Bienvenido a escena, ‘Cos parlant’

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Un grupo de danza contemporánea surgió en Puerto Rico este mes en el Tablao de Paulette, Cuartel Ballajá, Viejo San Juan: Cos parlant, junte de jóvenes creadores. La frase catalana cos parlant, entendemos, podría traducirse, literalmente al español como “cuerpo hablando”. El grupo, que nació de la iniciativa de la joven puertorriqueña de Isadora López Pagán, bailarina de danza contemporánea formada en el Institut del Teatre en Barcelona y el joven catalán Cristian Ortega Ruedas, bailarín de Freestyle de Poppin y estudiante de artes escénicas, invitó coreógrafos de Puerto Rico para la puesta en escena.

Isadora López Pagán, aquí junto a Cristian Ortega Ruedas, da rienda suelta a su propuesta Cos parlant. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Los jóvenes Isadora López Pagán y Cristian Ortega Ruedas, dieron rienda suelta a su nueva propuesta en el Tablao de Paulette. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Conforme lo dijeran sus creadores en distintas entrevistas en los medios, Cos parlant pretende crecer en Puerto Rico y no desea trabajar con un “sistema tipo compañía, sino con un grupo flexible, bailarines de distintos estilos y disciplinas, bailarines emergentes que se muevan y hagan sus propias cosas, con el interés en común de la danza con sus muchas formas de exponerse, la necesidad de llevar el lenguaje del cuerpo a espacios de exposición que transformen el movimiento en un discurso corpóreo capaz de expresar infinidades”. Esto quedó demostrado la noche del estreno en Tablao de Paulette en un espectáculo que combinó la poesía, la música, el movimiento, la algarabía y el silencio, con bailarines, cantantes, actores, músicos, coreógrafos, creadores que comienzan sus carreras en estos momentos.

Cuando entramos en la casi total oscuridad del Tablao de Paulette – dos gradaciones menos que la penumbra – apenas pudimos ver el escenario, bastante cómodo para una sala tan pequeña. El ambiente se reforzó con incienso y velas encendidas. Los asientos, que rodeaban pequeñas mesas redondas, se fueron ocupando, ninguno sobró. Una mujer, cuyo nombre no estaba en el programa de mano, literalmente, leyó un poema, cuyo nombre y autor tampoco estaban en el programa de mano. Entonces, la penumbra subió cuatro grados y se encendieron unas calles a cada lado que daban turno al rojo y al azul.

(Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
“Kcría” logró la excelencia en los cuerpos. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Comenzó la primera parte, “Kcría”. Entraron los bien formados cuerpos, un poco más musculosos de lo usual, de Astrid Alsina, James Thomas, Nayaded Candelario y Rafael Cañals. “Kcría” recogió una fusión, con transiciones en silencio, de música (“Valleys” y “Wann” de Tokyo Hands), poesía (Cacería de Rafael Cañals y Daniela Silva) y un solo de saxofón con voz (Daniela Silva), que pretendía “explorar la sexualidad de la música y cómo se traduce en el movimiento corporal con un juego de ideas de cacerías”. Esta creación exploró la ausencia de barreras de género. Los bailarines, chicos y chicas, estaban vestidos idénticamente igual, en negro con medias gruesas al tobillo en color crema. Los movimientos y composición, muy estéticos, daban la sensación de un planeta donde hombres y mujeres tienen los mismos roles, la misma responsabilidad. Por momentos, ellas bailaban en pareja con ellas y ellos hacían lo propio. De vez en cuando, ellos y ellas componían las parejas, pero ellas podían comportase como ellos, y viceversa con total agilidad y naturalidad. Así como se dio el vestuario, se dio la interesante coreografía de Rafael Cañals, que destacó los torsos, los brazos y movimientos muy coordinados en el piso. Agilidad es la palabra que definió el trabajo de los cuatro bailarines. El objetivo del trabajo logró la excelencia en los cuerpos. Deberían, tal vez, los intérpretes enfocar atención en el sentimiento que deben trasmitir los objetivos en las interpretaciones. La “cacería” reforzó la perfección en técnica y logró belleza, pero no manifestó sensualidad.

