Silvio siempre será Silvio

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Silvio siempre será Silvio.

Anoche, tras varios años de ausencia y gracias a Colectivo LUAR y Producciones ALFIZ, el Cantautor de América regresó a los escenarios locales con un concierto que enfocó en el cedé “Amoríos”, su primer lanzamiento desde “Segunda cita”, editado en 2010.

“Amoríos”, nueva producción discográfica del cantautor cubano, dominó el repertorio ofrecido anoche al público boricua. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Hubo quejas de algunos de sus seguidores en el sentido de que se olvidó de grandes clásicos, como “Unicornio”, que no interpretó. Pero la norma es que un artista, cuando tiene una nueva propuesta, resalte precisamente en sus obras de reciente creación porque el arte, sin restarle méritos a la legitimidad de la nostalgia, cuando evoluciona, transforma y desarrolla es digno de divulgación.

Así, llenando a su capacidad poco más de la modalidad intermedia [¡lo hubiera vendido completo!] del Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot, Silvio Rodríguez regresó con su musa, incluso desempolvando algunas melodías oportunas para la ocasión, amén de la coyuntura de ambigüedad e indefinición política que atraviesa la Nación, transcurrida una centuria de la imposición unilateral de la ciudadanía norteamericana a través de la Ley Jones y en medio de la hegemonía de una junta federal y del plebiscito anunciado para el 11 de junio.

Silvio Rodríguez Domínguez, un POETA en mayúsculas de un ingenio soberbio, un intelecto elevado y un bagaje cultural ecléctico, ha sido identificado por décadas como el cantor de la revolución cubana. Y en tiempos en que se reanudan las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, quizás no pocos esperaban que anoche se proyectara más conversador al respecto.

Y sí, Silvio apenas habló, aparentando cierta distancia y alguna ausencia, pero la realidad es que estuvo más cerca y más presente que nunca. Y lo mucho que dijo, diplomáticamente, lo dijo cantando, con su verbo elocuente y conciencia musical.

“¡Gracias por venir!”, exclamó un caballero.

“Eso debiera decirlo yo: ¡gracias por venir!”, respondió el cantautor.

Con el respaldo de un cuarteto de jazz y una banda acústica, integrados por maestros cubanos como Jorge Aragón (piano), Emilio Alberto Vega (vibráfono), Narciso Jorge Reyes (contrabajo), Maykel Erik Elizarde (tres), Rachid López (guitarra), Oliver Valdés (batería) y Niurka González (flauta y clarinete), Silvio inició con “Una canción de amor” y “Tu soledad me abriga la garganta”, de sus románticos “Amoríos”.

Estratégicamente, a la vez que promovía el disco que en su versión tangible no ha sido distribuido en Puerto Rico por Sony Music, Silvio intercaló en su secuencia un puñado de sus canciones más comprometidas y comprometedoras.

Así echó manos al arreglo de “Tonada de albedrío”, del álbum “Segunda cita”, en honor de la memoria de Ernesto Guevara, el Che.

“Y dijo el Che legendario,
Como sembrando una flor:
Al buen revolucionario
Sólo lo mueve el amor.
Dijo Guevara el humano
Que ningún intelectual
Debe ser asalariado
Del pensamiento oficial”.

De “Amoríos”, el estreno en Puerto Rico de la reveladora, poética y romántica suite “Exposición de mujer con sombrero” (“Dibujo de mujer con sombrero”, “Óleo de mujer con sombrero”, “Detalle de mujer con sombrero” y “Mujer sin sombrero”) fue la transición ideal para “Mujeres”, que dedicó a Ana Belén Montes, una presa de ascendencia puertorriqueña, paciente de cáncer y cuya liberación es incierta. No muchos conocían de la dama a quién Silvio le dedicó la canción en agradecimiento por utilizar su trabajo en la agencia de inteligencia de Estados Unidos a favor de Cuba.

Cartel promocional del concierto. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Una tras otra, las metáforas de “Día de agua”, “Tonada para dos poemas”, “La maza” y “En cuál de esos planetas” tocaron la sensibilidad de una audiencia heterogénea, compuesta por “baby boomers” y numerosos jóvenes de ambos géneros, que posiblemente fueron interpelados por el entrelínea de líneas como: “¿Qué hacen las aves/cuando no saben/la dirección del sur? Buscando estío/surcan el frío/en alas del albur”, de su composición “San Petersburgo”, dedicada a Gabriel García Márquez.

Sin necesidad de monólogos y discursos demagógicos, Silvio se desnudó a través de su canción imperecedera. Del segmento final el auditorio tarareó “La era está pariendo un corazón” y “Ángel para un final”. Pero “El necio”, del disco “Silvio” de 1992, fue la más testamentaria de la noche pues es su denuncia para que Estados Unidos levante el bloqueo económico a Cuba y entregue el territorio ocupado en Guantánamo que utiliza como base naval.

“Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
Cuando la Revolución se venga abajo,
Que machacarán mis manos y mi boca
Que me arrancarán los ojos y el badajo.
Será que la necedad parió conmigo,
La necedad de lo que hoy resulta necio:
La necedad de asumir al enemigo,
La necedad de vivir sin tener precio”.

“Ojalá” se mantiene como uno de sus clásicos más aplaudidos por los nuestros. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Y así se sucedieron las imágenes de la libertad, la soberanía y la dignidad nacional que hoy contrastan con la ambivalencia política de Puerto Rico.

Otra interpretación inolvidable fue “Ojalá”, con la Camerata Coral de Puerto Rico y que muchos tararearon. Esa, indiscutiblemente, es la canción emblemática de Silvio.

Ojalá que la aurora no de gritos
Que caigan en mi espalda
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti
A tu viejo gobierno de difuntos y flores.

“Ya estamos despidiéndonos”, dijo Silvio tras cantar “Ojalá”. “Esta canción que vamos a hacer ahora… La vamos a hacer pensando en Pedro Albizu Campos, Lolita Lebrón, Juan Antonio Corretjer, en Filiberto Ojeda y en Oscar López Rivera… ¡Canción del Elegido!”

… Fue de planeta en planeta
Buscando agua potable
Quizás buscando la vida
Buscando la muerte
Eso nunca se sabe…

La ovación de pie se prolongó por varios minutos.

Silvio Rodríguez y sus músicos regresaron al escenario.

En 2017 el Cantautor de América no tendría necesidad de interpretar “Pequeña serenata diurna” que en 1975 grabó con el polifacético artista español Luis Eduardo Aute en el álbum “Días y flores”, pero su texto es oportuno, máxime en nuestro contexto.

“Vivo en un país libre
Cual solamente puede ser libre
En esta tierra, en este instante
Y soy feliz porque soy gigante”.

Silvio permaneció en el escenario con su pianista Jorge Aragón para despedirse con “Que poco es conocerte” de su álbum “Amoríos”.

“Qué poco es conocerte,
saber que eres un amor más en todo el mundo;
un nuevo amor, piedra por piedra,
hecho de sal y hecho de arena,
como son todos los amores”.

¿Cuándo regresará el cantautor de 70 años?

¡Ojalá que pronto!

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