Totalmente redonda ‘El milagro de la Tortilla’

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La realidad de un estreno donde no hay una sola butaca vacía, es un gran comienzo para un estreno y anima a todos por igual. Esta alegre situación encontramos el pasado viernes 31 de julio, noche de luna azul, cuando asistimos al Teatro Alejandro Tapia y Rivera del Viejo San Juan para ver el estreno de “El milagro de la Tortilla”, del dramaturgo cubano Luis Santeiro, una producción de Ivonne Class para Plan B Incorporado y SJ Family Entertaiment Group, dirigida por Gilberto Valenzuela.

Santeiro es un prestigioso escritor de programas de televisión, entre los que se encuentra “¿Qué pasa USA?”, exitoso programa de una familia cubana en el exilio, residente en Miami, que estuvo al aire por cinco años y obtuvo seis premios Emmy y nueve premios del Association of Critics and Commentators on the Arts, en la década de 1970.

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Gladys Rodríguez (izquierda) hizo galas de su veteranía en la noche de estreno en el Viejo San Juan. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“El milagro de la Tortilla (Our Lady of the Tortilla”), vio la luz en 1987, y presenta una historia inspirada en un suceso real: Una mujer mexicana que dijo ver la imagen de la virgen en una de las tortillas que preparaba. El autor agarra ese punto de partida para desarrollar una comedia de hispanos de clase media que viven en Estados Unidos, específicamente, en Nueva Jersey. Esta obra ha sido representada con éxito en distintos escenarios y en Puerto Rico no se presentó por primera vez. Para este montaje la obra fue adaptada de tal manera que la familia, en lugar de ser mexicana, fuera puertorriqueña, algo que podría hacerse con éxito con una familia de cualquier nacionalidad hispana residente en Estados Unidos.

La trama presenta a los integrantes de la familia Del Río, católicos-supersticiosos por tradición, que luchan con el día a día para mantener su cultura en otro país y sobrevivir. Aunque la familia es disfuncional, no les va tan mal. En la casa viven dos hermanas que trabajan y devengan sueldos, con un joven, hijo y sobrino, que estudia en la universidad. No son personas adineradas, pero no pasan hambre. Si bien las situaciones que se presentan no son nuevas para nosotros, la comedia, de dos actos, funciona, es muy graciosa.

La historia se desarrolla el fin de semana que llega de visita la novia norteamericana de Nelson (Ektor Rivera), hijo de Dalia (Marisol Calero), sobrino de Dolores (Gladys Rodríguez). Dolores es, literalmente, una “solterona viste santos”, que ofrece oraciones y enciende velas al fenecido actor mexicano Pedro Armendáriz, cada vez que se ve en aprietos, lo cual sucede cada 10 minutos. Dolores tiene un negocio de comidas a domicilio, y cuando empieza la obra prepara cientos de tortillas mexicanas para entregar. La casa está decorada con excelente mal gusto, y Nelson intenta esconder los adornos más escandalosos mientras le pide a su tía que disimule su devoción religiosa en presencia de su novia Berverly (Wanda Sais). El dolor de cabeza del joven Nelson se incrementa con la visita del tío Eddie (René Monclova), quien vive de su vagancia y tiene una mujer embarazada a quien no sabe cómo esconder. En un momento del fin de semana, Dolores del Río tiene una experiencia supra natural, la virgen se le aparece en una de las tortillas. Desde ese momento en adelante la noticia del milagro de la tortilla corre sin freno y la familia se ve asechada por fanáticos religiosos y por la prensa. El autor considera todas las situaciones que se desarrollan en un evento como ese, desde los ciegos y paralíticos que acuden a la casa para ser sanados por la virgen, el sacerdote que advierte a Dolores de no divulgar la aparición, los periodistas que desean la exclusiva y el tío Eddie que saca provecho al vender a un dólar pedazos de tortillas metidas en una bolsa plástica. Hasta la novia gringa de Nelson queda fascinada con el candor cultural hispano.

La dirección realista, a la raya de una cámara de televisión, de esta obra inspiró un tráfico escénico sumamente natural, donde las cosas sucedieron sin desenfreno de farsa. Este realismo es enmarcado por una escenografía diseñada por el propio director que parece el fiel retrato de la casa de unos hispanos con mal gusto que viven en Nueva Jersey, o en Queens o en el Bronx. El estilo escogido por el experimentado director Gilberto Valenzuela fluyó con tranquila efectividad y demostró que el realismo nuestro de cada día puede ser absurdamente cómico.

Las actuaciones fueron tan exactas y definidas como definidos y exactos son los excelentes personajes. Gladys

Ektor Rivera, René Monclova y Wanda Saiz cosecharon aplausos por sus actuaciones. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Ektor Rivera, René Monclova y Wanda Sais cosecharon aplausos por sus actuaciones. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Rodríguez brilló en su regreso a las tablas con su interpretación de Dolores del Río. Verla moverse entre tantas tortillas y en su interacción con los demás, nos recordó la falta que nos hacía en nuestros escenarios. Le creímos a Ektor Rivera todas las movidas de Nelson del Río, también le creímos a Wanda Sais su interpretación de Berverly, la chica gringa que insistía en practicar su español. René Monclova bordó su descarado Eddie del Río con el talento que nos tiene acostumbrados. Marisol Calero se destacó, sin lugar dudas, con luces de neón, en su interpretación de Dalia, la puertorriqueña con acento norteamericano que trabaja vendiendo tapas de inodoros y que hemos visto muchas veces acá y allá, dispuesta a todo por recuperar a su marido. ¡Excelente!

La utilería, presente en el montaje en forma desbordante, merece mención. Miguel Rosa hizo un trabajo de cinco estrellas, el cual tiene que comenzar desde una hora antes de la función y terminar hasta después que los actores se han quitado el maquillaje y cambiado de ropa. El vestuario de Alba Kercadó fue muy bueno. Las luces fueron tan hermosas que lamentamos que el programa no incluyera al diseñador en los créditos para mencionarlo con nombre y apellido. En resumen, fue una producción redonda.

Terminaremos diciendo lo que tal vez debimos decir al comenzar. El estreno de “El milagro de la Tortilla” tuvo intenciones altruistas. Las personas envueltas en la puesta de escena donaron sus sueldos y la producción donó todo lo recaudado esa noche a La Perla del Gran Precio y al Hogar El Pequeño Joshua. La Perla del Gran Precio es una institución sin fines de lucro que ayuda a restaurar vidas de personas enfermas, con impedimentos y con adicciones. El Hogar El Pequeño Joshua es un hogar sin fines de lucro que ayuda a los hijos de mujeres con adicciones o incapacitadas y a los niños del Departamento de la Familia. Antes de comenzar la función vimos un vídeo muy emotivo donde los testimonios de tres mujeres nos dejaron saber la labor que estas dos organizaciones desempeñan. Después de los nutridos aplausos finales, la producción hizo entrega de la cantidad de 20 mil dólares a ambas instituciones. A través de las palabras de Marisol Calero, los actores dejaron saber la emoción y el orgullo que sentían al haber podido ofrecer sus talentos a una causa en la cual creen.

“El milagro de la Tortilla”, apta para todo público, continúa en cartelera el próximo fin de semana en el Teatro Tapia del Viejo San Juan.

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