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‘Cos parlant’ integró la música en su programa de estreno. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Ella sol, él, luna”, con coreografía de Gabriela Dueñas y Fernando Ramos, fue el título que amparó la segunda obra del espectáculo. Este pa de deux, con música de “Song on the Beach”, “Photograph” de Arcade Fire”, “Duchess of Windsor” de Abel Korsenowski, fue interpretado por los mismos coreógrafos. Conforme la intención de los realizadores, ‘Ella sol, él, luna”, trataba, primordialmente, sobre las relaciones interpersonales libres de influencias de género. Lo cual fue logrado a toda capacidad, y con sorprendente naturalidad. Dueñas y Ramos alcanzaron las metas de sus objetivos como si flotaran (no es fácil para una mujer levantar a un hombre), aun en los estéticos movimientos en el piso, demostraron estar “eternamente enlazados y completamente desconectados”, tal como lo propusieron.

La voz a capela de Mariana Lima indicó el comienzo de la segunda parte, “Pájaro santo”, con coreografía de la misma Lima y de Jaime Maldonado, quienes, a la vez, eran los intérpretes. Con una voz cuyo fuerte son los graves, y una convincente interpretación, Mariana Lima se adueñó de la escena, mucho más por la interpretación que por la técnica de su afinada voz, la cual merece educarse más. En algún momento de la canción, y desde el público, hizo su entrada Jaime Maldonado, con un vestido largo, o refajo, de mujer, y una gaveta en su cabeza desde donde “caían sin caer”, elementos de ropa femeninos. Maldonado demostró dominio, no solo en danza (sus movimientos son clásicos, muy perfeccionados), sino también en actuación, al declamar un poema y en la emotiva interpretación de la danza. Esta combinación de sonidos y movimientos, la cual no es novel, es fascinante, por su teatralidad y sensibilidad. “Pájaro santo”, a nuestro parecer, fue la obra más efectiva del espectáculo, tal vez por el efecto dramático causado por la combinación de canto a capela, voz en vivo, voz grabada, música danza e histrionismo.

Isadora López Pagán y Cristian Ortega Ruedas 9 foto alina marrero ene 2016 - Copy
“La nana del silencio” formó parte del estreno mundial en el Viejo San Juan. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Durante el intermedio, una persona nos informó que la compañía “Cos parlant” hacía su estreno mundial con las presentaciones en Puerto Rico, un sueño de Isadora López Pagán, convertido en verdad. Después de disfrutar de la improvisación del contrabajo de Sebastián López Pagán en la casi total oscuridad del Tablao de Paulette, comenzó “La nana del silencio” con la entrada de los bailarines y coreógrafos Isadora López Pagán, Cristian Ortega Ruedas y mucho incienso. Imperó, con gran acierto, perfección y profesionalismo, desde este momento hasta el final, una bellísima combinación de movimientos clásicos con el estilo popping, bomba puertorriqueña y búsqueda en boga de lo interior en lo exterior, con silencios, música grabada, música en vivo, una canción a capela y proyecciones. Hubo mucho rapport entre estos dos bailarines, quienes también se destacaron en sus respectivos solos. A nuestro parecer, los momentos inolvidables de “La nana del silencio” fueron el solo Popping de Ortega Ruedas, el solo de bomba con fusión clásica de López Pagán, el intercambio del contrabajo con la pareja. La canción a capela de Isadora, luego de tanta agitación, impactó, no tanto por su voz, sino por la forma de usar la respiración que tuvo la intérprete, lo cual aportó a trasmitir el esfuerzo del “arrullo punzante de la nana”. Los movimientos poppings de Ortega Ruedas, destacaron su dominio en los King Cobra, Walk-out, Waving y Fresno, propios del estilo.

Lamentablemente, el programa de mano no indicó quiénes eran los realizadores del vestuario y luces de cada obra, ni quiénes hicieron la selección de la música, ni de quiénes eran los conceptos de montaje, lo cual fue muy acertado en cada una de las piezas.

“Cos parlant” no enajena, no aleja al público de las realidades sociales cotidianas, presenta las preocupaciones y creencias del ser humano joven de hoy que no se conforma con creer lo aprendido y apuesta su valentía a otras formas de ver y actuar en la vida. Al fusionar antiguos y modernos estilos, la compañía aporta su creatividad y alienta a la búsqueda de otras formas cuyo único dictador es el corazón sincero del artista.

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