Batista y la historia musical de Borinquen

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El libro “Música y Músicos Portorriqueños” de Fernando Callejo, publicado en 1915, es la fuente primaria de referencia para datos y corroboración de información sobre la historia de la música en Borinquen.

En la década de 1970, con prólogo de Amaury Veray, la Editorial Edil hizo una reimpresión del libro.

Al autor solo le sobrevive en California una hija, Olga Callejo Correa, que cumplirá 104 años el mes entrante.

Días atrás, en una iniciativa de Néstor Murray Irizarry, director del Centro de Investigaciones Folclóricas y Casa Paoli en Ponce, fue reeditado y ampliado, representando una trascendental iniciativa por su valor como fuente informativa del acontecer musical nacional del Siglo XIX.

La presentación del libro le correspondió al catedrático, historiador y maestro mandolinista Gustavo Batista, quien reveló que el autor escribió el libro porque en una conferencia varias personas se lo solicitaron por sus vastos conocimientos de la historia musical en Puerto Rico.

Entonces, su hija mayor Margarita estudiaba Canto en Milán, Italia. Para sufragar parte de sus estudios, Callejo publicó la obra de alrededor de 300 páginas, hoy de aproximadamente 800.

“No le puso precio. Lo que decidió fue ofrecerlo a sus amigos y si le interesaban dar $2 ó $5 los aceptaba. Era conforme a lo que la persona pudiera contribuir”, dijo, con exclusividad para este medio, don Gustavo, de 78 años y oriundo de Santurce.

El maestro Gustavo Batista presentó “Música y Músicos Portorriqueños” recientemente. (Foto suministrada)
El maestro Gustavo Batista presentó “Música y Músicos Portorriqueños”, editado recientemente por el Centro de Investigaciones Folclóricas y Casa Paoli en Ponce. (Foto suministrada)

Aunque “Música y Músicos Portorriqueños” se enfoca en el Siglo XIX, Callejo documentó los antecedentes del movimiento musical erudito en la Nación, que atribuye a la Iglesia Católica.

“Además de eso, hace unas biografías de los músicos más sobresalientes de Puerto Rico, pero no las hace todas. Habla con algunos músicos compañeros. La de don Felipe Gutiérrez Espinosa se la encarga a Braulio Dueño Colón, quien perteneció a la Capilla de la Música de la Santa Iglesia Catedral de San Juan y estuvo bajo la tutela de Felipe, quien dirigió la Capilla desde su creación en 1858 hasta 1898, cuando ocurre el cambio de dominación”, detalló Batista al recordar que la Orquesta de la Capilla fue disuelta poco después de que el gobierno militar estadounidense se apropiara de los bienes de la Iglesia Católica, en un pleito que se prolongó hasta cerca de 1920.

Distribuido por Editorial Gaviota, de Norberto González, “Música y Músicos Portorriqueños” registra en su mayor parte la gesta de los compositores e intérpretes de la música clásica.
Batista, a manera de una anécdota, aludió a una caja con partituras de obras inéditas que pasó a varias manos y como al final, depositada en un zafacón, casi se convierte cenizas.

Afortunadamente, Batista obtuvo conocimiento a través de Felipe Sánchez, uno de sus discípulos. Providencialmente llegó a las manos de Batista porque la hermana del fenecido compositor Pepito Lacomba tocaba en la Orquesta de la Capilla en la Catedral junto a Felipe Gutiérrez y Espinosa y era compueblana de Sánchez en Hatillo.

“Me trajeron la caja. De eso fue testigo el guitarrista puertorriqueño Juan Sorroche. Miramos toda la música y quedamos fascinados. Había alrededor de 60 obras en esa caja de papeles. Estaban todas sueltas. Había una hoja y 50 papeles más abajo aparecía la continuación. Eran obras, muchas originales de don Felipe Gutiérrez, entre ellas la primera misa que compuso para la Catedral en 1859”, narró Batista.

“Así surgió su interés por investigar la obra de Felipe Gutiérrez, motivo de su tesis de Maestría, que recientemente fue editada en el libro ‘Felipe Gutiérrez y Espinosa: Y el ambiente musical en el San Juan de su época (1825-1899)”.

“Todo eso despertó en mí el interés por hacer investigación de la música en Puerto Rico. Corroboré en el libro de Fernando Callejo que aquí no se conocía nada, hasta que en 1976 sale la Gran Enciclopedia de Puerto Rico, cuyo volumen 7 es dedicado a la música y lo edita Héctor Campos Parsi”.

Otro proyecto en la agenda de Batista es “El Tesauro de Datos Musicales de Puerto Rico”, en el que incluirá cerca de 25 mil entradas de la historia musical nacional.

Portada de la publicación de Gustavo Batista, motivo de su tesis de Maestría. (Foto suministrada)
Portada de la publicación de Gustavo Batista, motivo de su tesis de Maestría. (Foto suministrada)

“Compositores, intérpretes, conciertos… Hay algo de música popular, no podría decir en qué por ciento. Me concentro más en la música académica por la necesidad que vi. No había un libro que nos pudiera servir de referencia en la Universidad para poderle servir a los estudiantes, aparte de que tristemente he visto como en el Departamento de Música el curso ‘Música y Músicos de Puerto Rico’ ahora no es requisito, cuando hace diez años sí lo era. O sea, se puede graduar un estudiante sin conocer nada de la música de Puerto Rico”.

Sus memorias con el tenor Antonio Paoli es otra asignatura pendiente en el calendario de don Gustavo Batista, quien lo conoció durante su niñez.

“La vida me ha dado la oportunidad de conocer a don Antonio Paoli. Jugaba con él. Vivía al lado de mi casa en Santurce, en el 1409 de la Avenida Fernández Juncos, Parada 20”.

Cuando Paoli impartía clases, recordó Batista, literalmente había que hacer silencio sepulcral. En ocasiones se sentaba en un banco de la galería posterior, junto a Batista y otro niño, a narrarles cuentos.

“Para hacer el cuento, don Antonio cogía una berenjena y la convertía como en un muñequito, colocándole unos palitos para los piernas y los brazos, y le dibujaba una cara. Con un alfiler y un fósforo, fabricaba unos dardos, que amarraba con un hilo de coser. Empezaba a hacernos el cuento y de repente paraba. Nosotros teníamos que coger el dardo para tirarlo a la berenjena. Si no se insertaba, don Antonio no continuaba el cuento”, rememoró Batista, quien también le dedicará un libro a su maestro Jorge Rubiano, profesor de Leonardo Egúrbida, Ernesto Cordero, Juan Sorroche y otros virtuosos de la guitarra.

Con su caudal de información y un gusto exquisito por compartirla, el próximo encuentro de este medio con Don Gustavo Batista se orientará a un análisis del pasado y presente del estudio de la mandolina en Puerto Rico.

Su primer concierto de este instrumento lo celebró en 1946 en la Fortaleza, ante la presencia del primer gobernador puertorriqueño Jesús T. Piñero.

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