Zambrana en un ‘Robo’ para pensar

Por Gabriela Ortiz Díaz
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

¿Cuánto poder tiene el dinero para cambiar el ánimo de una persona? Julián, oficial de ventanilla de un banco, es acusado de robarse un millón de dólares de su lugar de trabajo. Tras cumplir con una detención temporal, todos continúan enjuiciándolo por el robo: su esposa Pilar, que piensa que el hombre gastó el dinero con una amante; la suegra, que nunca lo ha soportado; y sus compañeros de trabajo. Incluso, al principio de la obra, él carga con la pesadez de las injustas incriminaciones. Pero, un cabo suelto durante el robo lleva a Julián a dar con el verdadero ladrón y finalmente a salir victorioso utilizando el mismo recurso implicado: el dinero.

El actor puertorriqueño Alberto Zambrana protagoniza a Julián en el monólogo “¿Robo perfecto?”, adaptación de uno de los “Monólogos para antes de dormir” del dramaturgo español José M. Padilla. Hoy, sábado 14, es la tercera y última función de esta pieza, la cual Zambrana ha dramatizado desde el pasado jueves en el café teatro La Beckett en Río Piedras. Trabajaron en el montaje de esta pieza Joselo Arroyo (director), Ricardo Magriñá (asistente de dirección) y Roby Huertas (sonido y música).

El actor Alberto Zambrana protagoniza a Julián en el monólogo "Robo perfecto". (Foto Gabriela Ortiz para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
El monólogo pone de manifiesto la desesperación que estamos viviendo a causa del dinero. (Foto Gabriela Ortiz para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Estamos en un momento histórico nacional en el que el tema del dinero es muy importante y muy delicado”. Aun así, “no estamos justificando de ninguna manera el robo”, expresó el director. Lo que sí se propusieron escenificar fue la desesperación que causan en las personas los líos económicos. En el caso del personaje de este monólogo, el desaliento lo conduce incluso a intentar el suicidio.

Cuando Julián comienza a pensar en cómo acontecieron los hechos y en quiénes estaban el día del robo, descubre que bajo su poder tiene la evidencia que lo descalifica como el culpable: una colilla de cigarrillo. Decide llamar por teléfono al que dejó mal puesta la colilla en la escena del delito, Martínez, otro empleado del banco. Julián graba la conversación que sostienen y utiliza ambas evidencias para sobornar a Martínez: si el compañero de trabajo quiere que Julián detenga los planes de denunciarlo, tendrá que darle los ochocientos mil dólares que le pide del millón que robó.

El texto es de la década de 1980. Por eso, en cuanto a la utilería, “se trabajó bastante en atemperarlo a nuestra realidad. Había muchas circunstancias que solucionar, sobre todo porque ya casi nadie tiene máquinas de mensajes. Algunos, no todos los modelos, podían grabar durante la conversación telefónica. Tuvimos que llegar a un intermedio entre la modernidad y el no sacrificar elementos que ya estaban establecidos en el monólogo”, comentó el director. Los ajustes realizados se amparan en el hecho de que desde los ochenta hasta estos tiempos la tecnología ha evolucionado vertiginosamente.

Durante un viaje estudiantil a España, Alberto Zambrana se topó con el libro de Padilla “Monólogos para antes de dormir”. Años más tarde, el actor decidió montarlo junto a Raquel Montero y Edgardo Rubio. Lamentablemente, nunca logró escenificarlo en aquel entonces, pero lo dejó guardado para dramatizarlo alguna vez.

A través de su carrera actoral, Zambrana nunca había hecho un monólogo. Esto porque, según expresó el propio actor, dentro del ambiente teatral es uno de los trabajos más exigentes y de los que demandan años de experiencia en las tablas. El actor de un monólogo debe mantener al público atento y establecer claramente los cambios de personaje, continuó Zambrana.

La simpatía con la que expone el tema y el lenguaje corporal que utiliza son factores que hacen que la pieza guste entre el público. Precisamente, una espectadora comentó al finalizar la obra que “la gestualidad de Zambrana ayuda a que el público se conecte con la vulnerabilidad del personaje”.

Al concluir la obra, el actor abrió un espacio para dialogar con los presentes. “El teatro se madura con el público”, puntualizó.

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