La radio ante la convergencia

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La radio de 2016 también es vídeo, fotografía y palabra escrita.

En la presente era de la convergencia de medios, era inevitable que las emisoras echaran mano a las redes sociales y a las herramientas digitales para competir en el mercado de la comunicación e información globalizada.

Si le pregunta al radiodifusor promedio lo ideal para su negocio sería que su audiencia se esmere, ya sea en la quietud del hogar, de camino al trabajo en el “drive time” matutino o vespertino o durante una tarde de descanso en la playa, en sintonizar su frecuencia desde el auto o un receptor portátil.

Hoy más que ayer, la radio en 2016 enfrenta fuertes retos ante los crecientes cambios tecnológicos. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Hoy más que ayer, la radio enfrenta fuertes retos ante los crecientes cambios tecnológicos. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Pero los tiempos han cambiado… Ahora la prensa, el cine, la televisión, el teatro, la literatura y un largo etcétera están al alcance de la mano en teléfonos inteligentes y la radio no se podía quedar rezagada.

Se estima que un 70% de la población, equivalente a 2.1 millones de personas, están conectados a internet y casi un 87% lo hace con su celular.

Y esto, ciertamente, ha impactado la industria, con ventajas y desventajas. Por ejemplo, con la aplicación “tunein”, directorio digital de emisoras, una radio regional se puede escuchar no solo en toda la Nación, sino en el mundo entero. Pero la desventaja mayor es la competitividad, incluso internacional, por su fácil acceso en términos de portabilidad.

La radio comercial convencional, a pesar de su incursión en internet, sigue dependiendo de la venta de anuncios. Y la publicidad está en los medios convencionales.

La realidad apunta a que numerosos melómanos de salsa o rock ya optan por aplicaciones como “Pandora” o “Spotfi”, entre otras, porque le pueden servir el menú musical de su predilección, a salvo de interrupciones o del consabido bombardeo de anuncios.

Si desea escuchar a Héctor Lavoe, por ejemplo, lo escuchará pero también a voces de su género, como Rubén Blades, Willie Colón e Ismael Miranda. Si prefiere a Lucecita, le servirán su música, pero intercalada con la de Mercedes Sosa, Tania Libertad o Soledad Bravo.

(archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Alternativas digitales como “Pandora” o “Spotfi” plantean un reto para la programación musical tradicional. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Estas plataformas han revolucionado la industria y le han asestado un golpe cuasi mortal a la radio musical, que ha visto sus ingresos mermar a nivel mundial y Puerto Rico no es la excepción.

La otrora acaudalada y sólida industria de alrededor de 125 emisoras en un territorio de 100 x 35 se ha visto seriamente afectada por la cuantiosa reducción en ingresos por publicidad.

En la presente recesión, las agencias han dividido el pastel de las pautas en medios en muchos más pedazos que ahora compiten con la radio, como las redes sociales y las vallas publicitarias o “billboards”, pero con tarifas mucho más bajas.

En tiempos de inflación, en que se han disparado los costos de la telefonía, energía eléctrica, agua potable y alcantarillados, la operación de emisoras pequeñas se ha tornado insostenible, desapareciendo algunas como WOSO Radio Oso y WLUZ Romántica 1600.

Las grandes corporaciones radiales se reinventan con nuevos productos, orientados al vídeo, bitácoras o blogs animados por sus personalidades y la comunicación simultánea e instantánea en foros o “chats”.

“El Circo de la Mega”, con sus muy populares Funky Joe y El Gánster, se reinventó con nuevos talentos, escenografía, secciones y vestuarios, evolucionado de un “talk show” radial a un espectáculo teatral para internet originado desde la radio y sostenido con promoción continua en las redes y su proyección continental por Mega TV.

Así, pues, a todos, contrario al pasado, ya no les llega la radio. La noticia ahora rompe por las redes. Cuando la radio duerme, las redes están despiertas. Cuando Lin-Manuel Miranda obtuvo el Grammy por la banda sonora de “Hamilton” las emisoras transmitían en automático y fueron las redes, Twitter y Facebook, las que llevaron la delantera.

