A la luz ‘La verdad’ de Aguilú

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

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El orgulloso autor con su obra en la mano. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Cada vez que nos preparamos para asistir a la presentación del libro, sentimos que asistiremos al nacimiento del sol y nos ponemos emocionales. Pero cuando se trata de un libro que publica una persona que conocemos y respetamos, pero no sospechábamos que le interesara escribir, las dimensiones de ese sol son preguntas y respuestas infinitas. ¿Cómo y cuándo pasó? ¿Con qué nos encontraremos? Así entramos recientemente en la librería Mágica de Río Piedras, a la segunda presentación de la primera novela de Fernando Aguilú, “La verdad que no te dije”. La primera presentación se dio en La Tertulia de Río Piedras.

Al llegar a la Mágica, encontramos amigos de la “vieja guardia”, como el dramaturgo, director y académico, Dr. Antonio García del Toro, y de la “nueva guardia”, como la Lic. Rubis Marilia Camacho, reseñista para la ocasión. De inmediato, nos acercamos al autor para, entre otros asuntos, indagar sobre su novela, y sostuvimos una más que amena conversación. El novelista se mostró muy conversador. Fue tan revelador que descubrimos otra dimensión.

Conocimos a Fernando Aguilú a principios de la década de 1970, cuando él era ya un joven profesional del teatro. Nos parecía serio, estricto e indiferente hacia los demás. En dos de nuestros juicios no nos equivocamos. Aguilú conocía el escenario con los ojos cerrados, tomaba muy en serio y era muy estricto en sus facetas de actor, director y diseñador. Pero nos equivocamos en nuestro juicio al ser humano.

Fernando L. Aguilú Alvarado, nació en Santa Isabel, Puerto Rico. No nos dijo en qué año fue. Estudió en la escuela Juan Ponce de León en Río Piedras, de donde se graduó en 1963. Después, pasó la Universidad de Puerto Rio en Río Piedras donde completó una concentración en Drama y otra en Historia. Su experiencia en teatro es abarcadora, comprende la actuación, la dirección, el diseño de luces y escenografía. Entre 1965 y 1972, fue miembro de Teatro del Sesenta. Perteneció al grupo de teatro La rueda roja desde 1975 a 1985. Participó en festivales de teatro fuera de Puerto Rico, como el Festival de Teatro Internacional de Caracas (1975), el Festival de la Juventud de La Habana (1978) y el Festival de Teatro Lower East Side en Nueva York (1979).

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Aguilú presenta capítulos que marcaron su vida cotidiana. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Un evento en la vida de Fernando marcó su vida: la guerra no declarada de Vietnam. Nuestro amigo cumplió su servicio militar, que en aquel entonces era obligatorio, entre 1968 y 1971, y fue herido de gravedad en combate. Al hablar con nosotros sobre el suceso, confesó que su experiencia con la guerra fue traumática, lo dejó sumido en un profundo dolor y tardó casi 40 años en superarla. En el trayecto a su sanación, en el cual escribir fue un bálsamo, reconoce, con sinceridad conmovedora, haberse hecho daño a sí mismo y a los demás. Sobre esto, nos dijo que, en 2012, escribió una obra de teatro titulada “Corazón Púrpura” (medalla que otorga el ejército de los Estados Unidos a los heridos en combate), motivada por su experiencia, la cual espera estrenar pronto. Además, este año, 2016, terminó su segunda novela “El olvido”, la cual espera publicar pronto. Para nosotros, descubrir la faceta de escritor de Fernando Aguilú fue, humanamente, aleccionadora y fascinante.

“Terminé ‘La verdad que no te dije’ en el verano de 2015”, nos dijo Aguilú Alvarado, con el entusiasmo de un niño, antes de que preguntáramos, y continúo: “La novela tiene tres planos, uno policiaco, otro de romance muy intenso y otro político-histórico. Un fotógrafo consigue trabajo en continuidad en una película que recrea la vida del prócer Pedro Albizu Campos. Allí se enamora a primera vista de la asistente de producción. El romance cambia sus vidas”. Informó también el novelista que la acción ocurre en Puerto Rico, en la década de 1990, cuando Pedro Roselló era gobernador, no tiene orden cronológico y comienza con un comunicado de prensa que informa un asesinato en Plaza Las Américas.

