¡Daniel Santos vive!

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El pasado fin de semana, la Fundación Nacional para la Cultura Popular abrazó las fiestas del centenario del cantante puertorriqueño Daniel Dantos. El éxito que tuvieron los homenajes para nuestro “Inquieto Anacobero” demostraron que el “Jefe” vive, más allá de lo que pudimos imaginar.

El cantante impartió dramatismo a su caracterización. (Foto Alí Francis García para la Fundación Nacional para la Cultura Popular)
El cantante impartió dramatismo en su caracterización de “El Inquieto Anacobero”. (Foto Alí Francis García para la Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El viernes 5 de febrero, a las ocho de la noche, arrancó la celebración con el recital “100 años con Daniel Santos”, el cual contó con la periodista puertorriqueña Delvis Griselle Ortiz como enlace con los medios y fue protagonizado por el actor y cantante puertorriqueño Ramón Saldaña.

La noche era lluviosa, no encontramos congestión de tráfico en ningún momento del camino y nunca se nos había hecho tan placentero encontrar estacionamiento en el Viejo San Juan. La total ausencia de algarabía en el trayecto y durante nuestra travesía a la Fundación Nacional para la Cultura Popular en la calle Fortaleza, no significó un augurio de asistencia para el recital, porque estaba vendido totalmente y hubo personas que llegaron y se quedaron sin entrar. Desde el comienzo, reinó la alegría entre el público, lo cual se mantuvo en forma ascendente hasta el final.

El libreto, original de Ramón Saldaña, y Luis Enrique Romero, quien fungió como maestro de ceremonias, no tenía la pretensión de trama de obra dramática ni de comedia en ningún sentido de la palabra. Más bien, rememoraba con licencia poética momentos sobresalientes en la vida de Daniel Santos, con líneas temáticas traídas por el moderador que llevaban a cada una de las canciones, fueran o no en orden cronológico. Desde el comienzo, y a través de una de las líneas de Romero, “Daniel era conocido en muchos países y en sus cárceles”, comprendimos que el espectáculo estaría salpicado de simpatía y humor. No nos equivocamos. Se trató de una velada encantadora, donde, a pesar de que el recital no era interactivo, el público se integró haciendo comentarios, pidiendo canciones y cantándolas, interviniendo con el maestro de ceremonias y con “Daniel Santos”, pidiendo canciones en el intermedio, y al final, clamando un encore.

Luis Enrique Romero añadi o un toque anecdótico a la presentación de Saldaña. (Foto Alí Francis García para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Luis Enrique Romero añadió el toque anecdótico a la presentación de Saldaña. (Foto Alí Francis García para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Las canciones estuvieron muy bien seleccionadas y el orden de las mismas guardó relación con la intención del libreto. El recital tuvo un buen arranque con “El juego de la vida” de Edmundo “Mundito” Medina, precedido por “Blancas Azucenas”, “Linda” y “Perdón” de Pedro Flores, “Virgen de medianoche” de Pedro Galindo, “Tíbiri Tábara” de Pablo Cairo, “Carolina Caó” (canción popular haitiana), “Borracho no vale” de Pedro Flores, y “Noche de Ronda” de Agustín Lara. Después del intermedio, disfrutamos de “Adiós muchachos” de Carlos Gardel, “Bello amanecer” de Tito Henríquez, “Lamento borincano” de Rafael Hernández, “Preciosa” de Rafael Hernández, y “Despedida” de Pedro Flores. Al cierre se impuso, como fin de fiesta, “La corneta”, original del propio homenajeado.

