigo Dean Zayas, la noche del lanzamiento de la producción “El placer fugaz del amor”. (Foto Yeisa Morales para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Ketty Cabán, mujer que siempre le arrancó suspiros e inspiraciones al amor, murió ayer, tras convalecer durante poco más de un mes en un hospital de San Juan.

Es una de las grandes plumas de América, al nivel de Sylvia Rexach, Myrta Silva, Puchi Balseiro y de compositoras extranjeras como Consuelo Velázquez e Isolina Carrillo.

Con su fallecimiento, cae el telón de una época de compositoras puertorriqueñas que se acercaron al bolero con originalidad y sentimiento especial. Las Reinas del Filin: Ketty, Sylvia, Puchi y Myrta. Cuarteto genial de féminas que antecedieron – y abrieron puertas – a las jóvenes que como Kani García, Nore Feliciano e iLe se expresan libremente en el cancionero popular de hoy.

“Angustia” es el bolero más trascendental de su repertorio, el cual es predominantemente filinístico, aunque no faltaron en sus creaciones pasillos, romanzas y canciones concebidas en el idioma de Shakespeare, como “Beyond My Night” y “Haunted”.

“A los 13 años mi hermano de crianza Rafael Martínez me enseñó a tocar los primeros acordes en la guitarra, pero no fue hasta que pude escuchar las canciones de Sylvia Rexach que me motivé a escribir”, dijo la versada compositora durante una pasada entrevista con este periodista.

Ketty junto a la cantante Bertha María y el productor musical Amaury López Jackson durante la grabación del disco en su honor. (Foto Yeisa Morales para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Su nombre verdadero era Rafaela, pero la actriz y cantante Marta Romero la nombró Ketty.

Tras descubrir la magnitud del espíritu creativo de Sylvia a través de la composición “Di corazón”, que popularizó José Luis Moneró, Ketty conoció a la autora de “Olas y arenas”, a quien siempre describió como a una hermana.

“La música de Sylvia invitaba a uno a jugar con los acordes y a experimentar con nuevas combinaciones”, señaló Ketty, quien se desarrolló en la misma época de Sylvia, Myrta y Puchi Balseiro, sacerdotisas del filin.

Para ella el filin rompió con los esquemas del bolero tradicional para exponer a los románticos a una canción de amor de un movimiento más flexible, con acordes del jazz y el blues.

“Era otra época”, evocó Ketty embriagada por la nostalgia.

“Todo era distinto. Aquellas noches a la orilla de la playa, las serenatas, las guitarras, Los Hispanos, Tuti Umpierre y todo el mundo. Ya no es lo mismo. Vivimos encerrados por la criminalidad. ¿Quién se atreve a ir a cantar a la playa en la medianoche?”, cuestionó Ketty, quien en Nueva York trabajó con Las Damiselas de Sylvia.

En 2007 compartió con las trovadoras Lenny Jeannette Adorno y Victoria Sanabria en una edición especial del programa “De tal palo”. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

En las décadas del 50, 60 y 70 sus composiciones resonaron en América a través de las voces de Los Hispanos, Gilberto Monroig, Xiomara Alfaro, Lydia Sosa, Renée Barrios, Tito Lara, Leonel Vaccaro, Ednita y otros grandes intérpretes.

Pero, desmoralizada por la violación a sus derechos de autor, Ketty se alejó del ambiente, no sin antes gestionar el retiro del mercado del disco de la cantante Xiomara Alfaro, editado por Seeco, que incluyó su composición “La carreta”.

“Tristemente lo tuve que parar porque la Seeco (disquera ya desaparecida) no le pagaba regalías a nadie”, sostuvo.

El catálogo de Ketty Cabán, de 88 años, se compone de cientos de canciones inéditas. Pero al momento de la entrevista no estaba afiliada a una sociedad de derechos autorales. De hecho, Ketty demandó a la editora Peer International y a parte de sus subsidiarias por alegado incumplimiento de contrato.

