‘Asertivo’ Moncho Ríos en ‘Just Feeling’

Por Rafael Vega Curry
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Algunos músicos, convencidos de la necesidad de presentarle su arte al mundo lo antes posible, se lanzan desde muy jóvenes a la aventura de producir sus propias grabaciones. Otros, más pacientemente, van destilando sus propuestas a lo largo de los años y cuando se deciden a grabar sus propios discos, el resultado tiene la capacidad de ofrecer una visión más amplia, fruto de las influencias, los gustos, las técnicas y las pasiones esculpidas con perseverancia.

Ese es el caso de “Just Feeling”, el primer álbum como líder del veterano guitarrista puertorriqueño Moncho Ríos, un trabajo que si bien refleja los estilos de gigantes del instrumento como George Benson o Wes Montgomery, presenta un sonido personalizado, así como sus propias composiciones. Centrado en el marco de un funk poderosamente rítmico y con frecuentes pinceladas de blues-rock, este disco es un retrato a todo color (como bien lo indica la foto de la portada) de buenas vibras y aires optimistas, agradable no solo para quienes gustan del jazz y el funk, sino para todo aquel que ame la buena música.

La producción de "Just Feeling" de Moncho Ríos recibe aplausos de la crítica especializada.
La producción de “Just Feeling” de Moncho Ríos recibe aplausos de la crítica especializada.

Se trata, además, de una producción cuidadosamente elaborada, desde la portada ya mencionada hasta su sonido puro y bien definido, creado por Egui Sierra, quien fue el ingeniero de grabación, y Raúl Romero, a cargo de la mezcla y la masterización. Los músicos participantes incluyen a un número considerable de grandes talentos locales: el propio Egui Sierra en bajo, Ángel David Mattos en piano, Raúl Romero en guitarra y cuatro excelentes bateristas, José Ruiz, Héctor Matos, Pepe Jiménez y Efraín Martínez. No faltan los invitados especiales, tales como el titán del saxo tenor David Sánchez; Jorge Laboy en guitarra rítmica; Amuni Nacer en órgano; Raúl Rodríguez y Rigo Collazo en percusión; Fidel Morales en tambores batá; y Yan Carlos Artime en piano eléctrico. Para completar, Eusebio “Chebi” Rodríguez hace suyo uno de los temas, “Cenizas”, en la que tiene que haber sido una de sus últimas grabaciones.

Aunque ciertamente hay variaciones en los niveles dinámicos a lo largo del programa, la intensidad da la nota dominante, sobre todo en el primer tema, “El duelo”, y en los dos últimos, “Guapo Blues” y “Ríos Funk”. Los tres son muy robustos y atractivos. “Funk Café” es un “riff” bluesero muy agradable; “Para mis hermanos” un cha cha chá en el que David Sánchez luce toda su autoridad en el tenor; y “El Reve” un reggae quizás un poco más reposado pero no menos funky. Tanto en este último tema como en “Los muchachos” se destaca de manera especial el bajo eléctrico de Egui Sierra, con espesas líneas rítmicas que le añaden potencia a la interpretación.

Las dos piezas centrales del disco no solo representan una especie de descanso en la intensidad (un acierto en términos de producción) sino también su parte más emotiva. “Mother”, interpretada a dúo por Ríos y Yan Carlos Artime en los teclados, es un sentido homenaje a la madre del guitarrista. Por su parte, “Cenizas” es una especie de “cumbre guitarrística” en la que Ríos y Jorge Laboy acompañan al ya desaparecido “Chebi” Rodríguez, quien ejecuta un solo de hermosa delicadeza.

Fiel a una extendida tradición en el jazz, Ríos dedica dos de sus composiciones a sus hijas, tituladas “Jessica” y “Esthela”. La primera constituye el tema más abiertamente “latino” del disco, con un potente solo de David Sánchez en el que mezcla creativamente notas cortas y punzantes con otras más reposadas y sostenidas. La segunda es un blues melódico y sensual en el que sobresale la improvisación de Raúl Romero en la guitarra-sintetizador; su sonido, por momentos, pareciera ser más bien el de un clarinete.

En el mejor espíritu colaborativo del jazz, “Just Feeling” es una grabación en la que todos los músicos participantes tienen oportunidad de destacarse. Sin embargo, su mayor deleite lo provee la propia guitarra de Moncho Ríos, con su sonido asertivo, limpio y basado en algunas de las mejores tradiciones del jazz, el funk, el blues y el rock. Sin duda, uno de los mejores discos hechos en Puerto Rico en lo que va del 2016.

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