El llamado de ‘Partidos de la risa’

Por Joselo Arroyo
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

En un país donde el deporte nacional es la política, todo se intensifica en un año eleccionario. Pero si a esto se le suma el gran sentido del humor que nos caracteriza, el resultado no puede ser otro que una sátira política bien lograda. Tal es el caso de “Partidos de la risa”, el más reciente espectáculo que Silverio Pérez acaba de crear para la productora Abracadabrarte Inc.

El espectáculo teatromusical nos remonta a un centro de escrutinio electoral. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
El espectáculo teatromusical nos remonta a un centro de escrutinio electoral. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Desde la llegada al Teatro Victoria Espinosa, en Santurce, el público entra a la sala entre casetas de votaciones de cartón. Allí comienzan a escuchar los primeros comentarios y risas de los presentes. Luego, en la segunda llamada, previo al inicio del espectáculo, una gran pantalla de proyección ubicada al fondo del escenario, establece una serie de juegos con el público. Entre aplausos, gritos y comentarios ahogados en carcajadas, los asistentes responden a las instrucciones proyectadas.

En un supuesto centro de escrutinio de la Comisión Estatal de Elecciones, está un grupo de funcionarios que, mientras contaban votos, comentan su visión de la política boricua y sus representantes. Entre escritorios, cajas de cartón y una montaña de papeletas, los cinco individuos hacían chistes, parodias y canciones con música en vivo –enmarcada con la dirección musical de la talentosa Aidita Encarnación, quien también intervino con un simpático personaje-. El espectáculo contó con las efectivas participaciones en vídeo de Alexandra Fuentes, Lizmarie Quintana y Raymond Arrieta. También el mago Hansel Santiago, tuvo su momento para deleitar a los presentes con su buen humor y su magia.

La dirección de Ismanuel Rodríguez, resultó ser ágil, limpia y salpicada de buen humor. Maximizó el espacio del teatro, añadiéndole notabilidad al trabajo actoral. Rodríguez, quien también estuvo a cargo del diseño escenográfico y ambientación, ofreció una estructura en forma de herradura con distintos niveles donde colocaba cada estación de trabajo de los funcionarios. Al fondo ubicó una pantalla de proyección de gran tamaño, donde las gráficas y foto montajes de Roberto González estimulaban las risas colectivas. En el centro de la estructura, se encontraban los músicos: Manny Trinidad, José Eduardo Santana, Víctor Meléndez y Yabey Marcano, todos bajo la dirección musical de la experimentada Encarnación. Cabe señalar que los músicos también se integraron a la pieza más allá de sus respectivas interpretaciones. Utilizando distintos elementos para completar la ambientación del momento, interactuaron y reaccionaban a lo que ocurría en escena, convirtiéndose en elementos acertados y oportunos para la función.

Aidita Encarnación brilló en la dirección musical así como en la caracterización de su personaje. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Aidita Encarnación brilló en la dirección musical así como en la caracterización de su personaje. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Las luces – diseñadas por el maestro Enrique “Quique” Benet – bañaron de colorido todo el espacio, resaltado por momentos los colores emblemáticos de los principales partidos políticos del País. Hábilmente mantuvo un nivel perfecto de intensidad para que todo pudiera ser apreciado con claridad, sin que las proyecciones en vídeo perdieran definición.

En este tipo de espectáculo la utilería toma un papel casi protagónico, y en este caso la completa y extensa utilería estuvo a cargo de Lynnette Salas. Un interminable inventario de detalles como pancartas, botellas y papeles, entre otros, jugaron con los actores y se integraron al espectáculo con absoluta fluidez. Salas también estuvo a cargo del vestuario, el cual consistía como base una camisa blanca con un pantalón y corbata negra. Sobre esto se incorporaron más elementos de vestuario para completar las necesidades del momento además de los ya señalados elementos de utilería. A pesar de ser una agotadora y extensa propuesta, la misma no interfirió con la fluidez orgánica del espectáculo. Así mismo se incorpora el maquillaje y la peluquería, diseñado por Villarini Makeup Company y ejecutado por Lourymar Merced.

Cuando se lleva a cabo un espectáculo tan multidisciplinario, es imprescindible lograr una integración precisa en la regiduría. Pues son muchos y distintos elementos que se integran, entran y salen, suben y bajan, prenden y apagan, contribuyendo así a la tan conocida “magia del teatro”. En esta ocasión la excelente ejecución de la regiduría estuvo a cargo del propio director -Rodríguez- además de Lynnette Salas.

Papeletas, urnas de votación, carteles y otros elementos de campaña fueron elementos utilizados en la producción. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Papeletas, urnas de votación, carteles y otros elementos de campaña fueron elementos utilizados en la producción. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por su parte, la atinada participación del elenco fue un complemento perfecto para el éxito del espectáculo. Contrario a lo que suele suceder en las luchas internas de nuestros partidos, aquí se destacaron todos por igual. La experiencia y el dominio de Silverio Pérez, el talento y veteranía de Gerardo Ortiz, la ocurrencia y alegría de Jesús Muñoz, la presencia y aplomo de Yéssica Delgado y la chispa y entrega de Yomara Lorenzo, se integran a la perfección para ofrecer a la audiencia una grata muestra de excelente sátira política. Todos demuestran una gran química y se integran tanto en lo musical como en el desempeño histriónico.

Entre chistes, canciones, divertidas ocurrencias y personajes, “Partidos de la risa” ofreció “en serio” el mensaje que más se necesita en estos días: salir a votar en las próximas elecciones, recordando que el pueblo tiene el poder de cambiar lo que no le gusta. Principio claro e importante con el que el público presente en la función del pasado sábado coincidió sin titubear.

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