Martirena impulsa ópera para el pueblo

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Conversar con el tenor Alfredo Martirena, de 29 años, enaltece la fe en nuestra juventud. Este artista y empresario puertorriqueño está dispuesto a hacer lo que sea necesario para llevar la ópera a sitios donde este género musical nunca ha llegado; para darlo a conocer a quienes, de otro modo, nunca tendrían ni siquiera un encuentro casual. Alfredo Martirena es, sin duda, un ser humano muy especial.

Alfredo Martirena e Indhira Lima fundaron en 2011 Producciones Savia, para darle trabajo a Joseph Aguayo. (Foto suministrada)

A pesar de ser hijo de quien en vida fuese un guitarrista conocido, Chevy Rodríguez; y haber estudiado cuando pequeño en la escuela Libre de Música de Caguas, Alfredo dejó el piano -y también la escuela especializada- por estar en rebeldía con su mamá. Tal fue la respuesta sincera y directa que ofreció el joven tenor cuando se le preguntó sobre sus orígenes en el mundo de la música.

El segundo de dos hermanos, Martirena nació un 2 de octubre de 1987, en San Juan, pero se crió y creció en Cidra. Su interés por ser actor lo llevó, en 2006, a ingresar en School for the Performing Arts, en Cupey, donde se mantuvo hasta 2012. En esa escuela, conoció a quien considera como el mentor en su carrera, el profesor y director puertorriqueño Joseph Aguayo, quien ya no está con nosotros. “Yo no sabía que tenía voz”, expresó el cantante agradecido. “Fue Joseph quien me instó a tomar clases de canto y ballet”.

Entre 2009 y 2012, Alfredo estudió, además, en Balleteatro Nacional de Puerto Rico. Con la idea de perfeccionarse para trabajar en musicales, ya que la ópera no le gustaba, comenzó a tomar clases de canto con Ilca López. Mientras se preparaba con maestros privados en distintas disciplinas, estudiaba teatro con el profesor y actor Rocky Venegas en la Universidad Sagrado Corazón, a la vez que asistía como oyente al Departamento de Drama, de la Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras y colaboraba con las producciones allí que se desarrollaban.

Después de tomar clases de canto por dos años, el gusto por la ópera arropó su vida. “Me di cuenta que podía hacer cosas con mi voz. Yo cantaba como barítono cuando empecé; y, cuando me cambié de maestro, aquí en Puerto Rico, se decidió que yo cantaría como tenor. Puedo decir que soy afortunado: he tomado clases de canto con Jo-Anne Herrero, Tod Fitzpatrick y Magda Nieves. También he recibido asesoramiento vocal de Juliana Gondek, Jennifer Hoppe, James Lent, Karen McCann y Albina Asryan. En mi trayectoria, he estado bajo la batuta de los maestros Maximiano Valdés, Chris Crans, Brent McMunn y Taras Krysa. Y, además, he sido dirigido por Joseph Aguayo, Gilberto Valenzuela, Mark Lamanna, Richard Harrell y Linda Lister. Sí, definitivamente, he sido muy afortunado”, aclaró.

Debut de Alfredo Martirena como solista en la Sala Sinfónica Pablo Casals, 2010, como parte del décimo aniversario del Orfeón San Juan Bautista. (Foto suministrada)

Su primera gran oportunidad como tenor la tuvo cuando fue a las audiciones de “Oklahoma”, producción del Taller de Teatro Lírico UPR, dirigida por Joseph Aguayo, la cual se presentó en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras. “Me dieron el rol protagónico. Nunca había interpretado un personaje principal; y fue una experiencia enriquecedora, llena de conocimientos nuevos. En este musical, había que actuar y cantar, pero Joseph me guió muy bien. El director vocal fue el tenor José Ramón Torres”.

El musical fue un éxito y le abrió la puerta hacia nuevas oportunidades. “En 2010, hice Hoffmann, en “Les Contes d’Hoffmann”, de Jacques Offenbach (1819-1880), con Teatro Lírico de Puerto Rico. En ese mismo año, canté el Tamino, de “Die Zauberflote”, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791). Entre 2010 y 2011, participé como Tenor 2 en los coros de dos óperas: “La Traviata”, de Giuseppe Verdi (1813–1901), con Ópera de Puerto Rico; y una gala de zarzuelas, con la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico”.

En 2011, Alfredo tuvo la oportunidad de participar en el Hawaii Performing Arts Festival. Después de las audiciones, le ofrecieron dos roles en dos óperas diferentes: Gherardo, de “Gianni Schicci”, de Giacomo Puccini (1858–1924); y Soldado 1, en “L’íncoronazione di Poppea”, de Claudio Monteverdi (1567–1643). Fue en Hawaii donde el tenor conoció a un profesor de la Universidad de Nevada, en Las Vegas. Es entonces cuando Martirena decide mudarse a esa ciudad para completar un bachillerato en música, con concentración en “performance” vocal.

