Esperanzador ‘Hostos vive’

El actor Efraín Rosa protagonizó el monólogo “Hostos vive”

Por Joselo Arroyo
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Fue llamado y es recordado como El Ciudadano de América por haber entregado su existencia a la lucha por la independencia de su patria, además de la unidad de las Antillas y de América Latina. Hablamos de Eugenio María de Hostos, nacido en Mayagüez, el 11 de enero de 1839. Fue un intelectual, educador, filósofo, sociólogo y escritor puertorriqueño. Murió en Santo Domingo, República Dominicana, el 11 de agosto de 1903; a la edad de 64 años. Su cuerpo está enterrado en el Panteón de los Héroes Nacionales, en Santo Domingo, siendo el único puertorriqueño en estar ahí. Su último deseo fue morir en Santo Domingo y que fuese llevado a Puerto Rico cuando su patria fuera libre.

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La pieza presenta el lado humano del prócer Eugenio María de Hostos. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Sin duda, Hostos es un puertorriqueño ilustre que no se debe ni se puede olvidar. Es por esto que Enfocarte Inc. presentó el estreno mundial de “Hostos vive”, de Freddie Javier Natal, adaptado por Doel Ramírez, quien también es el director de este unipersonal, a cargo del actor Efraín Rosa.

“Hostos vive” es una mirada a través del tiempo, que permite ver a un patriota que se mostraba humano, seguro, firme e innovador. Evoluciona a través de su vida, acumulando la experiencia de sus viajes y con lo que se quedaba de cada país que visitaba. Además, establece su punto de vista visionario y termina mirando hacia un horizonte esperanzador.

La noche del pasado viernes, en el Teatro Coribantes, a más de 100 años de la muerte del prócer, el público disfrutó al ver a Hostos cobrar vida. Al llegar al teatro, la bienvenida estuvo a cargo de la interesante y conceptual propuesta escenográfica de Israel Franco Müller -construida por Waldo Torres, Pablo Valle, Ricardo Hernández, Nilda López y el propio diseñador- : cajas de cartón ubicadas en, prácticamente, todo el teatro; barcos de papel por doquier; lluvias de hojas de papeles que flotaban desde las columnas hacia el techo; una silla; un escritorio; y un maniquí antiguo de mujer, todo ubicado en puntos estratégicos del escenario. Completaba el decorado un hermoso piso -pintado por Félix Vega- el cual sugería cartas escritas a mano, a gran escala. Con diseño, igualmente, de Franco Müller, todo estuvo salpicado de la magia de la luz: colores contrastantes; y patrones de sombras y luces redondeaban cada momento con absoluta estética. El vestuario y maquillaje, ambos diseños de Efraín Rosa, iban desde lo conceptual hasta lo realista, ambas perspectivas con resultados acertados.

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Doel Ramírez logró en la dirección un producto patriótico-experimental, con amplio sentido de estética y simbolismo. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Con indicada propuesta experimental, el director Doel Ramírez llevó al público en un viaje a través del tiempo para conocer a Hostos y su vida, desde sus propios ojos. El espectáculo comenzó con una irrefutable referencia a la visión del escultor puertorriqueño José Buscaglia Guillermety, artífice del Monumento a Eugenio María de Hostos, que ubica en el Viejo San Juan.

La estatua pareció cobrar vida y comenzó a hablar, a remar y a construir barcos, pues la imagen del barco de papel es un simbolismo constante en la pieza. “Para qué nos sirve un barco, si no se va a echar a la mar”. Poco a poco, Hostos terminó de vestirse mientras seguía avanzando en su vida. Hasta llegó a envejecer a la vista del público, uno de los momentos más hermosos de la velada, lleno de simbología y evidente estética. Ramírez logró un producto patriótico-experimental, con amplio sentido de estética y simbolismo, sin caer en un panfleto político, a pesar de estar compuesto por el discurso del prócer.

El piso del escenario -pintado por Félix Vega- sugería cartas escritas a mano, a gran escala. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
El piso del escenario -pintado por Félix Vega- sugería cartas escritas a mano, a gran escala. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Con pleno dominio corporal y una técnica utilizada correctamente, Efraín Rosa presentó una visión depurada de Hostos y concretiza en su factor humano, con sus vulnerabilidades, ansias, deseos y molestias. Una excelente dicción permitió que los presentes no perdieran detalle del texto, aunque el personaje se encontrara distante. Rosa complementó el momento de envejecimiento físico con una hábil interpretación, sin debilitar su personaje. Sin duda, logró una personificación acertada, pues el aplauso de la audiencia así lo comprobó al premiar al actor finalizada la pieza, mientras se escuchaba entonando -muy atinadamente- “La Borinqueña”, música escogida para el saludo.

Una pena que piezas así tengan tan poco tiempo en nuestras salas de representación. Precisamente, hoy son más necesarias que nunca, pues los planteamientos aún continúan con vigencia. Afortunadamente, el proyecto va a estar en gira por las universidades del País. También, formará parte de la Octava Bienal de Teatro Grupal, a celebrarse en la Republica Dominicana, durante el mes de noviembre.

Puerto Rico no debe olvidar a sus personajes ilustres y recordar su legado es un deber nacional. Como dice el propio Hostos en la pieza: “Puerto Rico es mi deber; y, donde no cabe Puerto Rico, tampoco quepo yo”.

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