Pirulo: ‘Hay que tener integración con el pueblo’

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Pirulo pensaba que estaba destinado a vivir modestamente de lo que ama: entrarle a palos a los timbales, la campana y al ‘chichipó’.

Jamás imaginó que Dios le reservaría las bendiciones que han cambiado su vida y la de su familia desde el lanzamiento de su primer disco “Calle Linda” y que ahora se multiplican con su nueva grabación “Calle Linda 2”.

Carátula de la segunda producción discográfica de Pirulo y La Tribu. (archivo Fundación Naional para la Cultura Popular)

“Yo trabajé mi primer disco solito, con los músicos, aparte de una gente que me dio la mano”, afirmó el creador de “Loco, pero feliz” en entrevista con este periodista.

“Esto fue a Pulmón Records, como se dice. Pero los medios radiales y la Prensa me han dado mucho amor, hasta más del que esperaba. Hubo emisoras que me ‘picharon’ y luego reconocieron que mi labor es seria y mucho más que un muchacho que trató de montarla en la salsa con un cuento chino. Hasta el sol de hoy tengo que alzar las manos y agradecerle a Dios y a la gente por su respaldo”, dijo Pirulo, quien se presentará con La Tribu el domingo 25 de junio en El Aniversario de la Salsa de Salsoul en el estadio Paquito Montaner de Ponce.

Francisco Rosado “Pirulo”, un fenómeno de la salsa posmoderna, le ha impartido voz al barrio, como seis décadas atrás lo hicieron Rafael Cortijo e Ismael Rivera.

La Tribu, de algún modo, evoca al Combo de Cortijo y a El Trabuco de Francisco Bastar “Kako”. Su intención no es emular a sus predecesores. El dinamismo y la espectacularidad de su proyección escénica, sus inseparables gorras, el “blin-blin” y sus pasos en torno al timbal capturan la atención de las masas.

“Las cosas surgen por necesidad. Conozco al personaje de Cortijo y a otros héroes nuestros. No pertenezco a su generación. A la hora de hacer mi proyecto no traté de copiar nada. Pienso que en un momento las orquestas estaban sentadas y llegó un momento en que, por necesidades sociales, tuvo que empezar a suceder otra cosa. Esa fue la necesidad que me llevó a desarrollar el concepto de tener siete gatos, como decimos, para que se aprendieran la música y fuéramos a la calle a presentar otra cosa, sin que toda la presentación no se te fuera leyendo de casilla a casilla, repitiendo. Hay que tener integración con el pueblo y hay que sudar”.

El fenómeno de Pirulo también tiene una explicación sociológica. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El fenómeno de Pirulo también tiene una explicación sociológica. Es como el hijo de cualquier vecino de la urbanización o la comunidad de clase media: sencillo, común y corriente. No alardea de su fortuna y mantiene los pies sobre la tierra.

“Somos una islita, pero somos grandes en corazón. Somos gente bien clara en entender quién nos miente o no. La gente sabe que soy sin misterio. Me han visto sudar la gota gorda. Saben que mi trabajo no es de mentira y que soy como su familia, de verdad. Así me siento y así trato a la gente, como si la conociera de toda la vida. La gente ha recibido eso y es un cariño recíproco. Ahí nos mantenemos en el ‘ping-pong’ con mucho amor”.

Otra particularidad de la propuesta de Pirulo es la energía que destila en tarima. Su salsa con timba; sus montunos, sus giros rítmicos y los golpes de timbal exacerban los ánimos y la gente baila liberada.

“Es nuestra música. Lo que estoy es dándole continuidad a un trabajo que nos ha dado gloria mundialmente. Lo que estoy es metiéndole el pecho con el alma para mantener ese legado, haciéndole a mi fuerza, con mi realidad de 2017. Si Tito Puente estuviera vivo, a los 90 años le daría duro al cuero y se lo viviría”.

El otro secreto de su éxito es el contenido de sus composiciones. Sin fantasmeo, va al grano, tocando la fibra del pueblo que enfrenta la crisis actual, con un discurso optimista y esperanzador que enfoca en “Vida loca”, “Fulete” y “Sigo en la brega”, de su “Calle Linda 2”.

En 2014 su debut discográfico fue distinguido por la Fundación Nacional para la Cultura Popular. (Foto Javier Santiago / F.N.C.P.)

“Hago música para todo el que está vivo. La esencia del guaguancó, como decimos, es el pueblo. Es sentirnos bien en el alma, con la gente de la calle y de la masa. Para ellos es que trabajo. Mi disco nuevo es reflejo de la cotidianidad. Hay que bregar. Hay que levantarse. Hay que sonreír. Hay que meterle mano a la vida. Nadie dijo que era fácil. Es un momento histórico como el que me tocó vivir ahora en mi país, es una manera de aportar desde mis zapatos y tenis como un obrero de la música. Esto le aplica al albañil, al artesano y al cocinero. Eso nos aplica a todos”.
Al ampliar su reflexión, Pirulo añade que la calle es su vida; lo único que conoce, su suelo, y el lugar donde mejor puede existir.

“Soy de San José, de El Embalse, de Manuel A. Pérez, de Gladiolas, Las Monjas y Cantera. Soy de Borinquen. Vengo de eso. Cuando hice mi proyecto ya sabía que había un estigma hacia la calle, que se piensa que de allá es el ‘titerismo’ y lo malo. Se hablaba muy poco de las cosas bonitas del barrio, del caserío y de la gente que se quema el cuero todos los días madrugando y trabajando. Yo represento eso y saco la cara por esa gente que no tiene voz”.
La promoción de “Calle Linda 2” apenas comienza. Si bien su gran reto, cuatro años después, era innovar musicalmente, Pirulo ha sorprendido echando mano al folclor y grabando “Yo soy aparte”, una plena original, bien caliente, al estilo de La Tribu.

“Es un tema que me gusta mucho. Es nuestra música. Es parte de la responsabilidad que tengo: mantener lo nuestro vigente, dándole color y vida, con brillito a lo que ya tenemos de valor porque hay muchas cosas valiosas en Puerto Rico. Ojalá podamos seguir haciendo plenas, aguinaldo, seis chorreao y todo lo que tenga que ver con nosotros”.

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