Veraz ‘Buenas noches…’

Por Alina Marero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Joselo Arroyo está de moda como director y autor. A principios de octubre se presentó una obra suya (“Tamborito y sus viajeros del tiempo”), otra a mediados de mes (“Buenas noches mi amor”) y el pasado día 30 subió a escena la tercera (“Hasta aquí). En esta oportunidad, comentaremos sobre la segunda obra, que fue, en realidad, la primera. “Buenas noches mi amor” del diseñador, escenógrafo, director y dramaturgo puertorriqueño, Joselo Arroyo, presentada en el Centro de Recepciones de Vega Baja, entre los días 16 y 18 de octubre, fue la primera obra de teatro que el autor escribió.

reinaldo santana y camila monclova en buenas noches mi amor foto adriana pantoja
En “Buenas noches mi amor” los protagonistas caracterizan a un matrimonio con más de dos décadas de vida juntos. (Foto Adriana Pantoja para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Ciertamente, éste no era el estreno mundial de “Buenas noches mi amor”. La obra estrenó en 2001, dirigida por Pedro Rodiz, con las actuaciones de Maury Mercado y Edna Lee Figueroa. Pero en esta ocasión la puesta en escena estuvo auspiciada por el alcalde del municipio autónomo de Vega Alta, honorable Isabelo “Chabelo” Molina Hernández, quien tiene toda la intención de seguir llevando teatro a su pueblo. Para esos fines, pone a la disposición el espacioso Centro de Recepciones. Como dato curioso, informamos que Joselo Arroyo y Reinaldo Santana (actor en la obra) son “ñangotaos” de pura cepa, y que sus compueblanos los apoyan, quieren y respetan. Recientemente, el municipio premió a Santana por sus logros como actor.

La pieza, conforme la propaganda, “relata la historia de Edna y Pablo, un matrimonio de más de dos décadas de vida juntos, quienes en una noche normal deciden transformar su lecho matrimonial en un ring de boxeo para medir fuerzas; lucha que termina en una forma trágicamente hilarante.” Eso es verdad. Comienza con el deseo de Edna de casarse con Pablo, con quien tiene tantísimos años de noviazgo. Todos sus amigos se han casado, y Edna continúa esperando por él. A través de sus encantos femeninos, Edna logra fijar la fecha de la boda con Pablo. Después de esa escena, nos transportamos al matrimonio ya establecido, unos años después. La pareja, aunque juntos, han crecido apartados, entre el ocio y la inconformidad. No es que no se lleven bien, es que no se soportan. Pablo le es infiel a la mujer, quien luce una impresionante mascarilla nocturna para dormir, y no se la quita a pesar de que él se lo señala. Por otra parte, él no sabe tratarla con amor. Resulta que Edna padece de fobia hacia los ratones, por lo que Pablo pone veneno constantemente hasta en las gavetas donde se guarda la ropa. Edna ingiere, por descuido, ese veneno, y después de estrangular a su marido, muere por el efecto de lo que ingirió. Aunque este final es macabro, el público no siente ni un ápice de pena por ninguno de los dos. Conforme se ha desarrollado esta comedia de humor macabro, se entiende que les ha pasado lo que merecían. El mundo no pierde con las muertes de estos dos infelices, que debieron accionar para arreglar sus asuntos, ya fuera para quedarse juntos o divorciarse. Aclaramos que el autor no propone la exterminación como solución a ningún conflicto. Lo que debe arreglarse y se deja pasar, siempre termina muy mal.

La propuesta de Arroyo tiene mucho que ver con la realidad, y no necesariamente, aunque sucede, por el final de crimen. La institución matrimonial está en decadencia y si se sigue rigiendo por los viejos patrones que, desde hace tiempo, han demostrado inefectividad, corre el peligro de desaparecer tal cual. La obra está bien escrita, desarrollada con acierto y dialogada con efectividad. La escena más sobresaliente de la obra es la fiesta, cuando ambos actores interactúan con el público, y, a través de mentiras e hipocresía, queda en manifiesto que viven en el reino de la total infelicidad. La tragedia en la cual están sumergidos, donde el uno y el otro se empujan hacia el fondo del pantano, arranca carcajadas por el ingenio del autor. Arroyo, a quien aplaudimos en “Swingers” no hace tanto tiempo, es un buen dramaturgo puertorriqueño que domina el realismo con cinismo, domina la comedia y sabe marcar la ruta de intención, con excelente maestría.

El concepto de montaje de Joselo Arroyo, que abarca las luces y la escenografía, fue muy funcional. La escenografía

Joselo Arroyo cuenta con tres producciones que han subido a escena en las últimas semanas. (Foto Adriana Pantoja para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Joselo Arroyo es autor de tres producciones que han subido a escena en las últimas semanas. (Foto Adriana Pantoja para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

consistió de unos muebles de dormitorio, cortesía de un intercambio, que el director, como buen escenógrafo que es, supo disponer. Las luces eran artesanales y mínimas, por las limitaciones del local, el cual no posee el equipo.

El director utilizó las áreas escénicas al máximo y supo trabajar momentos con inteligencia. Tal vez debió, profundizar un poco, trabajar más con los actores en momentos como la muerte de Pablo, que ocurrió con excesiva rapidez. El sonido, seleccionado por el director y desarrollado por Chenan Martínez, fue bueno.

Como Edna, Camila Monclova lució suelta, muy segura de sí misma, y además, bella. Tal vez deba revisar los momentos que le señalamos al director. Reinaldo Santana, dueño de una buena voz, tal como su compañera, impartió credibilidad en su actuación. Señalamos, a nuestro parecer, lo mismo que hemos señalado al director.

Felicitamos a Joselo Arroyo, al equipo de producción y a todas las personas que tuvieron que ver con este montaje. Agradecemos al señor alcalde de Vega Alta su gestión y buena intención con el teatro en su municipio. Esperamos regresar a Vega Alta muy pronto a disfrutar del próximo estreno.

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