Angel Vázquez: refuerzo a la autoestima

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El día era viernes, 20 de noviembre. La hora: las nueve de la noche. El lugar de la cita: Punto Fijo, del Centro de Bellas Artes de Santurce. Allí acudimos a ver “Hecho en Puelto Rico”, del actor, productor y dramaturgo puertorriqueño Angel Vázquez. Y el resultado de esta cita es digno de narrarse.

El patricio Eugenio María de Hostos fue evocado en uno de los primeros abanicos que presentó el actor. (Foto Alina Marrero para Fundación nacional para la Cultura Popular)
El patricio Eugenio María de Hostos fue evocado en uno de los primeros abanicos que presentó el actor. (Foto Alina Marrero para Fundación nacional para la Cultura Popular)

Vázquez es un actor de experiencia en muchas facetas, cuya trayectoria, después de las parodias políticas que emprendía junto al actor Ernesto Concepción Moreau (“Los Juanes del Pueblo”), ha seguido la ruta del unipersonal. Él escribe, dirige, es escenógrafo, diseñador de luces y vestuario, utilero y – también – el productor. Lo único que no hace es la música y el sonido.

“Hecho en Puelto Rico”, camina por esos rumbos con mucho éxito. Por demanda del público, recientemente la obra tuvo que abrir una función extra en el Festival de Teatro de Caguas. Esto se puede entender. Todo puertorriqueño que necesite refuerzo de autoestima nacional, al tener contacto con este trabajo, el cual es interactivo además, se siente glorificado. El trayecto que sigue esta obra, no solo es alentador, también es real. El autor se dio a la tarea de hacer una investigación intensiva y no deja fuera ni al puertorriqueño más condecorado (30 condecoraciones y cinco corazones púrpura) en la guerra de Vietnam (Jorge Otero Barreto).

Al dramaturgo le interesa explorar el muy vigente tema de la alta emigración en estos momentos de crisis. A través del no muy novel hilo por dónde camina un puertorriqueño enajenado que desea irse a vivir a Estados Unidos, a quien lo único que le interesa es su propio bienestar, y el encuentro con una maleta que le deja como herencia su abuelo, Vázquez teje un recuento novedoso de la historia de encuentros con personalidades puertorriqueñas que tuvo el fenecido en la ciudad de Nueva York.

Cuando entramos a Punto Fijo el pasado viernes, encontramos un escenario que podía ser cualquier espacio. En el centro, una mesa mediana y dos más pequeñas a los lados. La utilería, ya colocada en escena, consistía de los elementos que iban a ser usados. El montaje utilizó todas las pantallas de vídeo en el local. Al comenzar la obra, de, más o menos, hora y veinte minutos de duración, se presentó Juan Carlos Gao, con nombre, apellido y advertencia: “Mis amigos me dicen Juan Ca Gao”. De inmediato, supimos cómo le iba a Juanito en la vida. El hombre creyó tener un golpe de fortuna cuando su abuelo le dejó una herencia. Pero la herencia no consistía en bienes materiales, sino en una maleta y una carta del abuelo que explica cada objeto dentro de la maleta.

La maleta del abuelo fue un elemento simbólico en la producción. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
La maleta del abuelo fue un elemento simbólico en la producción. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Las primeras explicaciones son los de las negros puertorriqueños destacados en la historia global. La carta los menciona a casi todos, desde José Celso Barbosa hasta Sylvia del Villard, y sus insignes hazañas, sin consideraciones de ideologías políticas y religiosas. Por supuesto, el autor siente hacia la independencia y lo destacó con luces de neón. Aplaudimos los reconocimientos que hizo a personas que no piensan con él.

De cuando en cuando, sobresalía una de las figuras mencionadas, con su rostro impreso en un “abanico de funeraria”. Esos abanicos fueron colocados, uno al lado del otro, encima de la mesa central, de tal manera, que parecían mirar al público. Juntos, se veían verdaderamente familiares y hermosos, como esas fotos de seres queridos que lucimos en nuestros hogares.

