Madera en ‘Una perspectiva azul’

Por Rafael Vega Curry
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Hay muchos motivos que habitan en las composiciones del joven cantautor puertorriqueño Fernando Madera: el amor a la vida y su lado positivo; el mar y las playas de su pueblo natal; el descubrimiento de sí mismo, con sus fortalezas y debilidades.

El cantautor Fernando Madera trabaja en el lanzamiento de su nueva producción discográfica “Una perspectiva azul”. (Foto suministrada)

“Me inspira trabajar con el mar, la playa, porque me crié jugando en las playas de Manatí, eso es parte de mi lenguaje”, dice el guitarrista y compositor. “Hablo de sal, de arena, de agua constantemente. Así he ido definiendo mi crecimiento como cantautor”.

“La música me lleva a lugares a los que no pudiera acceder de ninguna otra manera”, afirma. “Es como un llamado a conectarse a meditar. Conversar con tus compañeros pero a través de los instrumentos. La música se vuelve espacio de diálogo y de entendimiento. Aprendes a bajar tu ego y a fluir de manera conectada con los demás. Uno se vuelve una persona más receptiva y más capaz”.

Todo ello confluye en “Una perspectiva azul”, su segundo disco, que estrenó hace algunas semanas con buena acogida de la crítica. Es un trabajo, como su nombre sugiere, con marcadas influencias del “blues” (de ahí el “azul” del título) y el jazz, que aderezan y dan vida a sus versos musicalizados. Un álbum que le canta al amor, al sentimiento, a la expresión del ser, con la personalidad propia de un músico que sabe lo que quiere y hacia dónde se dirige.

Según cuenta en entrevista con la Fundación Nacional para la Cultura Popular, Madera ya estaba escribiendo sus primeras canciones a los 14 o 15 años. La vena le viene de su familia: su abuelo tocaba la marimba, la guitarra y el güiro y además era trovador. A su padre le encanta la bohemia y su madre canta. Entre sus primeros recuerdos figuran el de “ver a mi madre cantando y mi padre acompañándola en la guitarra en la sala de la casa”.

Comenzó a estudiar Arquitectura en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, pero la arquitectura que realmente llevaba en el corazón era la de las melodías, las armonías y los versos. Inspirado por Fiel a la Vega, Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina, Pedro Guerra, Jorge Drexler y, en el plano local, Mikie Rivera y Fernandito Ferrer, inició sus estudios de música en el Recinto Metro de la Universidad Interamericana y a tocar por propinas en restaurantes de la zona metropolitana. En el club Kantares, en El Señorial, fue perfeccionando a partir de 2007 sus composiciones originales, así como “covers” de temas populares, junto con su amigo Jahir Rodríguez, que tocaba la flauta traversa.

En la producción, el joven cantautor aborda desde el jazz-bebop hasta el bolero filin y el swing. (Foto suministrada)_

También fue fundamental en su desarrollo el haberse integrado a una banda de reggae compuesta por estudiantes del Conservatorio de Música de Puerto Rico, tales como Andrés Ferreras, de Sr. Langosta, quienes le enseñaron conceptos teóricos que estimularon su curiosidad. Agradece además la amistad del guitarrista Héctor Meléndez, quien le ayudó a mejorar su técnica con acordes nuevos.

“Al principio me daba miedo, no sabía leer, era un reto”, manifiesta Madera. “Mi respuesta original a la música, mi primer instinto, era cantar. Pero me dije, ‘necesito una guitarra que me ayude a acompañarme’”. A medida que se iba preparando más, la gente respondía mejor, lo que lo motivaba cada vez en mayor grado.

Durante sus años de estudio, viajó mucho a República Dominicana, para presentarse en clubes de jazz y el Palacio de Bellas Artes, donde tuvo contacto no solo con músicos, sino también con pintores, escritores y escultores. Ahí tuvo la primera idea de hacer un disco conceptual.