“Hay traición en la trama y la protagonista es culpable por asociación”, declaró Fernando. Para nosotros, es inevitable relacionar las frases “culpable por asociación” y “culpable por sospecha” con cacerías de brujas, tema dilecto. Nuestras mentecitas se fueron a los tiempos del macartismo en Estados Unidos en las décadas de 1940 y 1950, en Estados Unidos, y, aun más lejos, los tiempos de los juicios de la cacería de brujas en Salem, a finales del siglo 17, en el mismo país. Esta intriga avivó nuestra curiosidad.

Aguilú y su esposa, la periodista Margarita Aponte; la novelista Rubis Marilia Camacho y el dramaturgo y director Dr. Antonio García del Toro en un aparte durante la presentación. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Aguilú y su esposa, la periodista Margarita Aponte; la novelista Rubis Marilia Camacho y el dramaturgo y director Dr. Antonio García del Toro en un aparte durante la presentación. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

De inmediato, la periodista Margarita Aponte, quien también es la esposa de Fernando Aguilú, comenzó el protocolo como maestra de ceremonias. “No son estos los tiempos más fáciles”, nos dijo Aponte, “los que estamos aquí, tenemos un paso adelantado, abrimos puertas a la literatura que salva, tenemos deseos de crecer y reflexionar”. Para Margarita, el talento de escritor de su esposo teatrero, fue una sorpresa muy buena.

La reseña de la teóloga, abogada, profesora, poeta, y novelista Rubis Marilia Camacho, fue inteligente, sabia, certera, novedosa y con chispas de histrionismo. Imposible no atenderla desde el principio hasta el final. “¡Qué gusto estar aquí!”, nos saludó, “sabemos que Fernando tiene otra novela inédita y unas cuantas historias que andan por ahí”. Para Camacho, conocer que Fernando Aguilú es teatrero es importante, porque él escribe en cuadros, en escenas. Lo catalogó como un “escritor inquieto, esos que se les llama escritores malditos, porque no ven el mundo si no están construyendo una historia”.

“Fernando empieza a contar la historia con los ojos y el pecho, y terminamos metidos en el misterio”, abundó Rubis Marilia. Después, le dedicó al título de la novela y a la portada del libro, unas palabras: “Verdad es una palabra riesgosa. Este cuestionamiento es milenario. Toda verdad devela una senda. Dijo Voltaire: No hay verdad que al nacer no sea perseguida. La portada es sugerente y hermosa. Hay en esta novela una sensualidad sofisticada maravillosa, pura, como en el Cantar de los Cantares de Salomón (uno de los libros de la Biblia y del Tanaj). Esta novela se trata de Puerto Rico, sucede en las calles del Viejo San Juan”.

Entre las tantas extraordinarias oraciones que expuso Rubis Marilia Camacho para referirse a la novela, enumeró las razones por la cual se debe leer: “Su escritura es ágil. El autor posee dominio del lenguaje, pero no se trata de un lenguaje articulado que aleja. Nos atrapa. Se escribió desde la honradez e integridad”.

Fernando Aguilú tomó la palabra para agradecerle a Rubis Marilia el haber sido una de sus primeras lectoras, su apoyo y solidaridad. Después, procedió con la lectura de algunos pasajes de su novela, sin revelar el todo de la trama, y sostuvo una sección de preguntas, respuestas y comentarios con el público. En estos momentos nos enteramos que Fernando ha tomado ocho talleres de novela con Rubis Marilia Camacho, que le han servido para desarrollar la técnica. Nos enteramos también del proceso creativo del autor y sobre detalles específicos de los personajes. Nos llamó la atención la descripción de la protagonista, una mujer resuelta e independiente, que estudió cine en la escuela que fundó Gabriel García Márquez en Cuba. Aguilú reveló, con aplomo y seguridad, que no tiene problemas al desarrollar personajes femeninos, ya que es un gran observador y admirador de las mujeres. “Somos privilegiados porque existen las mujeres, hay que hacerles caso”, enfatizó el novelista, lo cual arrancó nuestros aplausos, risas y simpatía. Fue una noche linda.

A estas alturas, teníamos la información, los motivos, el entusiasmo y los deseos, que conducen a abrir la primera página de una novela y no detenerse hasta la palabra fin. Así lo hicimos cuando llegamos a casa. Tras la lectura, el veredicto es inevitable: Recomendamos “La verdad que no te dije” de Fernando Aguilú.

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