El primer abanico fue para Eugenio María de Hostos (1839-1903), cuyos restos yacen en Santo Domingo, a petición propia, hasta que su patria sea libre. El segundo abanico fue para el tenor Antonio Paoli (1871-1946), rival del famoso Enrico Caruso (1873-1921), conocido como “rey de los tenores y el tenor de los reyes” y considerado el primer puertorriqueño en alcanzar fama como tenor. El tercer abanico fue para Arturo Alfonso Schomburg (1874-1938), mentor de Nelson Mandela (1918-2013) y Martin Luther King, hijo (1929-1968), padre de la historia negra del mundo. El cuarto abanico fue para Pedro Albizu Campos (1891-1965), figura más relevante en la lucha por la independencia de Puerto Rico durante el siglo XX, “El maestro”, “Don Pedro”, “El último libertador de América”. El quinto abanico fue para Julia de Burgos (1914-1953), considerada por muchos como nuestra más excelsa poeta. El sexto abanico fue para Roberto Clemente (1934-1972), considerado uno de los mejores “jardineros derechos” de la historia.

Por supuesto, no fueron los únicos hombres y mujeres puertorriqueños mencionados. La lista fue larga, y con honor al mérito, poetas, políticos, médicos, deportistas, artistas, todos reconocidamente destacados, por sus carreras, altruismo y labor social, no solo en el País, sino también en el exterior. En algunos de los casos, como el de Schomburg, más recocidos en el exterior. Todos ellos, además de ser puertorriqueños, tenían algo en común: habían vivido fuera de Puerto Rico. Algunos, como Julia de Burgos y Eugenio María de Hostos, murieron en otros países. Ellos partieron por distintas razones y con ellos llevaron su sentido de misión. La única diferencia entre ellos y Juan Carlos Gao es la apatía e indiferencia de este hombre hacia el ambiente inmediato, el cual considera como algo ajeno a él. A través del contacto con esos seres humanos que dedicaron sus vidas al bienestar de los demás, Juan Carlos decide quedarse en la Isla a levantar el futuro junto con las personas que permanecen… y permanecer es una acción valiente en el aquí y el ahora de Puerto Rico. Juan Carlos, no solo invita a los puertorriqueños a permanecer, sino que convoca al regreso a aquellos que se han ido. Ese es el discurso de Angel Vázquez, le cual comparte con un sector del País. Vázquez presenta su propuesta libre de violencia y abierta a la amistad. Al aclarar que se trata de una invitación sincera y aplaudimos el corazón de este autor, deseamos manifestar a luces que nuestro parecer está libre de juicios hacia los buenos cientos de miles de puertorriqueños que han emigrado. Consideramos que son tan puertorriqueños y dignos como los que hemos decidido quedarnos, y lejos de presionarlos, los abrazamos.

El montaje de “Hecho en Puelto Rico” estuvo totalmente en función del texto. Las intervenciones con el público

El actor estableció sus puntos pero respesto a las diferencias que nos dividen como pueblo. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
El actor estableció sus puntos respetando las diferencias que nos dividen como pueblo. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

fueron divertidas. Vázquez, quien también cantó en la obra, demostró, una vez más, la efectividad de su intención y su talento. Debería, tal vez, considerar el uso de otro tipo de micrófono, dado que se quedaba “a sordas” en muchos momentos y a veces recogía el mínimo movimiento de la cabeza. Cuando se trata de obras de teatro con movimientos, lo mejor es usar micrófonos que no se lleven encima, o no usarlos. Por supuesto, hay locales donde se hacen necesarios.

La producción no tenía programa de mano, algo que nunca perdonamos. Aunque se trató de un unipersonal, en una red social, Vázquez estableció el siguiente comentario, el cual entenderemos como programa de mano: “Quiero comentar que cuando decidí mover este monólogo para público general, se convirtió en una empresa familiar. Mi hermana Myrna sacando copias y poniendo hojas sueltas, mi sobrina Yari dándole movimiento en las redes sociales, mi compadre Juano, asistiéndome como todo un productor, mi querida hija ayudándome en la boletería y en muchas otras cosas, mi amada esposa asesorando, haciendo sonido, puerta y decenas de cosas más. Caramba que solo uno no llega ni a la esquina. ¡¡¡Gracias mi gente, mi familia!!!”

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