Timbalaye: motivos para celebrar

Por Rafael Vega Curry
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El estreno de “20th Anniversary”, la nueva grabación de Ralph Irizarry y Timbalaye, es significativo por varias razones. La primera y la más evidente, claro está, es porque celebra las dos décadas de existencia de este concepto musical. Hay otras dos razones tal vez menos obvias pero no menos importantes: es una reafirmación del singular estilo de hacer jazz que tiene esta agrupación y representa el retorno al mundo del disco del timbalero, tras una batalla contra el cáncer. Hay muchas razones para celebrar, evidentemente.

Portada de la nueva producción de Ralph Irizarry y Timbalaye.
Portada de la nueva producción de Ralph Irizarry y Timbalaye.

Con 61 años cumplidos, Irizarry es todo un veterano en las lides del jazz latino y la música en general. Aunque sus asociaciones más conocidas han sido con las bandas del siempre recordado Ray Barretto y con Rubén Blades, el percusionista ha prestado su potente impulso rítmico a muchos otros gigantes musicales, como Wynton Marsalis, Paul Simon, David Byrne, Harry Belafonte, Paquito D’Rivera, Celia Cruz, Juan Luis Guerra, Israel López “Cachao” y Earl Klugh, entre otros.

No es de extrañar. Irizarry posee un estilo propio de tocar los timbales, tanto en sus improvisaciones como en su manera de acompañar e integrar su fiereza percusiva dentro de las estructuras de cada tema, que lo distingue de todos los demás percusionistas. Lo mismo puede decirse de las interpretaciones de su banda Timbalaye, en las que la sabrosura latina no está reñida con una ejecución que pudiéramos llamar de alta precisión aun en los tiempos más rápidos y las composiciones más zigzagueantes. Ninguna otra banda toca con esa combinación de sabor y sincronía milimétrica. Eso es admirable.

Como buen neoyorquino de padres puertorriqueños, Irizarry –quien también vivió unos años en la Isla- hace suyas con entera naturalidad tanto las tradiciones del jazz (en lo que se refiere a improvisación e “interplay” entre los músicos) como la del inmenso acervo melódico y rítmico de Puerto Rico, Cuba y América Latina en general. Un talentoso septeto integrado por músicos mayormente jóvenes –entre los cuales se destaca el bajista boricua Alex Apolo Ayala- y las excelentes composiciones de Ricardo Pons, Samuel Torres, Luis Perdomo, Bobby Franceschini, Gonzalo Grau y Martín Arroyo, le posibilitan aquí hacer realidad, una vez más, su visión musical.

Buena parte de esta visión está cimentada en composiciones asertivas y jubilosas, como “Gotham Park”, la que inaugura el álbum con poderosos solos de trompeta y congas, a cargo de Dennis Hernández y el veterano Roberto Quintero, respectivamente. La notable precisión de la banda mencionada anteriormente también marca esta pieza.

Igualmente vibrante es el tema “Witch Doctor”, uno de los mejores del CD. Alegre, contagioso y con una arrolladora conversación de congas y timbales, es un ejemplo idóneo del auténtico jazz latino de Nueva York. Esa misma impresión la ofrecen “La 104” -con tres invitados de lujo, Franceschini en saxo tenor, Jonathan Powell en trompeta y Rubén Rodríguez en bajo- y “Ocean Parkway”, reminiscente de los días de gloria de la música latina en clubes como el Palladium. Irizarry hace gala aquí de su estilo único en su solo de timbal.

Sin perder fuerza interpretativa alguna, otros temas introducen otros colores y sentimientos. “Back In Da Hood” emplea piano eléctrico (a cargo de Adán Pérez), la flauta de Eric Chacón y un ritmo de funk que luego deriva hacia un intenso swing. “Monte Adentro”, pieza de Ricardo Pons, se mueve entre el aguinaldo y una salsa sabrosa, con solos de Christian Nieves en cuatro, Hommy Ramos en trombón, Aníbal Rojas en saxo tenor y Hernández en trompeta. Por su parte, “Timbulería”, mezcla de bulería flamenca y swing latino, es el corte menos logrado del disco, con una fusión que por momentos luce incómoda.

Una rica descarga titulada “P’al solar” –en el mismo estilo de deslumbrante precisión ya mencionado- concluye esta agradable grabación, testimonio de que la nueva generación de músicos que integran Timbalaye seguirá llevando hacia adelante el depurado y feliz concepto creado por Ralph Irizarry.

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