Seria y cuidada ‘Terror y miseria’

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

“Terror y miseria del tercer Reich” (Furcht und Elend des Dritten Reiches), fue escrita por Bertolt Brecht (con la colaboración de Margarete Steffin) entre 1935 y 1938 en Dinamarca, donde Brecht se había refugiado del gobierno nacional-socialista de Adolfo Hitler en 1933, y es su primera obra abiertamente antinazi. La obra comprende 24 cuadros independientes entre sí, basados en relatos y noticias de los periódicos, cuyo hilo de unión es la vida de pobreza, miedo y violencia en la década de 1930 en Alemania. Esta obra, como otras que precedieron del mismo autor, buscaba hacer un análisis marxista de las situaciones.

El poeta, novelista, cuentista, académico y dramaturgo puertorriqueño Dr. José Luis Ramos Escobar, aludiendo al título del admirado dramaturgo alemán, creador del teatro épico, nombró a su nueva obra de teatro “Terror y miserias del tercer milenio”. Para su títuto, Ramos Escobar hizo plural de un singular y cambió la palabra Reich (reino o imperio) por milenio. Con estas modificaciones, y en forma muy inteligente, se inclinó ante Bertolt Brecht, pero expresó claramente que, desarrollaría su propia tesis. Así lo pudimos constar cuando asistimos a ver esta obra, presentada por el Teatro de la Universidad de Puerto Rico en colaboración con el Departamento de Drama del Recinto de Río Piedras, dirigida por Edgar García, el pasado domingo 30 de agosto.

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La producción de la obra es del Teatro de la Universidad de Puerto Rico en colaboración con el Departamento de Drama del Recinto de Río Piedras, (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Terror y miserias del tercer milenio” comprende tres “miserias”, respectivamente divididas en dos cuadros (interpretadas por dos actores, estudiantes del Departamento de drama, Zailyn Cuevas y LuisRa Rivera), que, como la obra de Brecht, no se relacionan entre sí y, como la obra de Brecht, el hilo de unión es la vida de pobreza, miedo y violencia, pero en el silgo 21. Lejos de Brecht, esta obra no busca hacer un análisis marxista de las situaciones. Por la riqueza de comentarios que genera, nos resulta penoso tener que dedicarle a este texto tan solo tres párrafos. Comenzaremos diciendo que el autor, cuya juventud política transcurrió en décadas de 1960 y 1970 en la Universidad de Puerto Rico, es, en estos momentos, un artista muy de este siglo, preocupado por los efectos sicológicos y sociales que tienen en las personas del siglo 21 los disparates políticos y económicos cometidos en la “era de los extremos”: el siglo 20.

En la primera “miseria”, un ex estudiante enmascarado (Jean Genet), haciendo uso de la tecnología celular y cibernética, armando con una pistola sin balas, irrumpe en la oficina de la rectora con la pretensión de secuestrarla y obligarla a renunciar. El joven había sido un estudiante que la mujer, cuando era profesora (científica), había reprobado. Sucede entre ellos un intercambio de oraciones estupendamente bien construidas, en un juego de poderes decidido por la inservible arma de fuego (amenaza que nos recuerda más a Harold Pinter que a Bertolt Brecht). Aunque el problema no se soluciona, el final es muy humanista. La postura ante lo que podrían ser argumentos políticos del uno y de la otra, abre paso a la compasión. Fue, a nuestro parecer, la mejor de las tres “miserias”, en cuanto a construcción, forma y contenido. Fue también la mejor “miseria” para los talentosos jóvenes actores en formación, Cuevas y Rivera, quienes interpretaron sus personajes con acierto y seguridad.

