Sin bridas El Mulo Mayor

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Manuel Fontánez, de 80 años, es un trovador que, lejos de las cámaras de televisión, los micrófonos y las redes sociales, contribuye a la diseminación del folclor campesino y la décima espinela, sin protagonismos ni agendas mercantilistas.

El trovador barranquiteño (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
El trovador canta los domingos en La Placita de Guavate. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

De hecho, no vive de la trova porque su existencia ha discurrido como empresario y comerciante de otros menesteres. Mas con la experiencia acumulada, incluidas sus colaboraciones con Flor Morales Ramos “Ramito” y Joaquín Mouliert, puede hablar con autoridad sobre el género.

Actualmente, El Mulo de la Trova canta los domingos en el chinchorro La Placita en Guavate, de 3:00 a 7:00 p.m., en una jornada de música típica y bohemia, acompañado por Wiso Pérez y Aida Serrano.

“Lo que he visto, cuando voy por ahí, es que hay muy poca responsabilidad de algunos individuos que se dedican a nuestra música. Siempre he entendido que este es un trabajo como otro cualquiera y se necesita darle importancia a esta faena. Respeto mucho mi oficio al igual que al público. Si no se ofrece un buen trabajo, no hay provecho”, dijo a la Fundación Nacional para la Cultura Popular.

En comparación con otras épocas, El Mulo considera que no falta taller para los trovadores responsables, no aficionados a la farra. “El trabajo que se hace bien redunda en trabajo. Soy un ejemplo”, explica el artista que grabó varios discos, pero no ha considerado regresar a un estudio de grabación.

Su carrera en la trova inició después de concluir su faena al timón de una orquesta, al estilo de la del fenecido José Luis Moneró. La música típica lo atrajo por sus mensajes. Organizó su grupo Los Mulos de la Trova, con una combinación de cuatro, tres cubano y guitarra. “La gente me empezó a conocer entre 1985 y 1986, aunque vengo de mucho antes”, dijo El Mulo Mayor, su segundo apelativo.

La evolución del folclor campesino a veces parece detenerse, a juicio de nuestro entrevistado. “Avanza y se detiene. Soy honesto. No veo a nadie que se preocupe por lo que verdaderamente debe ser la música nuestra. Al gobierno, a las instituciones y a los mismos municipios tampoco les interesa mucho. Hay muchos jóvenes muy buenos en esto, pero no reciben el mérito que merecen”, señaló el intérprete del éxito “Que bonitas son las manos” y quien ha representando el folclor en Estados Unidos y alrededor de casi toda la Nación puertorriqueña.

El Mulo resaltó que los trovadores de su generación aun aportan al desarrollo del género y lo hacen desde mucho antes de las mesas redondas en que los poetas de la décima se reunían a improvisar.

Curiosamente, aunque El Mulo se considera un trovador que improvisa, no lo acostumbra hacer por una razón especial: Vicente Martínez Espinel, a su juicio, creó la décima para escribirla y cantarla, no para improvisarla.

“La improvisación no es segura. Un improvisador puede hacer dos o tres décimas buenas, pero no todas son perfectas. Claro, si lo tengo que hacer lo hago, pero siempre he entendido que se hizo para escribirse y cantarse. La improvisación no es segura. En una improvisación cualquiera se equivoca y en la escrita y cantada no”.

Abordado sobre los concursos de trovadores, El Mulo Mayor reveló que no los patrocina. “Nunca me han gustado porque los organizadores deberían, aparte de entregarle un pie forzado al trovador, indicarle que solo tiene tres o cuatro tiempos para comenzar, pero aquí no se hace así. He visto trovadores que van a concursar y esperan 10, 15 y 18 tiempos para empezar a hacer una décima. No debe ser así”.

Fontanez (Foto Jaime Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Fontánez ha colaborado con figuras como Ramito (q.e.p.d.) y Joaquín Mouliert, entre otros. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

En torno a la Ley de la Música Autóctona Tradicional Puertorriqueña, El Mulo lamenta que los presupuestos de los eventos financiados con fondos públicos se redujeran de un 30% a un 10%.

“Eso es abusivo. Volvemos al mismo sitio: los que bregan con esto no le dan el mérito y la importancia que merecen nuestra cultura y nuestra música. Bajar de un 30% a un 10%, es increíble. De milagro no la quitaron. Si los que bregan con esto no respetan nuestra música, imagínate los demás”, reaccionó, sin filtro y sin bridas, El Mulo, nacido en el barrio Cedro Abajo de Naranjito.

Como su arte para la interpretación de décimas y la ejecución de la guitarra es innato, le satisface cantar en restaurantes y chinchorros. “Estoy cantando desde los siete años. Cogí unas clases de guitarra con Papo Blanes para mejorar la técnica porque ya la tocaba. Pero se me hizo difícil porque el maestro me daba las escalas y yo tocaba a mi modo”.

El Mulo aprovechó que se acerca el proceso electoral para instar a los candidatos a que incluyan en sus plataformas la cultura campesina.

“Quisiera que los gobernantes de este país se preocupen un poquito más por lo que nosotros hacemos. Un pueblo que echa su cultura río abajo no se beneficia ni beneficia a nadie”, concluyó don Manuel Fontánez.

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