‘La ciénaga’: historia de amor extraordinario

Por Gabriela Ortiz Díaz
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Imagínese que tiene la capacidad de pensar, de sentir, de anhelar y soñar, pero está atrapado en un cuerpo que no le obedece y no lo deja vivir a plenitud. ¿La razón? Una enfermedad muscular degenerativa que limita por completo su movilidad y lo condena a permanecer postrado en una cama y conectado a un respirador artificial.

Los actores Manolo Cruz, Vicky Hernández y Viviana Serna. (Foto suministrada)
Los actores Manolo Cruz, Vicky Hernández y Viviana Serna. (Foto suministrada)

Tendrá la oportunidad de acercarse a una historia así si acude a ver el largometraje colombiano ‘La ciénaga: entre el mar y la tierra”, escrito, protagonizado y dirigido por el actor colombiano Manolo Cruz. La misma se ha estado exhibiendo en las salas de Fines Arts Cinemas en Miramar como parte del Festival de Cine Internacional de San Juan 2016, que se extiende hasta el próximo miércoles 7.

Esta película narra la historia de vida de Alberto Navarro, un hombre de 28 años de edad que vive en la ciénaga de Santa Marta, ubicada en la costa colombiana. A temprana edad, es diagnosticado con distonía, una enfermedad muscular degenerativa. Su compañía incondicional es su madre Rosa (Vicky Hernández), quien se ofrece en cuerpo y alma al cuidado de Alberto como muestra de amor puro y desinteresado. Es Rosa una mujer fuerte que tiene que velar por el bienestar de su hijo hasta el último momento, cuando tendrá que enfrentarse al dolor más hondo que puede sentir una madre.

El contexto de desarrollo del filme es una pequeña comunidad levantada con casas de madera construidas sobre el agua y es ahí, donde Alberto comparte con Giselle (Viviana Serna), su mejor amiga de la infancia, y donde aprende a vivir encerrado en su cuerpo. Para escapar hacia el mar que tanto anhela conocer, pero al que su condición le impide llegar, expresa su creatividad a través del dibujo, arte que práctica con mucha dificultan, pero que maneja muy bien.

Más allá de los diálogos entre Alberto y Rosa, destacan en esta película las tiernas imágenes que representan un amor maternofilial profundo y real. Sobresalen, también, las actuaciones de ambos protagonistas, quienes tuvieron la capacidad de ponerles vida a las letras que estaban sobre el papel del guion y de transmitir sensaciones al público. Otro elemento que resalta es la apariencia física que logró desarrollar Manolo Cruz durante los cuatro meses que precedieron a los rodajes. En ese tiempo, se sometió a una dieta extrema para alcanzar un peso con el que pudiera recrear la fisionomía de pacientes con condiciones de esa índole. La manera en que el actor colombiano encorva el cuerpo, mueve las extremidades y dramatiza las contracciones involuntarias características de la enfermedad son detalles que hacen que los espectadores se conmuevan ante lo que están presenciando.

Imagen que recoge el desenlace de la película. (Foto captura del trailer oficial)
Imagen que recoge el desenlace de la película. (Foto captura del trailer oficial)

Sin lugar a duda, por lo anteriormente mencionado, la película merecía el premio Mejor Película de Ficción Internacional y el Premio Especial del Jurado por las actuaciones de Manolo Cruz y Vicky Hernández, otorgados en la reciente edición del Festival de Sundance. Del mismo modo, mereció el galardón Mejor Actriz de la Competencia en el Festival de Seattle y el Premio del Público en la cuarta edición del Colombian Film Festival en la ciudad de Nueva York.

Al finalizar la proyección del pasado viernes, hubo espacio para que el protagonista intercambiara impresiones con los presentes. “Es un viaje por un sentimiento que a veces se nos olvida: el amor. A veces, estamos tan ocupados queriendo obtener cosas o queriendo hacer cosas en la vida, que se nos olvida ofrecer lo que realmente tenemos que es la capacidad de darles amor a las personas”, contestó Manolo Cruz a una pregunta del público.

El joven actor de 33 años de edad, sentía que “estaba metido en una industria que no me dejaba demostrar lo que soy capaz de hacer como actor. Empecé a sentir que yo tenía la necesidad como artista y como cineasta de contar una historia que aportara más. Llegó el punto en que me sentía encerrado en una industria que no me dejaba hacer lo que quería, como Alberto que está encerrado en un cuerpo que no lo deja ser a plenitud”, argumentó el cineasta colombiano sobre la interrogante de qué lo inspiró a realizar una película con ese tema.

“Quería retarme como actor, pero hacerlo de la forma más respetuosa porque estas personas, así tengan estas enfermedades, tienen sueños y una imaginación gigantesca”. Esto lo aprendió durante los seis meses que estuvo en contacto con pacientes de condiciones musculares para conocerlos, “para ver sus ojos y comprobar cómo hablan sin poder hablar, cómo cuentan…”

Luego de la última escena, la que le impone el mayor grado de dramatismo y sensibilidad a la película, queda demostrado que es inmensurable el amor que una madre siente por sus hijos.
“El amor entre una madre y un hijo puede ser el resumen del verdadero amor […] Se van a reír y van a llorar (mientras vean la película), pero se van a ir a su casa con muchas emociones que tienen que recordar […] Estas personas nos enseñan a vivir”, concluyó el galardonado actor.

La última proyección de “La ciénaga: entre el mar y la tierra” como parte del Festival de Cine Internacional de San Juan 2016 será el próximo lunes, 5 de septiembre, a las 4:30 p.m.

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