“Me percaté del patrón que había en las composiciones que estaba haciendo. Había mucha influencia del blues”, asevera. Así surgió “Una perspectiva azul”, con temas que incluyen estilos como el jazz-bebop, el bolero-filin y el swing. “Tumbemos las cortinas”, por ejemplo, tiene un segmento de “foxtrot”. Abundan los solos de guitarra y piano en el disco. Y “Todo va a pasar”, así como “Vendaval”, son blues puros.

“Me encanta (el genial guitarrista de jazz) Wes Montgomery”, comenta el cantautor, “su lenguaje, sus líneas, sus ideas infinitas. También me enamoré de Miles Davis y transcribí algunos de sus solos en guitarra. Tengo un amor especial por los trompetistas, como Louis Armstrong y Chet Baker, así como por maestros del blues como Muddy Waters, B.B. King, George Benson y Nat King Cole. Entre las voces de mujeres, prefiero a Billie Holiday y Ella Fitzgerald”.

Pero Madera no quiere limitarse a ningún estilo en particular ni rechazar influencia alguna. “Es curioso, cuando diseño mi música, pienso mucho en el dibujo. ‘Quiero trabajar algo que amarre por todos lados’, me dije. Para lo próximo viene otra cosa, no me quiero encajonar. Hay tanto lenguaje cruzándose, funk, salsa, jazz, que la gente ya no está buscando quedarse en una sola cosa. Pero detesto la palabra fusión, esto es un diálogo de géneros, una mezcla”.

Madera es partidario del “diálogo” entre géneros musicales. (Foto suministrada)

Entre los músicos que lo acompañan en el disco, destaca al baterista Antonio Rodríguez, “dinámico y abierto de mente”; al pianista Bienvenido Dinzey, “que produjo nuevas alternativas musicales”; a Angélica Kolsan, “protagonista en el bajo”; y al también bajista Manuel Rodríguez, cuyo trabajo fluye de manera natural y con un sonido potente.

En los vientos, agradece también la colaboración de la saxofonista Janice Maisonet, el trompetista Daniel Ramírez (“muy espiritual; la energía que trae al estudio te da tranquilidad”); Isaías Sánchez en trombón, Luis Flores en clarinete y Jahir Rodríguez en la flauta. “Son todos tremendos músicos y amigos”, asegura.

También tiene palabras de elogio para sus numerosos colaboradores, como René Burgos en acordeón; Omar Rodríguez en guitarra; Abraham Sánchez en congas; y Patricia Lewis y Abraham Dorta en las voces. Andrés Ferreras toca en uno de los temas, “con su propio lenguaje”. El dibujo digital que engalana la portada del álbum estuvo a cargo de Cristian Fuentes y el diseño lo hizo Gabriella Rodríguez.

“Una perspectiva azul”, explica, se grabó en tres estudios: el Estudio del Liceo de Arte y Tecnología en Hato Rey, bajo la dirección de Jacqueline Rivera y Hilton Colón; Spectrum Studios, de Kiko Hurtado; y un tema, “Para calmar tu llanto”, en Martirena Estudios, de Ramón Vázquez.

Es imposible que la difícil situación social que atraviesa Puerto Rico no afecte a un cantautor de su sensibilidad. Ante la pregunta de cómo evalúa el momento que vive el país, Madera manifiesta que “es una pena como se han aprovechado de nosotros con el paso de los años. Este país tiene un potencial que excede su realidad actual. Me parece que las alternativas que se están buscando nos van a echar años hacia atrás”.

“Me gradué de la Inter pero soy producto de la Iupi, me hizo entender el mundo. Lo más que necesita el país ahora mismo es reforzar su educación, que es lo que están atacando precisamente. Es triste la división e individualismo en este país. Tenemos los recursos para echar p’alante a Puerto Rico. Estamos mirando para afuera cuando lo que necesitamos lo tenemos aquí. Juntos somos más, siempre lo digo”.

(“Una perspectiva azul” está disponible en todas las plataformas digitales, tales como Amazon MP3, ITunes, CD Baby y Spotify. También lo estará en copias físicas a partir del día oficial de su lanzamiento, el próximo 28 de julio, en un local aún no especificado. Ese día será además el lanzamiento simultáneo del álbum del grupo Almas Band).

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