Enmudece el saxofón de Gato

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Gato Barbieri se sentía vivo.

El célebre y mítico saxofonista argentino, de 83 años, fallecido el sábado de neumonía, entrañaba en su corazón la expectativa de aprovechar al máximo las dos “vidas” que le quedaban porque, según confesó a este periodista, prácticamente había fallecido en cinco ocasiones.

Si es cierto que los gatos tienen siete vidas, al intérprete de “Europa” le restaban dos. Hace poco fue operado del corazón para removerle un coágulo, que degeneró en la enfermedad respiratoria que lo dejó sin aliento.

Y es que cada década le sucedía un evento de salud que atentaba contra su vida. Uno de los más recientes ocurrió en septiembre de 2005. “He muerto prácticamente cuatro veces. Cada diez años me sucede algo. Primero fue en Brasil en la década del 60, que me quedé oscuro y sin conocimiento durante seis horas por el consumo de píldoras y licor, después de una gira muy larga por Italia. A finales de los 70, en Nueva Orleans, me enfermé con salmonela y estuve a punto de morir. Y, después en los 80, fui operado de un triple ‘bypass’ en el corazón”, reveló tranquilamente el músico que en la última década se presentó dos veces en el Puerto Rico Heineken JazzFest (en 2004 se le dedicó el festival) y en la Sala de Festivales del Centro de Bellas Artes de Puerto Rico.

El saxofonista argentino Gato Barbieri falleció ayer a las 83 años. (Foto suministrada)
El saxofonista argentino Gato Barbieri falleció ayer a las 83 años. (Foto suministrada)

Otro percance de salud que amenazó la vida del Gato le sobrevino entonces, al acudir a una clínica a desintoxicar su cuerpo del excesivo consumo de drogas recetadas. “Se me complicó con sangre en los pulmones y casi se complica con el corazón, porque mi sangre es muy gruesa. Por eso, desde entonces, todos los días tengo que tomar un anticoagulante para que la sangre se mantenga finita y no me suceda nada”, dijo Barbieri, al revelar que fue un hombre depresivo que sobrellevaba su condición ingiriendo píldoras y licor.

Tarde o temprano, según señala, el estilo de vida del músico promedio que no se cuida puede incidir en enfermedades cardio o cerebrovasculares. En 2006 Ray Barretto fue operado de corazón abierto para corregir obstrucciones en sus arterias. Pocas semanas después murió. En una operación parecida murió Tito Puente en 2000. Y Cachete Maldonado no ha podido tocar la percusión como desearía después de un segundo derrame cerebral.

“Tito decía que no fumaba, pero usaba otro tipo de sustancia que era fatal. Grover Washington me dijo que cuando uno se siente muy bien debe acudir a un médico, porque puede haber algo que no funciona. Yo estoy tomando el anticoagulante para evitar que me pase lo de Cachete. El tocó conmigo y le deseo mi más grande aprecio”.

Además de sus amanecidas, del abuso del licor y los fármacos, Leandro “Gato” Barbieri fue un hombre muy temperamental, de carácter fuerte. Eso, reconoció durante la entrevista, le hizo mucho daño. “Mi vida ha sido dura desde que yo era chico. Mi madre me decía que un hombre no debía llorar. Yo siempre me lo he llevado todo al estómago. Lo dramatizo todo en el estómago y me torno irritable”.

A pesar de los quebrantos de su salud, las capacidades y habilidades artísticas de Gato Barbieri no habían desmejorado. Trascendió que mensualmente se presentaba en el club de jazz Blue Note.

“Es algo natural que uno tiene. Como muchos músicos que han tomado drogas y algunos de los cuales han muerto, uno se mantiene al borde del abismo. Por eso siempre quiero tocar porque me ayuda a controlarme. Aparte de que estoy casi ciego, que es otra cosa que me pone muy mal, por lo que sigo tomando unas píldoras que son tan fuertes como usar drogas, que te ponen tranquilo y uno la pasa mejor”.

La pérdida de la visión ya no le permitía leer partituras y arreglos. En cada concierto acudía a la intuición y a la simbiosis que establecía con sus músicos.

Gato, reconocido en 1973 con el Grammy por la banda sonora del filme “Last Tango in Paris” que estelarizaron Marlon Brando y María Schneider, se distinguía por el tono penetrante y sensual de su saxofón tenor.

Era un personaje. De mediana estatura, subía al escenario con su inseparable sombrero negro y sus lentes oscuros.
No grabó mucho. De hecho, su regreso al mundo del disco se consumó, tras una prolongada ausencia, en 1997 con el lanzamiento del cedé “Qué pasa”. Dos años después produjo “Che Corazón”, ambos editados por Columbia Records, y en 2002, editado por Peak Records, lanzó “The Shadow of the Cat”.

Gato al fin, mantuvo -hasta su muerte- bastante agudo el sentido de la audición.

Puerto Rico siempre lo recordará. Y como documentación de su paso por nuestra tierra queda el cedé del Puerto Rico Heineken JazzFest 2004, en que interpreta una versión avasalladora de su clásico “Europa”.

Descanse en paz.

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