“La situación del compositor no es nada fácil con las disqueras. ‘Angustia’ (compuesta hace 67 años) la han lanzado al mercado varias veces, y yo no he recibido $75. La grabaron Los Hispanos tres o cuatro veces; la grabó Gilberto Monroig tres veces. También se grabó en Venezuela. Imagínese lo que es recibir un informe que dice: ‘Angustia: 75 centavos’. Mejor es no recibir nada porque eso ofende”.

La compositora utuadeña fue entrevistada por Rafael José en el canal 40. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Ketty, la primera mujer que se desempeñó como gerente de un hotel del Condado y quien, motivada por su vocación periodística, fundó y dirigió durante 11 años el quincenario El Interrogador junto a su hija política Fátima Seda-Barletta, también resentía que los locutores de radio no reconocieran los créditos de los compositores.

“Antes en la radio se mencionaban los nombres de los compositores y los intérpretes. Hoy la importancia se la dan al cantante y duele escuchar una canción original sin que mencionen tu nombre”.

Ketty nunca vivió de la música. Pero le entristecía que no se reconociera a los compositores como correspondía. A pesar de ser una autora de renombre, su carrera prácticamente pasó inadvertida por las nuevas generaciones. Al hablarse de compositores boricuas, muchos mencionan a Sylvia, Puchi y Myrta, ignorando que Ketty es parte de ese selecto núcleo.

La artista, oriunda de Utuado, consideró que se le hizo justicia con el lanzamiento del disco de filin “El placer fugaz del amor”, interpretado por la también fallecida Bertha María en una producción de Javier Santiago para la Fundación Nacional para la Cultura Popular.

El álbum, arreglado por el igualmente fenecido Amaury López Jackson, incluyó una nueva versión de “Angustia” y el estreno de la canción inédita “Oye tú”.

Los cantantes Abdiel Reyes y Goldie Cruz reconocieron a Ketty Cabán en 2013 en una velada musical en el Viejo San Juan. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Javier me dio vida, esa es la verdad”, comentó entre lágrimas Ketty en aquella entrevista.

Tras el lanzamiento de la obra discográfica, varios reconocimientos se dieron a la utuadeña como fueron el de la Asociación de Coleccionistas de Música Popular (2004) y APAMI (2005), Proclama de la Cámara de Representantes, homenajes radiales en emisoras como Oro 92.5 y estrenos de su composición “Ramona” en cantatas del Coro UPR de Cayey por sopranos como Claribel Rivera y Tamara Escribano.

Pero la compositora, quien entonces comenzaba a estructurar un cancionero de contenido social, no olvidó dedicar la obra discográfica (seleccionada por El Nuevo Día entre las 20 producciones de 2004) a la inolvidable Yeyita Cervoni.

“Fue mi gran amiga; una persona que extraño mucho. Quiso tanto ver un disco así y no logró verlo. Fue un gran ser humano; algo distinto…”

Sus ojos brillaban cuando evocaba el recuerdo de Yeyita, la encarnación del amor en amistad; ese que nunca se desvanece, a pesar de los caprichos del tiempo.

Ketty, Fátima Seda Barletta y Bertha María comparten con miembros de la APAMI en un acto de reconocimiento celebrado en 2005. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“El amor siempre es el mismo. Los años no lo cambian. Gracias al amor, somos. Es maravilloso, no hay edad, porque el amor no tiene edad”, apuntó en aquella tarde mágica en la que tantos recuerdos compartió con nosotros.

Ayer en la tarde Ketty Cabán entró a la inmortalidad… Pero antes de marcharse esta amiga de la sinceridad y la sencillez supo llevarse entre sus recuerdos un último reconocimiento: el que le otorgó su pueblo al ser exaltada al Salón de la Fama de la Música Puertorriqueña el pasado marzo, en un concurrido acto celebrado en el Teatro Francisco Arriví de Santurce.

Marcha en paz, querida Ketty… Con nosotros queda tu recuerdo y tu música.

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