Liván Albelo ante el reto de ‘Luna azul’

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Para Liván Albelo, participar en la obra “Testigos de la luna azul”, de la dramaturga puertorriqueña Adriana Pantoja, significa un nuevo comienzo como actor.

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El actor Liván Albelo compartirá la escena con Víctor Alicea en Bellas Artes de Santurce. desde el 22 de abril en el Centro de Bellas Artes de Santurce. (Foto Cuarzo Blanco)

“La obra me gustó desde la primera vez que la leí. Me recordó la primera obra de teatro que interpreté, ‘La casa vieja’, del dramaturgo cubano Abelardo Estorino. Para mí, ‘Testigos de la luna azul’ es revivir la emocionante sensación del ambiente de aquella obra de mis inicios: la energía, el tema familiar, el conflicto familiar fuerte. Aunque ‘Testigos de la luna azul’ y ‘La casa vieja’ no tratan el mismo conflicto, en ambas obras hay algo de lo cual no se habla y que crea distancia entre los integrantes de una familia”.

Liván Albelo nació el 2 de enero de 1986, en la provincia de Santi Spiritus, Cuba. Según sus propias palabras, “vivía en un campito” y estudió saxofón en la provincia.

“Empecé a los nueve años a estudiar música. La música nació conmigo. No recuerdo el momento donde comenzó esta pasión. Nadie en mi familia es artista. Sin embargo, me cuentan que cuando yo tenía tres años de edad, esperé a mi papá, que venía de la guerra de Angola, tocando una conga. Aunque estudié saxofón, la percusión es lo mío”, relató Albelo, quien es un gran conversador.

El actor estudió interno en la escuela Ernesto Lecuona, una escuela especializada en música. Terminó la educación a los 13 años y esto tiene una explicación.

“En Cuba, se le llama preuniversitario a los grados décimo, undécimo y doceavo. Cuando terminas el octavo grado se hace el ‘pase de nivel’. Hay que tomar exámenes en la Escuela Nacional de Arte. En mi caso, yo no sabía si quería seguir estudios de música, así que tomé los exámenes para la Escuela Nacional de Teatro”, cuenta.

Liván (cuarto de izquierda a derecha) atesora las experiencias acumuladfas en la escena teatral cubana. (oto suministrada)
Liván (cuarto de izquierda a derecha) atesora las experiencias acumuladas en la escena teatral cubana con la compañía Teatro de la Luna. (foto suministrada)

– ¿Por qué el cambio?, indagamos.

“Porque fue lo que apareció. Yo no sabía lo que era teatro, en mi vida había visto teatro. Para entrar en la Escuela Nacional de Teatro, tomé un taller que duró 15 días, antes que llegaran los maestros de La Habana para hacer una prueba. En el primer día me fue muy mal, el maestro me preguntó: ‘¿Qué haces aquí?’ Dos semanas después me dijo que tenía grandes posibilidades de entrar en la escuela. Me fajé mucho para que me dijera eso. No era fácil. Cerca de 500 muchachos en la provincia tomaron la prueba. Al final, nos seleccionaron a seis. Había que vivir en la escuela, así que, a los 14 años me mudé a La Habana para estudiar. En esa escuela compartí con chicos de todo el País”, apunta.

Mientras estudiaba, Liván trabajó en Habana Radio. “Allí teníamos dos programas, uno juvenil y uno infantil. El juvenil era variado. El infantil era de teatro para niños. Después de mi tesis de graduación de cuarto año empecé a trabajar. En Cuba, la carrera de teatro se comienza desde décimo grado de escuela superior. En el cuarto año, tienes que buscar un director de teatro profesional y pedirle que te monte una obra de teatro. Esa obra de teatro, la cual puedes hacer con otros compañeros, es la tesis. Quiero que sepas que nunca olvido la música, siempre está en todo lo que hago. En mi tesis, le hice un homenaje al saxofón. Se supone que mi personaje tocara una armónica, pero yo toqué saxofón. Me fue muy bien”.

Así, cuando cursaba el tercer año, Liván interpretó a Hamlet. Raúl Martín, director de Teatro de la Luna, una de las compañías más importantes de Cuba, fue a ver la obra. Y sin que el actor en ciernes supiera, Martín manifestó que lo quería en su colectivo.

Con la compañía xx viajó a numerosos países. (Foto suministrada)
Con la compañía Teatro de la Luna viajó numerosos países de varios continentes. (Foto suministrada)

“En Cuba, después de la graduación, tienes que regresar a tu provincia a ejercer por un tiempo. Pero no había teatro en mi provincia, así que pasé tres meses en mi casa cobrando y perdiendo el tiempo. Lo bueno de hacer teatro en Cuba es que el gobierno te paga mensualmente. El sueldo es prácticamente simbólico, pero en Cuba se vive -o se sobrevive- así. Con esa compañía viajé el mundo. Viajábamos dos o tres veces al año. Entre otros países, fui a Turquía, Alemania, Polonia, República Dominicana, México, Nicaragua, Venezuela, Brasil y Estados Unidos. Y, en mi primer viaje a Estados Unidos, pasó algo que cambió mi vida”.