Como Daniel Santos, Ramón Saldaña fue muy convincente, sobre todo al cantar. Al igual que él, Saldaña posee una hermosa y potente voz de tenor, la cual maneja con magia en las canciones populares. Lo anterior, más la imitación del peculiar estilo del “Jefe”, dio toques de credibilidad al viaje en el tiempo que se logró en cada uno de los números, sin efectos especiales ni cambios de escenografía o vestuario. De la actuación de Saldaña, se desprendió el serio estudio que hizo sobre las presentaciones de Daniel, llorando al final de “Despedida”, aclarando que él le pidió perdón a “Linda” y hasta sacando puños cuando, traicionado en su romance con una bailarina, irrumpió en ira en el bar.

Como maestro de ceremonias en el presente, que también intervino con Daniel Dantos en el pasado, Luis Enrique Romero supo llevar las riendas de todo cuanto sucedió, lo cual fue imprevisto muchas veces. La habilidad de Romero para improvisar las respuestas hacia los comentarios inesperados del público, provocó risas y aplausos, y colaboró con el éxito del espectáculo.

La joven Katherine Morey cosechó apalusos con sus bailes. (Foto Alí Francis García para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
La joven Katherine Morey cosechó apalusos con sus bailes. (Foto Alí Francis García para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La canción “Virgen de medianoche”, trajo al escenario a la experimentada bailarina Katherine Morey, quien hizo una interpretación clásica sobre una canción que habla de una prostituta. La belleza de este momento usó una silla para descargar imágenes alejadas de los recursos a los cuales se acuden cuando se trata de interpretar a las mujeres que ejercen esta profesión. Fue un sensible comentario estético de solidaridad hacia la mujer, libre de todo prejuicio. Morey intervino también en las canciones “Tíbiri Tábara”, y “Carolina Caó”. En cada una de las canciones, la bailarina ejecutó tres interpretaciones independientes y diferentes, que partieron desde lo clásico, se pasearon por lo provocador y finalizaron en coquetería. ¡Bellísima!

Luis Enrique (Kiko) Marrero en la guitarra, Orlando Calzada en la trompeta y Héctor “Atabal” Rodríguez en la percusión, ejecutaron con armonía, dignidad, estilo y profesión. Marrero también hizo dúos con Saldaña en algunas canciones. Calzada se destacó en los solos de trompeta, algo importante en los arreglos de la época. Debería, tal vez, ponerse de pie cuando ejecuta los solos, lo cual haría que apreciáramos mejor al ejecutante y añadiría dramatismo a la estética.

La dirección de Ramón Saldaña fue sencilla y efectiva. Podría tal vez, trabajar mejor ciertos momentos, como la llamada al cartero antes de la canción “Linda”, la rabieta por despecho en el bar y las salidas hacia el público las cuales ocurrieron con parquedad.

El público aplaudió delirante a Ramón Saldaña en las tres funciones ofrecidas en el fin de semana. (Foto Alí Francis García para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
El público aplaudió delirante a Ramón Saldaña en las tres funciones ofrecidas en el fin de semana. (Foto Alí Francis García para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Entendemos que la coreografía era de Katherine Morey y que los arreglos musicales fueron de Ramón Saldaña, pero, por desgracia, no sabemos de quiénes eran el concepto de montaje, ni el diseño de escenografía, ni de luces, ni de vestuario. Tampoco sabemos de quién era el sonido, el cual puede mejorar. Lo anterior se debió a que la producción no proporcionó un programa de mano. Aunque es “llover sobre lo mojado”, insistiremos, más allá del cansancio sobre la importancia de justicia histórica que tiene este particular. Productores, aunque sea en una dirección cibernética, un programa de mano no puede faltar.

Aún así, el público aplaudió de pie estos “100 años con Daniel”, recital con buena música, excelentemente interpretado, acertada actuación, sabrosamente bailado, que, por su flexibilidad y sencillez técnica, se puede presentar dondequiera. Merece ser aplaudido en todos los pueblos de Puerto Rico y fuera de Puerto Rico, en países que sabemos celebran, como nosotros, el centenario del cumpleaños del “Inquieto Anacobero”. Recomendamos a la producción que se mueva con su propuesta hacia esa dirección.

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