De bendición y gozo concierto de Mike Arroyo

Por Rafael Vega Curry
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Las dulces melodías de alabanza al Creador, interpretadas por un trío extraordinariamente bien integrado y con poderoso swing, dieron la nota dominante en el concierto “Bendiciones y gozo”, presentado por el Mike Arroyo Jazz Organ Trio la noche del pasado sábado en el Conservatorio de Música de Puerto Rico.

Combinando temas de góspel, himnos religiosos y composiciones originales –así como dos “clásicos” del repertorio puertorriqueño- el guitarrista vegabajeño ofreció un recital muy completo y agradable. Lo acompañaron dos grandes músicos de Nueva York: Brian Charette en el órgano Nord C2D, que recrea el sonido amplio del Hammond B3, y el baterista Vince Ector, a quienes se les unió el joven percusionista Nataniel Ramírez, estudiante del Conservatorio, en las últimas dos interpretaciones.

Como indicó el maestro de ceremonias, Joey Sala, al inicio del evento, el formato de trío le da más libertad a los músicos, pero a la misma vez aumenta el riesgo: si uno de los tres músicos falla en algún momento, se notará enseguida.

El grupo, sin embargo, demostró su total compenetración y elegante sonido desde el comienzo mismo del concierto, llenando el espacio de la sala Jesús María Sanromá desde los primeros acordes de “He decidido seguir a Cristo”, interpretado en estilo de blues. La “Doxología”, pieza del repertorio cristiano, le permitió a Arroyo lucir el tono dulce y fluido de su guitarra Gibson 335, así como su mezcla de influencias de grandes maestros, tales como Wes Montgomery y George Benson. Charette y Ector, por su parte, dejaron establecido muy pronto que son dos maestros en sus respectivos instrumentos y que se disfrutan su trabajo, a juzgar por la alegría de sus rostros.

Mike Arroyo y sus músicos hicieron honor al título del concierto que ofrecieron. (Foto Rafael Vega Curry para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Luego de tocar una swingueante versión de “Grande gozo” (“Sunshine in my Soul”), con un solo de órgano de abundantes ideas, el trío emprendió su interpretación de “Full Circle”, de la autoría de Arroyo. Esta fue una relajada “walking ballad”, o balada con cadencias de blues, en el que el guitarrista y compositor ejecutó una improvisación de notable desarrollo melódico.

A lo largo de todo el concierto, Arroyo y su grupo borraron las fronteras entre lo que constituye “jazz” y “música cristiana”, estableciendo cuán natural resulta la unión de ambos géneros. Así sucedió en una delicada versión de “Just a Closer Walk With Thee” y “La cruz de Jesús”, en los que Ector hizo gala de su incesante y sabroso fluir de ritmos, acentos y matices en su batería. En la segunda, ejecutó un solo formidable y lleno de gozo.

Las siguientes tres piezas fueron algo así como un oasis melódico en medio de las vigorosas interpretaciones del trío. Cambiando su guitarra más usual por una Gibson 175 “hollow body”, de hermosa y cálida resonancia, Arroyo tocó sin acompañamiento “God Bless the Child”, de Billie Holiday, el antiguo himno “What a Friend We Have in Jesus” y, en algo inesperado en un concierto de jazz, “La Borinqueña”, nuestro himno nacional, en estilo jazzeado. Fue un segmento hermoso y memorable de la velada, que el propio Arroyo describió como “un aplauso a Cristo y a Puerto Rico”, y en el que evidentemente puso todo su sentimiento.

El swing retornó con los temas “A Dios sea la Gloria” y “How Great Thou Art”, destacándose nuevamente Arroyo con un solo lleno de guiños rítmicos y por haber puesto al público a cantar, repitiendo las notas que tocaba en su guitarra. Fue un divertido momento de empatía entre el artista y su público, así como una especie de sesión de “ear training” improvisada.

Dos composiciones del puertorriqueño René González, “En los atrios” y el medley “Feeling the Spirit in Puerto Rico”, le dieron la oportunidad al guitarrista de tocar nuevas improvisaciones con profundo sentimiento e intenso sentido de blues, al igual que lo hizo el organista Charette. En la segunda, el joven percusionista Ramírez le proveyó una nueva energía a la música con su barril de bomba, tocando en perfecta sintonía con el baterista Ector.

Una nueva sorpresa se dio con la pieza “What a Wonderful World”, popularizada por Louis Armstrong, y que aquí fue cantada por Charette. Aunque recalcó que él no es cantante sino organista, el músico se desempeñó muy adecuadamente y agradeció la oportunidad de poder llevar un mensaje positivo en estos tiempos de turbulencias.

La velada concluyó con dos interesantísimos “encores”: “Verde Luz”, de Antonio Cabán Vale, en versión de balada suave; y el sabroso funk de “Straight to Heaven”, en el que todos los músicos dieron lo mejor de sí mismos.

A lo largo de toda la noche, Arroyo no solo evidenció sus cualidades como músico sino también su simpatía y dominio escénico, saludando a sus familiares y amigos presentes –incluyendo a Pijuán Piñero, con quien ha tocado en numerosas ocasiones y quien se hallaba sentado en primera fila-, sus colaboradores en Breñas Community Center en Vega Baja y a los fotógrafos Roberto Díaz y Miguel Rojas, a quienes hizo un reconocimiento especial. Fue un concierto cálido, afectuoso y de lograda armonía musical que hizo honor a su nombre: Bendiciones y gozo, en la unión perfecta de la exploración jazzística y la alabanza a Dios.

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