"El Circo de la Mega" es ejemplo de integración de medios en una ofensiva radial a tono con los tiempos. (Foto suministrada)
“El Circo de la Mega”, con El Ganster y Funky Joe, es ejemplo de una ofensiva radial a tono con los tiempos. (Foto suministrada)

La radio convencional, como plataforma de lanzamiento de cantantes y agrupaciones, también ha perdido la primacía en estos menesteres. Las redes sociales, particularmente Youtube por el vídeo, son indispensables en la promoción y proyección de nuevos talentos.

El éxito de Justin Bieber, Susan Boyle, Psy, Del Rey y otros es un fenómeno de masas con un alcance estimado en millones de cibernautas que, en su momento, los descubrieron y siguieron por Youtube desde las palmas de sus manos.
La marcha de los millones, característica de la era de la consolidación de emisoras locales en grandes cadenas y corporaciones en la década de 1990 y el primer lustro del 2000, se ha tornado insostenible. Figuras muy queridas por el pueblo que capitalizaron su popularidad en la pantalla chica como trampolín hacia la radio, han salido del aire.
Es más económico divulgar música y pagar licencias fonográficas que desembolsar miles de dólares a personalidades del micrófono en tiempos en que las audiencias se diversifican y fragmentan más y más.

La salvación de algunas emisoras, por lo que representa en ahorros en gastos operaciones, radica en las alianzas. Hoy programas como “Dr. Shopper”, con el creador de la Cadena del Consumidor, Gilberto Arvelo, y Red Informativa, con el periodista José Raúl Arriaga, van al aire por frecuencias alrededor de la Isla, originando desde sus hogares u oficinas mediante la aplicación Mixir. Las emisoras lo único que tienen que hacer es acceder el enlace por Internet, procesarlo por un canal de la consola y divulgarlo.

La masificación del “wi-fi” o acceso a redes inalámbricas tornará mucho más asequible la radio alternativa por internet. Incluso, así como las redes han propiciado el fenómeno del “ciudadano periodista”, la facilidad de ensamblar una emisora por Internet, ya redunda en el “radiodifusor ciudadano”. Para transmitir solo necesita la conceptualización de un contenido, un teléfono inteligente o una laptop y un programa como Zara Radio o Virtual DJ.

José Javier González transmite "Salsa de la mata" a través de la internet. (Foto suministrada)
José Javier González transmite “Salsa de la mata” a través de la internet. (Foto suministrada)

El año pasado, en el Mes de la Radio, este medio reseñó la exitosa incursión del coleccionista José Javier González con el muy escuchado programa “Salsa de la Mata” que origina en su hogar en Bayamón cada dos miércoles y transmite por Ustream, otro recurso libre de costo que, además, utilizan emisoras como Radio Joe en Luquillo para alcanzar al público que escucha radio por Internet.

En Puerto Rico, tras la digitalización de la televisión, la transición definitiva a la radio demorará más por los altos costos de la tecnología de transmisión y recepción. No pocas operan en análogo con equipo parcialmente digital y al conectarse a la red compensan bastante.

La radio por internet acerca. Te acompaña a la playa y al retrete. Los contenidos, si se desea, se pueden almacenar en la nube, ahorrando espacio de infraestructura inmueble. Parece el modelo perfecto de negocio. Democratiza la cultura, la información, la música y el entretenimiento en general.

Pero amenaza con destinar a la extinción a los medios que se resistan pensando difundir o publicar esta noche o mañana la información que ahora podrían servir “on line”.

El camino inevitable de la radio puertorriqueña es el de la especialización y globalización. Más que nunca, con la limitación de presupuestos, urge creatividad, credibilidad, empatía, presencia y compromiso en la articulación del contenido idóneo para la comunidad dispersa por el Planeta.

Los radiodifusores lo saben.

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