Magia en el ‘Adagio’ de Hamilton

Por Rafael Vega Curry
Fundación Nacional para la Cultura Popular

La música de Jazz Hamilton manifiesta una evidente aspiración a la belleza, una belleza grandiosa y exuberante. Cuando la escucha, el oyente puede pensar que ha sido transportado a un gran salón europeo, decorado al estilo rococó, con abundante brillo y ornamentos. Ese sería el escenario perfecto para una presentación de su nuevo álbum, “Adagio”.

Carátula de la producción "Adagio" del puertorriqueño Jazz Hamilton. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Carátula de la producción “Adagio” del puertorriqueño Jazz Hamilton. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Este nuevo trabajo extiende la propuesta ya ofrecida en “Within Jazz and Romance”, su disco anterior, publicado en 2014. Al igual que ese álbum, “Adagio” emplea más de una formación orquestal –en este caso, dos, la Northern Lights Orchestra y la Fiorentinni Orchestra- y, de hecho, repite cuatro temas: “The Prayer”, una variación del “Concierto de Aranjuez”, “Over the Rainbow” y “Con te partiró”, el cuasihimno que fue un éxito mundial para Andrea Bocelli. También como en el disco anterior, “Adagio” presenta una combinación de piezas clásicas, cinematográficas, populares y de ópera, todas orquestadas por el propio Hamilton para crear un producto cohesivo.

Sin embargo, aquí hay dos variaciones importantes. La primera es la participación de Lourdes Robles en cinco temas, en los cuales hace gala de una dicción perfecta, dominio del canto en varios idiomas (incluyendo el italiano), sentimiento y un registro vocal que por momentos crea la sensación de que estamos escuchando a una diva operística. El “Adagio in G Minor” de Albinoni y particularmente la ya mencionada “Con te partiró” son verdaderos “tours de force”, en los que la cantante pone a prueba todo su talento, en lo que terminan siendo dos interpretaciones exquisitas. Sus otras tres participaciones, en “Aranjuez”, “The Phantom of the Opera” y “Over the Rainbow”, no se quedan atrás.

En cuanto a la música en sí, un intenso dramatismo la define desde el corte inicial, “El tango de Roxanne”, en el que el saxofón de Hamilton contrasta agradablemente con el marco musical creado por los violines. Un dramatismo similar anima “Evergreen”, de Barbra Streisand, aquí en ritmo marcial; “A Whiter Shade of Pale”, himno de la contracultura hippie; la “Czarda” de Vittorio Monti, inspirada en melodías folklóricas húngaras; y las ya mencionadas “Prayer”, “Adagio” y “Phantom”.

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“Adagio” extiende la propuesta ya ofrecida en “Within Jazz and Romance”, su disco anterior, publicado en 2014. (Foto suministrada)

La segunda variación importante –tal vez sería más apropiado hablar aquí de una sorpresa- la constituye la secuencia compuesta por “Ideas poéticas” (de Raúl Rodríguez) y “Tango de Nightclub” (de Astor Piazzolla). La primera es un dúo del saxofón de Hamilton con el piano de Dalia Rodríguez, en el que sobresale el sonido puro de ambos instrumentos. La segunda es una especie de fantasía musical a cuatro saxofones, interpretados todos por Hamilton gracias al proceso de “overdubbing”. Este último corte muestra no solo el talento del líder como músico, sino su ingenio como orquestador. Ambas piezas, sobre todo, proveen un significativo contraste con la densidad orquestal del resto de las interpretaciones y representan un poderoso atractivo para aquellos oyentes que gustan de escuchar sus discos completos, de una sola vez.

Pese a su nombre, no hay mucho “jazz” en la música de este saxofonista y orquestador puertorriqueño (quien además tiene su propia línea de saxofones), si por “jazz” entendemos el producto resultante de la improvisación, el swing, el sentido de blues y la interacción espontánea entre los instrumentistas. Pero esos no son los criterios para juzgarla. Más bien, las producciones de Hamilton parecen querer llevar al oyente a un estado de gracia musical, en el que reina melodías de altos vuelos. Que ello suceda dependerá de la disposición de cada oyente a dejarse atrapar o no por su magia.

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