La más densa y desgarradora de las tres “miserias”, por retorcidamente “miserable”, es la segunda. Un joven, quien padece un inventario de enfermedades, postrado en un ambiente de extrema pobreza, permanece inútil hasta para ir a buscar un vaso de agua, no por las enfermedades (en peores hemos visto a ganar a unos cuantos), sino por la relación de “amordio” que sostiene con su madre, una mujer supersticiosa sin educación. No obstante, el uno no se presenta como víctima de la otra. Tal como sucede en la primera “miseria”, de vez en cuando se asoma un juego de poder, el cual está sorprendentemente bien presentado en forma objetiva (los compadecemos ambos), con asomos también de violencia. El diálogo, a veces amargamente poético, logra distanciarnos de la situación. La pobreza es el imperio de ambas vidas desesperanzadas. Entre otros temas, el autor explora brevemente el incesto, poco (tal vez nada) explorado en nuestro teatro nacional. El incesto, del cual no se habla, sucede con más frecuencia de lo que podemos sospechar y merecería ser desarrollado como argumento de una obra de teatro aparte. Estos personajes encerrados en un círculo vicioso no encuentran salida. Están convencidos que la sociedad no tiene para ellos nada que ofrecer. El final sugiere eutanasia. Para ambos actores, esta pieza consistió en un verdadero reto, el cual, con evidente disciplina, superaron.

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Escena de la primera “miseria” presentada en la obra. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La tercera “miseria” sucede en un banco. Un hombre, quien dio la firma para una empresa filantrópica que quebró, discute su caso con una oficial de préstamos. El insiste en no pagar el préstamo, ya que no lo hizo en carácter personal. Ella le dice que, como su firma está estampada en los papeles, él tiene que pagar. En esta miseria también entra el juego de poder, pero en forma diferente, ya que, desde el principio, no nos queda duda de que el cliente tiene las de perder. En el intercambio, ambos pierden la paciencia y se suscita otro asomo de violencia. No se le hace fácil a esta oficial, reina madre de la manipulación universal, convencer al “cliente” de firmar otro papel donde cede su casa al banco y se compromete, con su sueldo de maestro, a pagar una mensualidad de mil quinientos dólares, pero lo logra. De todos los personajes en las tres “miserias”, esta mujer es la única quien, con su “guardia monga”, no presenta un ápice de humanidad. El factor económico es el poder exterior que controla la felicidad de las personas en el momento en el cual vivimos. Es esta la “miseria” más afín con la mayor parte de la sociedad, la clase media, en estos momentos de crisis y fue trabajada con mucha seriedad. Interpretada de otra manera, podría ser una comedia. Los jóvenes actores pasaron la prueba.

La dirección de Edgar García fue impecable. La ruta que seguimos como público para llegar a la sala (el escenario del teatro de la UPR) estuvo inteligentemente ambientada. El tráfico escénico y los cambios de cuadros estuvieron excelentemente coordinados. Los jóvenes a cargo de estos cambios hicieron un buen trabajo. Lamentamos que sus nombres no aparecen en el programa de mano. Lamentamos que la selección de la música tampoco tuviera crédito, la misma fue muy efectiva. La coordinación entre luces (Israel Franco- Müller), vestuario (Miguel Vando) y escenografía (Nicolás Luzzi) fue precisa, de estética ideal. El trabajo con los actores, que tuvo que ser intenso, desembocó en un gran acierto para el estreno mundial de una muy buena obra de teatro del también Director del Departamento de Drama de la UPR, José Luis Ramos Escobar.

Felicitamos a todas las personas que tuvieron que ver con este montaje. Nos complace ver puestas en escena serias, ensayadas, cuidadas, ejecutadas por jóvenes estudiantes a la tutela de sus profesores y esperamos ver el desarrollo de estos futuros profesionales en otros montajes.

“Terror y miserias del tercer milenio” continúa en cartelera del martes 1 al sábado 12 de septiembre, en funciones a las 8:00 p.m., excepto el domingo 6 y 13 que se presentará en matiné a las 5:00 p.m. La entrada es libre de costo. Los boletos se adquieren en la boletería del Teatro UPR desde las 6:00 p.m. y el domingo desde las 3:00 p.m.

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