– ¿Te enamoraste?, preguntamos.

“Sí. En Miami, conocí a mi esposa, Noelis Márquez. Ella es una cineasta puertorriqueña y, en ese momento, grababa obras de teatro para el Archivo de la Universidad de Miami. Noelis grabó una obra en la que yo estaba trabajando y así nos conocimos. En el primer año, nos vimos en dos ocasiones. Nos comunicábamos por internet y por teléfono. Al siguiente año, regresé a Miami y decidí quedarme con ella”.

La fuerza del amor pudo más que todo. Noelis y Liván se casaron. Y cuando su esposa quedó embarazada por primera vez, se mudamos para Puerto Rico. Aquí trabajó en un supermercado pero también, entró en una agencia de talentos para la cual ya ha hecho varios comerciales. Después de dos años en el supermercado, comenzó a trabajar como maestro de teatro en el Colegio Rosabel. Un día, se enteró que estaban haciendo una audición para “La casa de Bernarda Alba, el musical”. Esa producción de Florentino Rodríguez tiene un elenco de hombres. Se presenté, lo probaron y lo escogieron para el personaje de Magdalena.

“Lo disfruté muchísimo. Hicimos cinco funciones. Es una pena que no fueran más”, confiesa el orgulloso padre de Antuán y Alas.

En 2015 "La casa de Bernarda Alba" marcó su debut en la escena nacional. (Foto William / Teatradas)
En 2015 “La casa de Bernarda Alba” marcó su debut en la escena nacional. (Foto William / Teatradas)

Ahora, en estos días, surge la oportunidad de regresar al escenario teatral boricua con “Testigos de la luna azul”. Según adelanta, fueron Miguel Diffoot y Omar Torres, quienes trabajaron con él en “Bernarda”, los que lo recomendaron con la dramaturga Adriana Pantoja para esta obra.

“Esto me tiene muy emocionado porque significa regresar a lo que yo mejor sé hacer: actuar. En cierto momento, pensé que no lo iba a hacer más. Pero este personaje me está dando la oportunidad de regresar a lo mío; y de que me conozcan”, dice el joven artista.

En la producción que estrena el 22 de abril en la sala Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes, en Santurce, Liván Albelo será “Bobby”, el hijo de un ex transformista caracterizado por Víctor Alicea.

“Bobby descubre que su padre es transformista de la peor manera: mientras está en un club con colegas del trabajo, ve a su padre travestido en el escenario. De primera intención, Bobby no se da cuenta que es su padre y hasta hace comentarios homofóbicos en voz alta. De repente, su padre, herido e indignado, se quita la peluca y Bobby lo ve. Ahí comienzan los conflictos entre ellos”, informa.

Ante una trama tan intensa como esta, Albelo se siente listo para el reto. “Pienso que me ha ido bastante bien con Bobby: me siento cómodo. Y estoy contento porque ésta será mi primera oportunidad con público comercial. Además, la dinámica de los ensayos es bien buena y estamos dando lo mejor de cada cual”, comenta con satisfacción.

– ¿Cuál es la diferencia entre trabajar como actor en Cuba y en Puerto Rico?

El actor contrasta los ambientes en los que se ha desarrollado su joven carrera. (Foto suministrada)
El actor contrasta los ambientes en los que se ha desarrollado su carrera histriónica. (Foto suministrada)

“En Cuba hay una posibilidad que aquí no tienen: los actores cobran sin importar lo que hagan. Todas las compañías pertenecen al Consejo de Cultura. En Puerto Rico se cobra por proyecto. Pero allá se vive con presión económica, sin posibilidad de poder hacer otra cosa para ganar más dinero. Aun así, yo extraño la posibilidad de estar meses haciendo investigaciones, improvisaciones, lecturas dramatizadas, trabajos de mesa, puestas de escena, sin ocuparme de algo más, solo ser actor a tiempo completo”.

– ¿Piensas intentar ser actor a tiempo completo acá?

“Quiero seguir actuando y estoy interesado en dirigir. En Cuba dirigí varias obras. Sueño con formar una compañía, pero me falta tiempo y organización. Estoy abierto a cualquier posibilidad, en o fuera de Puerto Rico. Por lo pronto, estoy muy concentrado en “Testigos de la luna azul”, producción de Cuarzo Blanco, dirigida por Adriana Pantoja. Sé que al público le va a encantar”, concluye el actor.

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