Libro peruano en honor a LaVoe

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El culto que su Ponce natal no le rinde a la memoria de Héctor Juan Pérez Martínez irónicamente es parte de la cotidianidad de los habitantes del Puerto del Callao en Perú.

Héctor LaVoe sigue siendo objeto de estudio como figura de trascendencia en la cultura popular. (Foto suministrada)

Monumentos, esculturas, pinturas, camisetas, graffitis, tributos, programas radiales, obras, poemas, literatura y hasta oraciones e intenciones diarias que se elevan a El Todopoderoso por el eterno descanso de un mito cuya música se escucha en cada esquina y cuyo apellido artístico “Lavoe” ha sido escogido para bautizar y nombrar a decenas de peruanos.

Uno de los reconocimientos al Jibarito de Machuelos es el libro “Salsa y Sabor en cada esquina: Mi Visión de Héctor LaVoe en el Perú” del escritor Mario Aragón Urquiza, cuyo interés por documentar el paso de El Cantante por la república sudamericana, específicamente durante casi una semana en la Feria del Hogar celebrada en 1986, se remonta a 2010.

“Siempre quise escribir sobre Héctor LaVoe. Un antiguo boletín municipal del Callao, llamado ‘Chalaca Vida’, casi siempre publicaba artículos sobre El Cantante. En el año 2010 pasaba entonces por una depresión a consecuencia de mi divorcio. Creía estancada mi carrera de escritor. Igualmente el maestro, colega y amigo eterno Juan Gómez Rojas (qepd) pasaba por una situación similar y decidimos escribir un libro sobre Héctor LaVoe”, dijo Aragón Urquiza desde el Callao a la Fundación Nacional para la Cultura Popular.

El autor, de una extensa bibliografía que se nutre de títulos como “Crónicas de amor para Doña Bella y su poeta”, “Relatos Fantasmales del Callao”, “Azul en la piel; Antología poética de Juan Gómez Rojas” y “Bella entre las putas”, entre otras, presenta un libro de un montaje espectacular, digno de la memoria de El Cantante. Cubierta dura, con camisa y solapa, una impresión de primerísima calidad y dibujos a color, realizados por Daniel Maguiña.

“Esta publicación no hubiera sido posible sin la ayuda de mi amigo, el escritor y tradicionista peruano Yohny Ramírez Núñez, quien no solo se encargó del prólogo sino de la logística de la misma. Él decía que Héctor LaVoe, por ser el mejor, necesitaba la mejor edición y así salió este libro. No tuve la oportunidad de conocer a Héctor personalmente. Tenía solo 11 años a su llegada, pero mi familia tuvo, a pesar de la gran recesión que vivía el Perú de entonces, ir a uno de sus conciertos”.

Para el autor de la publicación LaVoe marcó con su música sus años de infancia. (Foto suministrada)

Desde muy pequeño Mario Aragón Urquiza descubrió la leyenda de Héctor LaVoe. Su legado discográfico, con Willie Colón, la Fania All Stars y como solista, era la banda sonora que musicalizó su infancia.

“En mi familia, como en casi todas las familias del Callao, la salsa tiene un lugar privilegiado en el inventario de cada día. El Callao, como todo puerto, tiene los mismos problemas, las mismas historias y problemáticas, y quién mejor que Héctor para cantarlas. El Cantante se volvió el pregonero del arrabal, es así que el Primer Puerto del Perú lo adopta. Pues Héctor LaVoe ya era leyenda en el Perú mucho antes de morir”, explica Mario, quien se identifica como un “LaVoriano de siempre”.

El escritor peruano se convenció de que sus paisanos idolatran a LaVoe como si fuera un dios al observar que muchos han tatuado su imagen en sus brazos.

“Desde que desplaza la imagen de una Beata milagrosa llamada Sarita Colonia, cuya imagen siempre aparecía en diversos tatuajes de gente de pueblo. Hoy son muchos quienes llevan en su piel la imagen o el nombre de Héctor LaVoe”.

Así como en el umbral de la década de 1970 hubo familias que bautizaron hijos con el nombre “Hommy” y en años recientes otros han nombrado vástagos como “Yandel”, en honor de un reguetonero famoso, en Perú no pocos usan el nombre LaVoe.

“Hace poco conocí en Lima un criadero de gallos de riña que se llama Galpón LaVoe. Y un empresario amigo y fanático de El Cantante le puso de nombre a su hijo, LaVoe. También hay que recordar que en el Callao existe tanto un busto como una estatua del Jibarito. Gracias a Richard Segovia, de la Segovia Orquesta, cada año en el norte del Perú se celebra su natalicio con exposiciones y un concierto de Salsa”.

El impacto sociocultural de Héctor LaVoe en el Perú ha trascendido a las artes plásticas. El artista Stalyn Alva aportó varios dibujos para su libro mientras en 2016 la Municipalidad del Callao develó una escultura de LaVoe, localizada en uno de los parques del Primer Puerto del Callao, cuyos pormenores el autor detalla en la publicación.

Dibujos y tatuajes de Héctor LaVoe son comunes en el área de El Callao en Perú. (Foto suministrada)

“De los 15 libros que he publicado este es el que me ha llenado de de reconocimientos. Son pocos los libros en el Perú que tocan el tema de la Salsa. Existe un excelente libro del reconocido escritor peruano Eloy Jaúregui, llamado ‘Pa´ bravo yo’, que es un verdadero aporte a la salsa en el Perú. En sus dilectas páginas llega a tocar más de un vez la imagen de El Cantante”.

Otro esfuerzo, que resulta motivo de orgullo para los salseros de Ponce y Puerto Rico, es que la obra “Salsa y Sabor en cada esquina: Mi Visión de Héctor LaVoe en el Perú” fue incorporada como texto de estudio en el Colegio Don Bosco del Callao.

“Fue seleccionado en el Plan Lector del Colegio Salesiano Don Bosco para todo el grado de secundaria y es la primera vez que un libro de salsa ha alcanzado este mérito”, reveló el autor al añadir que su aporte ha sido elogiado por Carmen Castro (madre de José Alberto Pérez, primogénito de Héctor Juan Pérez Martínez), Rubén Blades, Eddie Palmieri, Andy Montañez, Pedro Brull, Hernán Olivera, Cano Estremera y otros.

Es un libro que honra con creces la aportación de LaVoe a la cultura popular que, contrario a los filmes rodados, se mantuvo al margen de la tentación y el morbo de su drogadicción. Aragón Urquiza destacó que su centenar y medio de páginas se enriquece con notas e impresiones periodísticas de Juan Gómez Rojas, Pedro Canelo, Helio Ramos, Humberto Pinedo [“historiador y poeta, muy ligado al Callao, que hace un excelente ensayo sobre la rebeldía casi ideológica de El Cantante”] y Miguel Ángel Vallejo.

La publicación es dedicada póstumamente a Pacho Hurtado, para muchos un imitador [parecido a lo que fue Van Lester en Nueva York] de El Cantante de los Cantantes y para otros un admirador que se dedicó a promover su legado, quizás como lo hace Rafi Santana en Puerto Rico.

“Siempre sentí que con Héctor tenía un proyecto inconcluso. Así que me dediqué durante cuatro años a darle forma a un libro personal. Soy un escritor al que le gusta la salsa, fanático del LaVoe cantante, e hice un libro diferente con apreciaciones muy mías”.

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