Turbantes de identidad

Por Gabriela Ortiz Díaz
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La ruta condujo a la Cueva María de la Cruz en el pueblo de Loíza. Era sábado por la tarde. Allí nos reuniríamos decenas de mujeres, principalmente. En comunidad, nos sentiríamos guiadas por la gestora cultural Lenis Mariana Ramos hacia la esencia personal, hacia la identificación de un “yo” enraizado en la aportación de la afroascendencia a los y las puertorriqueñas.

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Las telas para confeccionar los turbantes son de Ashanti Headwraps, línea creada por Lenis Mariana. (Foto Gloribel Delgado Esquilín)

Estaba a punto de comenzar un taller de más de tres horas de duración o lo que pronto se convertiría en un espacio de desahogo y solidaridad. De entrada, abrimos un círculo con sillas alrededor de una mesa en la que Lenis colocaba telas coloridas traídas originalmente desde Ghana, África. La joven gestora acomodaba los cortes de tela con respeto y suavidad, como queriendo reverenciar el ritual afroancestral próximo a celebrarse. Allí todo armonizaba: la música de fondo, los distintos tonos de piel, la negrura prevaleciente, los artesanos locales, las miradas cargadas de expectativas y el sol, el sol loiceño.

Al concluir la actividad, sabríamos que la misma fue un traspaso de conocimiento acerca de la historia del turbante africano, de sus usos y significados. También, estaríamos seguras de que el espacio se aprovecharía para hablar del racismo en Puerto Rico; de la actitud racista que permea, por ejemplo, en los medios de comunicación, y en términos y expresiones lingüísticas que todavía se usan; del empoderamiento femenino que propicia la sororidad; de cómo la estética está ligada a la autodeterminación del “quién soy”, entre muchos otros temas necesarios.

Esta iniciativa ha sido resaltada por distintos medios locales de comunicación. (Foto Gloribel Delgado Esquilín)
Esta iniciativa ha sido resaltada por distintos medios locales de comunicación. (Foto Gloribel Delgado Esquilín)

Una vez finalizada esa primera parte del taller, cobró más fuerza la participación de las diversas mujeres que hasta allí legaron esa tarde, las cuales se iban sintiendo a gusto para expresar a viva voz sus testimonios: comentarios que tuvieron que soportar en la escuela o entre la familia por la apariencia de sus pelos rizados, anécdotas de la transición del pelo alisado al cabello natural, consejos para superar la convivencia en una sociedad patriarcal que impone cánones de belleza femenina. En ese momento, el taller se transformó en el escenario idóneo para que una madre que fue con su hija pequeña rompiera en llantos al decir que no sabía qué hacer cuando la pequeña llegaba a la casa denunciando que en su escuela le decían “pelo de alambre”.

Incluso, fue el instante preciso para que otra madre contara que al mejor amigo de su hijo, estudiantes ambos de Kindergarten, lo comparaban con el color negro de la crayola.

Indudablemente, ese compartir en la Cueva María de la Cruz se había convertido en un espacio para denunciar y confrontar la realidad que muchos enfrentan en Puerto Rico, además, para que muchas de las allí presentes iniciaran un proceso de sanación.

En los talleres, “yo me responsabilizo de que la gente tenga acceso a la información, a la historia, que entiendan por qué promovemos el uso del turbante; me encargo de que se problematicen cosas que han sido naturalizadas. ‘Deconstruimos’ nociones de belleza, la idea de que el racismo es inexistente en Puerto Rico… La gente que llega a los talleres mayormente no es académica; por eso, nos encargamos de que tengan acceso a los conceptos desmenuzándoselos”, ha comentado la gestora sobre su proyecto.

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Vista parcial de participantes en el tercer taller de turbantes en Cueva María de la Cruz en Loíza. (Foto Joaquín Ruddy Medina)

Ese no fue el primer taller que ofrecía Lenis Mariana. Tampoco será el último. Hace ya varios meses que esta estudiante del programa graduado de Gestión Cultural de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y joven orgullosamente loiceña ha emprendido esta nueva travesía de su vida en un tren que se mueve firme y constante por muchos lugares de la Isla. Es un tren con el que aprende enseñando y del que no se quiere bajar por el momento. Bien es cierto que esta etapa de su vida está cimentada en las experiencias que ha tenido como activista estudiantil y como solidaria con las distintas luchas sociales que hay que dar en Puerto Rico.

“Me llena de satisfacción escucharlas decir que el taller dejó una semilla en ellas, que usan su turbante con orgullo, que se sienten bellas. Tienen la consciencia, pues gracias al taller tuvieron acceso a la historia de resistencia del accesorio y a lo que ha significado culturalmente. El turbante no es un accesorio cualquiera y es de lo que nos hemos encargado de hablarles a cientos de mujeres en estos meses. En total han sido más de 300 mujeres en sólo tres meses. Lo reafirmo, tanto el turbante como el cabello y las artes han sido mis herramientas de lucha, resistencia y rebeldía. Que privilegio poder esparcir esa semilla responsablemente por toda la isla”, comentó Lenis Mariana sobre la iniciativa, que ha logrado el reconocimiento de la prensa local.

Con esta gran e importante gesta, “provoco, invito a que abracemos lo que somos, nuestra afrocaribeñidad y nuestra herencia…”, expresó la joven.

“Para mí, poder confeccionar estilos de turbantes propios, comenzar a diseñar mis propias telas, usar la estética como gancho para hablar de muchísimas otras cosas y a la vez desarrollarme dentro de este mundo del diseño de “moda”, es una experiencia extraordinaria, un sueño realizado”, concluyó Lenis Mariana segura de que su hazaña está calando hondo en las conciencias de muchas personas.

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