Para su sorpresa, no había tenores disponibles en Las Vegas, de modo que Alfredo tuvo gran demanda y participó en producciones universitarias a la vez que trabajó en producciones profesionales. Entre 2012 y 2013, interpretó a Nemorino, el protagonista de “L’elisir d’amore”, de Gaetano Donizetti (1797– 1848); a Corydon, en “The Fairy Queen”, de Henry Purcell (1659–1695); y a Mozart, en “Mozart y Salieri”, música de Nikolái Rimski-Kórsakov (1844–1908). También, participó en la ópera “Ariadne auf naxos”, de Richard Strauss (1864–1949), donde cantó a Tanzmeister, uno de los roles más difíciles en la ópera. Por otra parte, Martirena interpretó la parte del tenor en la cantata de Johann Sebastian Bach (1685–1750), “Christ lag in Todes Banden”; y en la “Misa de coronación” de Mozart.

En 2015, Martirena interpretó el rol de Tanzmeister, en la ópera “Ariadne auf Naxos”, de Richard Strauss, escenificada en Las Vegas. (Foto suministrada)

Después de Las Vegas, el tenor se trasladó a California, en 2014; y trabajó en la ópera contemporánea, “Bless Me Última”, de Héctor Armienta, con la compañía latina Ópera Cultura, en 2015. Además, hizo un concierto con la Fundación Ítalo-Americana. Luego, decidió ir a estudiar un verano a Italia, donde tuvo la experiencia de ser el protagonista de “La flauta mágica”, de Mozart. De Italia, regresó a Las Vegas, donde cantó Ferrando, en “Cosí fan tutte”, de Mozart.

En 2016, por una situación de salud, regresó a Puerto Rico y decidió establecerse para hacer algo por la ópera en su País. “La última vez que canté en Puerto Rico fue en diciembre de 2015, con la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico y con Teatro de la Ópera. En estos momentos, no estoy tan activo cantando por estar concentrado en mi nuevo proyecto”. En agosto de 2016, junto a Indhira Lima, establecieron lo que ahora se conoce como Producciones Savia, Corp., con la meta de llevar la ópera a todos los lugares posibles en Puerto Rico.

La amistad de Martirena y Lima se remonta a 2011, cuando la joven administraba la Orquesta Sinfónica de Bayamón. Los jóvenes cantantes se conocieron a través del director Joseph Aguayo. En esos momentos, el también profesor luchaba contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica (llamada, también, la enfermedad de Lou Gehrig) y ya no estaba trabajando. Los dos alumnos, agradecidos, deseaban hacer una producción para que la dirigiera su mentor. También, deseaban hacer actividades de recaudación de fondos para el tratamiento de Aguayo. Así que crearon una corporación, llamada en ese entonces Producciones Savia, Inc., para lograr sus objetivos.

“Los ensayos se daban en la casa de Joseph, quien estaba de cama con pocos movimientos, pero excelente memoria. Myrna Casas, quien administraba en eso momentos el Centro de Bellas Artes, de Santurce, nos cedió la sala Carlos Marichal para nuestro evento. Logramos conseguir unos auspicios pequeños, aunque los costos reales sobrepasaban los 50 mil dólares. Estábamos, como quiera, en pie de lucha, pero el tiempo nos jugó una treta”. Aguayo falleció en mayo de 2012 y la producción no llegó a culminarse. Y, a la muerte de su mentor, Martirena decidió irse de Puerto Rico.

Elenco de “El teléfono”, de Gian Carlo Menotti. De pie, Alfredo Rodríguez, Indhira Lima, Yinoelle Colón, Harry Aponte. Sentados, Doris Muñoz, David Guzmán y Magda Lupeschi. (Foto Adriana Pantoja)

Ya de regreso a Puerto Rico, en 2016, Alfredo se comunicó con Indhira para notificarle que tenía unas fechas en Cidra para presentar la ópera “El teléfono”, de Gian Carlo Menotti (1911-2007). Indhira, quien en estos momentos es la asistente de biblioteca para la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, aceptó gustosa y emprendió la aventura con su amigo. Retomaron el nombre de Producciones Savia, pero con un cambio: Producciones Savia, Corp.

Alfredo Martirena escogió “El teléfono” porque es una comedia que apela a todo el mundo. El teléfono puede acercarnos a la gente, como también puede aislarnos de los demás. Aunque inicialmente fue concebida en inglés, con libreto original del propio compositor, esta ópera también es conocida en francés como “L’amour à trois” y tiene un solo acto, de una hora de duración. Para Puerto Rico, Producciones Savia, Corp. la presenta en español.

¿De qué trata “El teléfono”? Ben visita a Lucy para pedirle que se case con él, pero ella no deja de hablar por teléfono con distintas personas. El hombre, quien hace lo indecible por captar la atención de su amada, se va de la casa sin poder lograr su objetivo. Desde la estación del tren, llama a Lucy por teléfono, logra su atención y le pide que se case con él. El rol de Lucy es interpretado por la soprano Doris Muñoz; y Ben, por el bajo David Guzmán. La dirección escénica es de Yinoelle Colón. Al piano, Harry Aponte.

