Serrat: Cantautor eterno

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Es el Cantautor que le recordó al mundo que el Sur también existe y que nos afirmó que nadie es perfecto en esta vida.

Es la voz que habló sin tapujos del franquismo y, como un despatriado más -por razones políticas- pagó el doloroso precio del exilio en México.

Es el poeta que, sin complejos, reconoció la sabia de Miguel Hernández, Antonio Machado, Pablo Neruda, Mario Benedetti, Juan Antonio Corretjer y otros de sus homólogos hispanoamericanos, a quienes impartió aliento en el pentagrama.

Es uno de los pioneros de la Nueva Trova y de la “canción protesta”. Y este fin de semana, en una inolvidable función en la Sala Antonio Paoli del Centro de Bellas Artes de Santurce, presentó con su quinteto el concierto “Antología desordenada”, título de la colección de medio centenar de canciones que interpreta con alrededor de 30 colegas, entre ellos René Pérez, en la coyuntura de la celebración de cinco décadas en el ruedo musical.

A los 71 años, Serrat regresó con su música y sus vivencias a los escenarios locales, llenando a capacidad la Sala Antonio Paoli del Centro de Bellas Artes, en un concierto producido por César Sainz.

Un público adulto – de mediana edad en su mayor parte – de perfil socioeconómico variado, en el que identificamos médicos, poetas, artistas y ciudadanos de a pie, disfrutó de un repertorio que hizo énfasis en elepés como “Joan Manuel Serrat” (el editado en 1970, que contiene “Fiesta”) y “Mediterráneo”, álbum que al siguiente año lo consagró.

Durante poco más de dos horas, comparables –por sus anécdotas- con una tertulia con el mejor de los amigos, Serrat compartió la pertinencia social, poética, humana, filosófica, filantrópica y romántica de su cancionero.

Conversador y buen anfitrión, si bien es evidente que su media voz en ocasiones pierde volumen y que vocaliza

(Foto Hiraida Avilés Acevedo)
Joan Manuel Serrat presentó su “Antología desordenada” a casa llena en el Centro de Bellas Artes de Santurce. (Foto Hiraida Avilés Acevedo)

algunas canciones en tonos más bajos, lo cierto es que es un privilegio, a la altura de 2015, presenciar a una figura de la grandeza musical y estatura intelectual de Serrat.

De inmediato, reveló su perfil filosófico en “De vez en cuando la vida” del disco “Cada loco con su tema”, de 1983.

De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados.

En un concierto para comprender que a veces el desquicio es la mejor respuesta a las encrucijadas de la vida, Serrat continuó con “De cartón piedra”, su obstinación por un amor imposible: la deslumbrante maniquí de la vitrina.

De una pedrada me cargué el cristal
y corrí, corrí con ella hasta mi portal.
Todo su cuerpo me tembló en los brazos.
Nos sonreía la luna de marzo.
Bajo la lluvia bailamos un vals,
un, dos, tres,… un, dos, tres… todo daba igual,
y yo le hablaba de nuestro futuro,
y ella lloraba en silencio… ¡os lo juro!

La intervención hablada más contundente de la velada la propició la composición “Niño silvestre” del cd “Nadie es perfecto”, editado en 1994, en la que expone la inmoralidad de la pobreza infligida por los gobiernos neoliberales a la población infantil del mundo.

“[…] Son millones los niños explotados de las maneras más perversas que puedan existir. Explotados laboral, sexualmente… Utilizados como niños soldados o simplemente asesinados y despojados de sus órganos. La lista es muy larga y de repente es tenebrosa que no permite albergar muchas esperanzas en lo que puedan ser las relaciones de los niños y el mundo en un futuro ya que, hoy por hoy, la mayor parte de los niños del mundo son pobres y la mayor parte de los pobres del mundo son niños”.

Tras un puñado de sus primeros éxitos en catalán (“Canco de bressol”, “Paraules d’ amor” y “Ara que tinc vint anys”), el ingenio del cantautor al abordar temas prohibidos y no muchas veces simpáticos, como el de la muerte, fue evidente en la obra “Pueblo blanco”, una metáfora contenida en “Mediterráneo” inspirada en la comunidad silente del camposanto.

Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
os juro por lo que fui
que me iría de aquí…
Pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio.

Otro testamento contra el escándalo de la pobreza y la mal distribución de las riquezas se revela en “Disculpe el señor”, del disco “Utopía” de 1992 que, 23 años más tarde, estremece conciencias por su contundente actualidad.

Traté de contenerles pero ya ve,
han dado con su paradero.
Estos son los pobres de los que le hablé…
Le dejo con los caballeros
y entiéndase usted…
Si no manda otra cosa, me retiraré.
Si me necesita, llame…
Que Dios le inspire o que Dios le ampare,
que esos no se han enterado
que Carlos Marx está muerto y enterrado.

En un gesto de agradecimiento hacia a Puerto Rico, Serrat recordó al fenecido poeta de la patria, don Juan Antonio Corretjer, con su versión –en rumba colombiana- de “En la vida todo es ir”, del disco “Cansiones”, la primera de varias ovaciones de pie.

“En el primer viaje que hice a esta isla maravillosa conocí a grandes amigos. Uno de ellos fue Juan Antonio Corretjer y aunque sea solo para que esté entre nosotros más allá del pensamiento […] he incorporado una canción que grabé hace tiempo de unas décimas suyas a las que puso música mi amigo Roy Brown”.

El blues “No hago otra cosa que pensar en ti” fue oportuno para la presentación de sus músicos David Palau, Ray Ferré, Vicente Climent y Josep Mas, dirigidos por su inseparable pianista y director de sus discos, Ricard Miralles.

A su clásico “Mediterráneo” siguió el “Romance de curro el palmo”, parte del legado de Serrat en el rescate de la copla y cuyo argumento poético-romántico de su canto a la nostalgia por la mujer amada y ausente, confirma que el sábado en Bellas Artes quien se presentó fue un cantautor fuera de serie.

Ay, mi amor,
sin ti no entiendo el despertar.
Ay, mi amor,
sin ti mi cama es ancha.
Ay, mi amor
que me desvela la verdad…
Entre tú y yo, la soledad
y un manojillo de escarcha.

Con “Hoy puede ser un gran día”, que en 1983 acá grabaron José Vega y Nena Rivera con Haciendo Punto en Otro Son, el artista recibió otra calurosa ovación de pie por su apuesta al optimismo y a la resolución por la milla extra a pesar de los pesares.

Tras una falsa salida, Serrat regresó con “Lucía”, del elepé “Mediterráneo” y cuya letra de amor, ya en 1971, lo proyectó también en la balada romántica en una época en que Julio Iglesias, Raphael y Roberto Carlos se establecían en este género.

Si alguna vez fui bello y fui bueno,
fue enredado en tu cuello y en tus senos.
Si alguna vez fui sabio en amores,
lo aprendí de tus labios cantores.
Si alguna vez amé, si algún día después
de amar, amé, fue por tu amor Lucía.

Serrat ripostó con “Cantares”, adaptación musical de los versos del poeta Antonio Machado que el soberano entonó de principio a fin, reciprocando su alentadora interpretación con otra ovación de pie.

“Aquellas pequeñas cosas”, otra de la secuencia de “Mediterráneo”, desembocó en “Fiesta”, un final de emociones a granel en el que Joan Manuel Serrat, visiblemente extenuado pero con su espíritu arriba, se despidió de Puerto Rico con la esperanza de un regreso con su cantar sin tiempo… cantar eterno.

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