Ovación para ‘Medea’

Por Joselo Arroyo
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La tragedia Medea -hija del rey Etes de Colchis y de la ninfa marina Idia, quien era una formidable hechicera como su tía Circe- trata de la conocida historia de Jasón tras las aventuras que lo llevaron a conquistar el vellocino de oro, trabajo impuesto por su tío Pelias. Jasón, tras el trabajo, se casó con Medea y tuvo un hijo, en Yolcos. Para hacerse con el poder en Yolcos, Pelias había matado a Esón, padre de Jasón. A la muerte de Pelias -tras la cual estaba implicada Medea, quien había engañado a las hijas de él para que lo mataran-, Jasón ha de abandonar Yolcos y huir con Medea y su hijo Mérmero. Arriban a Corinto, donde reina Creonte; y ahí es que transcurre la historia contada en la tragedia griega. Allí vivieron felices muchos años y tuvieron dos hijos. Entonces, Jasón diseñó un plan para deshacerse de Medea -a quien debía toda su prosperidad- para casarse con Glauce, la hija del rey. Medea se encolerizó y mató a la novia con un vestido de boda embrujado, el cual la quemó junto a su padre. Después, Medea mató a sus hijos y huyó a Atenas en su cuadriga tirada por dragones alados, donde encontró la protección del rey Egeo que, aunque se pensaba que era estéril, tuvo a Medo con ella.

Pabón fue ovacionada por el público por su labor histriónica en la adaptación del clásico "Medea". (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
La actriz fue ovacionada por el público por su labor histriónica en la adaptación del clásico “Medea”. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Según establece María Jesús Soler Arteaga, de la Universidad de Sevilla, en su escrito “Medea: Mito y Arquetipo”, la historia de Medea ha tenido un amplio tratamiento: desde el primer texto que sirve de inspiración para la historia de los argonautas, que es sin duda “La odisea”; pasando por “La teogonía de Hesíodo”, a mediados del siglo VIII a. C.; la cuarta “Oda Pítica”, de Píndaro; y la tragedia homónima de Eurípides -ambas del siglo V a. C.-; hasta las versiones de P. Corneille, la de Jean Anouilh, la de E. Soriano o la de José Triana.

Medea es una de las figuras más fascinantes de la mitología griega. A veces, se la representa como bruja, como una hechicera con objetivos malignos, aunque cada autor le ha dado una profundidad distinta al personaje. Ovidio y Apolonio de Rodas la describieron como una joven bella y enamorada, dividida entre la fidelidad a la familia y a la tierra y el deseo por Jasón. Eurípides (480-406 a.C., aproximadamente) resaltó los aspectos más conmovedores en Medea, un personaje desequilibrado por la infidelidad de su marido y desquiciada por los celos y la amargura hasta el punto de matar a sus hijos en un ataque de desesperación.

Una nueva versión de este mito clásico nace de la mano de la actriz y dramaturga Marian Pabón. Con título “Medea”, tuvo su estreno mundial el pasado jueves en la sala Carlos Marichal, en el Centro de Bellas Artes de Santurce.

Al llegar el público a la sala, se topaba con la interesante y estética propuesta escenografía de José Manuel Díaz, realizada por Joksan Ramos, Flor Marina García, Julio Ramos y el propio diseñador. Unas bien logradas ruinas de un baño griego, que entre partes de piso enchapado y paredes de mármol caídas sobre la piscina de baño, conformaban un conjunto de plataformas que flotaban en el centro del escenario, permitiendo gradas a cuatro lados. Con un alto contenido simbólico -la evidente purificación y limpieza a través del agua; y las ruinas de un momento de esplendor-, este conjunto de niveles permite una visión completa de lo que acontece en todo momento.

La escenografía de José Manuel Díaz enmarcó la producción. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
La escenografía de José Manuel Díaz enmarcó la producción. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La iluminación de Jorge Ramírez se integra a la perfección, logrando énfasis y estado anímico perfecto para cada momento. De igual manera, se vuelve cómplice de la actriz reforzando la estética del proyecto. Por otro lado, la ingeniería de sonido, a cargo de José “Chenan” Martínez, enmarca sonoramente la pieza de manera orgánica y precisa. En cuanto a la plástica del personaje, Alba Kercadó logra un peplo y demás propuestas de vestuarios con gran acierto y convencionalismo. Por su parte, el acertado asesoramiento en maquillaje de Bryan Villarini completa la imagen de la nueva Medea.

Escribir sobre algo ya escrito no es fácil; y, si se trata de llevarlo a un unipersonal, el reto es aún mayor. Mantener el ritmo, balance, intensidad e interés en este estilo teatral es un reto que no cualquiera puede salir airoso de él. Por esta parte, se felicita a Marian Pabón por asumir el reto con un resultado tan depurado y por traer una nueva visión de un personaje clásico, mostrando aún su vigente pertinencia. En su texto, Pabón muestra a una Medea firme, dura, vulnerable y hasta buena madre, a pesar del infanticidio. Acaricia la poesía, como también impacta con su dureza. “El odio que siento por ti, ciega el amor que siento por mis hijos”, dice la Medea de Marian Pabón. Lejos que establecer juicio sobre el personaje, el texto expone una postura que le permite al público ver la historia desde otro punto de vista. Uno de los mayores aciertos del escrito es la transformación y unificación de la Medea en una mujer universal y atemporal que siempre ha existido y existirá.

La detallista y minuciosa dirección de Julio Ramos lleva al personaje a lograr figuras y composiciones tal como salidas de pinturas griegas. Con amplio domino, logra mover efectivamente el unipersonal para que sea disfrutado desde cualquier asiento, respetando todos los puntos de vista de la sala. Igualmente, se ve su mano en el análisis y caracterización de la actriz, pues la complejidad del personaje queda evidentemente explícita y limpia.

Marian Pabón fue dirigida por Julio Ramos en esta pieza teatral. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Marian Pabón fue dirigida por Julio Ramos en esta pieza teatral. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

En cuanto a la actuación de la propia autora en el rol de Medea, resulta una impresionante clase de actuación. Magistralmente, Pabón borda su personaje con matices tan complejos y disímiles, logrando integrarlos en la complejidad de una mujer que ama y que se siente traicionada. Con vasta energía, la actriz enfrenta su personaje en control físico y emocional. A la vez, le brinda un humanismo que -a pesar de lo que confiesa haber terminado de hacer- no se le puede culpar de inmediato. A esto se le suma el reto físico del desnudo, que siempre es complicado y más en un espacio tan cercano como la sala experimental. Fue un momento maravillosamente logrado en todos los departamentos de producción, pues realmente se veía lo simbólico del nacimiento de una nueva mujer libre, orgullosa, purificada.

No importa el juicio que usted pueda tener sobre este personaje, lo que resultaría imperdonable es no presenciar esta producción de Arte Boricua, Inc. Es un trabajo bien cuidado en todos sus aspectos y bien ejecutado actoralmente. A todo el equipo, una ovación de pie, igual a la que el público le obsequió la noche del estreno a Marian Pabón.

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