Surge la pregunta de por qué, siendo cantante lírico, Martirena no protagonizó en ésta, su primera producción. “Yo no puedo producir y cantar a la vez, me pone muy nervioso. Por su parte, Indhira decidió solo producir en esta ocasión. En mi caso, además, soy tenor; y el rol masculino de la ópera de Menotti no es para tenor. Pero eso no quiere decir que nos retiremos como cantantes. Hace poco, canté con Magda Nieves -mi maestra de canto desde hace muchos años- en la Fundación Casa Cortés. Además, voy a participar de unas audiciones en Nueva York a fin de año. Estoy abierto a ofertas, mientras trabajo con Indhira para esta producción. Además, es imperativo que solidifiquemos la compañía. Producir ópera en estos momentos es bien importante porque el género está perdiendo público en Puerto Rico. ¡He visto presentaciones de ópera vacías! El trabajo de producción no es nada fácil; sin embargo, yo siento que lo tengo que hacer”.

Interpretando los himnos de Puerto Rico y EU, en abanderamiento de la Delegación de Puerto Rico, Juegos escolares, Centroamericanos y del Caribe, 2016. (Foto suministrada)

Por otro lado, para el ahora productor es importante darles oportunidades de trabajo y exposición a buenos cantantes jóvenes. “Conocí a Doris Muñoz través de su hermana. Ambas tomaban clases de canto con Magda Nieves, como yo. A David Guzmán lo conocí cuando hicimos el “Réquiem”, de Johannes Brahms (1833-1897); y me fijé que era muy responsable. Y, aunque David es bajo y el rol es para barítono, se lo ofrecimos; y él aceptó”.

El estrenar la ópera “El teléfono” en Cidra iba acorde con la misión de Producciones Savia, Corp.: dar a conocer el género lírico en Puerto Rico. “En Cidra no se había hecho ópera. Así que comenzamos la gira allí. Además, lo hice porque crecí en ese pueblo y tengo una deuda de gratitud. Hay un teatro chulísimo, que le dicen Centro Cultural, pero en realidad es el antiguo Teatro Iberia, fundado en 1926. Hicimos dos funciones, libres de costo, el 22 y 23 de octubre de 2016. Para lograrlo, presentamos propuestas y trabajamos con los comercios de Cidra. Por su parte, el municipio nos compró unos boletos para estudiantes. Al comienzo, dábamos una corta charla acerca de la historia del género de la ópera. Fue muy gratificante: los que tuvieron ese primer encuentro con la ópera, quedaron sorprendidos y fascinados; al final, nos hacían preguntas, tanto grandes como chicos. Y, como rompimos con las normas establecidas al estrenar y llevar una ópera a Cidra, se nos han acercado muchas personas interesadas en el proyecto”.

Lo que más le gustaría al joven empresario es que la ópera tuviera público en Puerto Rico todos meses del año, como lo tiene la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico. Su sueño es formar una compañía puertorriqueña con un coro establecido y generar empleos fijos. Asegura que hay muchos cantantes puertorriqueños de gran talento, que se están perdiendo. “Desearía tener una compañía, con base en San Juan; y, además, una compañía rodante. Que nadie en Puerto Rico se quede sin saber lo que es ópera, lo que significa. Por otra parte, me encantaría que las compañías de ópera existentes en Puerto Rico se unieran para lograr que el arte no se extinga. Y, por supuesto, quiero también cantar en mi País lo más posible”.

El joven tenor junto a Yolanda Korff (izquierda) e Indhira Lima (derecha). (Foto suministrada)

El deseo ardiente de Alfredo Martirena hace recordar el trabajo de otro joven empresario, en la década de 1980, Luis Pereira (1952-1990) y su compañía Ópera de Cámara, Inc., cuya función era hacer asequible la ópera a todo tipo de público. Para esos fines, las óperas eran traducidas al español y los recitativos eran convertidos en diálogos. En esa línea, Ópera de Cámara también presentó “El teléfono”, de Gian Carlo Menotti, además de “La voz humana”, de Francis Poulenc (1899-1963); “Hansel y Gretel”, de Engelbert Humperdinck (1854-1021); “La flauta mágica” y “El empresario”, ambas de Mozart; y “La caperucita roja”, de Seymour Barab (1921-2014), entre otras. La corporación tenía dos programas que promovían el gusto por la ópera entre los estudiantes: “Juguemos a la ópera”, para escuela elemental; y “La ópera es gufeo”, para escuela superior. Fue, precisamente, en el año en el cual Alfredo nació (1987), que Ópera de Cámara estrenó la única ópera comisionada en Puerto Rico en el siglo 20: “El mensajero de plata”, con música de Roberto Sierra y libreto de Myrna Casas.

Producciones Savia, Corp. significa una nueva oportunidad en nuestros tiempos para que la ópera llegue al pueblo. La compañía se encuentra, actualmente, en el proceso de buscar subsidios para continuar con su gira, la cual esperan llevar a todos los rincones de Puerto Rico. Y, palpando el empeño apasionado de Alfredo Martirena, todo indica estar por buen camino. ¡Éxitos!

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