Un asomo tentador a ‘La víspera del grito’

Por Provi Seín
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

“La víspera del grito”, de Helena Sampedro, es un novela en cuatro partes y 103 capítulos en las que, inspirada en la vida del pintor noruego Edvard Munch, la autora explora el caudal de experiencias que abonan y finalmente componen la obra de un artista. Parte ella de la premisa que, el Arte en cualesquiera de sus manifestaciones, es una interioridad que se manifiesta.

“La víspera del grito” ha sido editado por la casa Divinas Letras. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

En la primera parte la autora nos presenta el componente familiar cercano, la tragedia de la muerte (de la madre y de la hermana) experiencia que trastoca la dinámica del núcleo familiar, sobre todo, en la figura del padre que no puede articular su rol en la ausencia de la madre; y la tía Karen, mujer amorosa, comprensiva y humana, que asume el vacío materno y será apoyo incondicional del joven Munch.

Acto seguido Sampedro se concentra en la débil salud física y mental, del joven pintor en ciernes. Voces y alucinaciones lo perseguirán durante su vida, los demonios del miedo, las dudas, la angustia, convertidos en personajes en constante acoso de su mente y sus cuadros, sus pinceles, los colores de sus pinturas, su habitación, causándole agonía sin fin.

Recorremos así la relación densa y tensa con el padre; la decisión y la lucha por entrar a la Academia de Bellas Artes versus la preocupación paterna por el futuro económico y moral del hijo que desea ser pintor. Y se revela para el lector, de forma extraordinaria, el secreto de la historia conyugal de los padres (“esqueletos en el armario”).

Ya en su tercera parte la autora aborda a Edvard Munch en la Academia: la situación frágil y vulnerable del artista innovador, objeto de opiniones adversas de los sectores convencionales y austeros de la crítica; el apoyo de su maestro y mentor, su delicada salud física y el creciente “ataque” de los personajes de su pintura, el mundo alucinante del cual no consigue escapar y en donde no puede distinguir fronteras. Como ángel guardián de esta siquis terriblemente perturbada emerge la figura salvadora de la tía Karen.

Finalmente, el protagonista se inicia en la experiencia amorosa y sexual, una relación tan transgresora como su arte; el contacto con otros artistas, la lucha por ganar la beca para estudiar en París. El final sorprende por lo inesperado, en el que Helena Sampedro nos funde todo el caudal de vivencias que recoge “El Grito” el cuadro más famoso de Edvard Munch.

Ciertamente, en ¬¬“La víspera del grito” Helena Sampedro logra una narrativa ágil, mantiene el interés de principio a fin con fluidez de la trama y de la palabra mediante el uso de capítulos o escenas que son en su mayoría, cortos.

Helena Sampedro construye a través de las pinceladas de Munch los laberintos de voces y sombras de su juventud hasta hoy desconocidos. (Foto suministrada)

Los personajes están delineados con claridad y evoca los ambientes con suficientes detalles para la imaginación y recreación del lector sin extenderse demasiado en ellos. Estimula la curiosidad tanto por la obra pictórica de Munch como por su biografía; y nos incita a reflexionar sobre la agonía (sea en mayor o menor grado) del proceso de creación artística: las voces, los personajes, las sombras, las experiencias de vida, los demonios interiores que acuden a este instrumento (el artista) casi media unidad pidiendo manifestación en el mundo físico. La obsesión por lograr plasmar esa manifestación lo mas cercano posible a como se ve, se oye, se percibe, se intuye.

El lector u observador se preguntará si toda obra es autobiográfica; en cierto sentido sí lo es. Es un modo de exorcismo, en algunos más evidente, más sutil en otros, el instrumento, en su viva experiencia, en su visión de mundo, contamina la obra que gesta. Casi imposible el distanciamiento.

En “La víspera del grito”, Helena Sampedro, a través de la pintura, desenvuelve la historia de Edvard Munch, abre la puerta de ese umbral permitido para pocos, desconocido para muchos, de esas interioridades; permite entrar con sensibilidad a esa estancia llena de sombras misteriosas del proceso creativo.

(La autora es Actriz, Directora de Escena y Directora Artística del laboratorio teatral Aleph, Facultad del Conservatorio de Música de PR y del Dpto. de Humanidades de la UPR en Humacao)

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