Exactitud en ‘De allá y de acá’

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El pasado domingo asistimos a la sala Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de Santurce a ver “De allá y de acá” del novelista y dramaturgo puertorriqueño Luis Daniel Estrada Santiago, una producción de Noland Otero para Casa Productors, dirigida por Myrna Casas. Uno de los atractivos de esta producción era el regreso de Casas como directora, después de siete años de ausencia de nuestros escenarios. Diremos desde el principio que el concepto de montaje de Casas nos impactó por su exactitud.

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Jorge Castro y Cristina Soler son “Roberto”‘ y “Lilly”, quienes se encuentran radicados en los Estados Unidos. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Myrna Casas, además de dramaturga, académica, actriz y productora, es una directora con estilo único, de extensa trayectoria, maestra de maestros. No obstante, el montaje que vimos el pasado domingo, de teatro arena a dos lados, indicó, tal vez, un nuevo estilo, algo que vimos de ella por primera vez.

La música popular hacía alusión a asuntos de Puerto Rico. La sala estaba llena, y nos enteramos que, desde el estreno, había estado así. Cuando entramos, encontramos una escenografía (José Manuel Díaz) realista hasta los extremos, copia exacta de una sala-comedor-cocina de clase media puertorriqueña. No había nada en el decorado que no luciera “exactamente real”. El olor a comida típica puertorriqueña impregnaba cada rincón de la sala Marichal.

Salía agua del grifo de la cocina y nos preguntamos si nos darían café, o nos dejarían probar el arroz con gandures y la ensalada. La máquina de coser funcionaba bien. Desde que comenzó la obra sentimos que invadíamos la privacidad de aquellas cuatro personas que entraban y salían de aquel espacio, como si estuviéramos mirando a través de una pared de cristal en la casa del vecino, o acaso ellos invadían nuestra privacidad. A pesar de que nunca se rompió la cuarta pared, no tuvo este montaje alejamiento escénico de ninguna índole.

El dramaturgo exploró temas muy actuales desde el punto de vista de las personas comunes que no tienen otro argumento que no sea la experiencia vivida. Sus opiniones estaban ausentes de filosofías académicas y elaboradas tesis de bienestar público, alejadas también de los discursos políticos heredados del siglo 20. Los seres humanos con eso que tienen delante, nada más. Ese retrato de lo que somos, seres humanos con lo que tienen delante en estos momentos, donde es imposible creer en líderes políticos y religiosos, nos alegró, pero golpeó con viveza.

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Michael Stuart y Sara Jarque son “Prieto” y “Clara”, quienes nunca han salido del barrio donde nacieron. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Roberto (Jorge Castro) es un médico que se fue de Puerto Rico, acusado de corrupción, en aquel momento en que la orden del día era acusar de corrupción a quien tuviera ideas políticas diferentes. No negamos que la corrupción exista, pero cuando la cuestión se usa como estrategia política o religiosa, cacería de brujas es la frase que define exactamente la situación. En un mar de acusaciones donde el objetivo es ganar lo que sea, no hay escrúpulos, no importa la humanidad y muchos inocentes se ven perjudicados. Recordemos lo que sucedió en Salem a fines del siglo 17, más cerca de nosotros, el Macartismo, entre las décadas de 1940 y 1950. La cacería de brujas termina cuando toca la puerta de quien ha podido detenerla y no lo ha hecho, lo cual, a estas alturas de la historia es imperdonable.

Estrada Santiago explora la situación de una persona común víctima de esta situación, aunque no lo hace con profundidad. Roberto es un médico que tuvo que emigrar por desprestigio y se vio en la obligación de hacer trabajos no relacionados con su profesión, hasta que la situación de corrupción se aclaró en Puerto Rico. Mientras tanto, sus hijas crecieron como norteamericanas y él logró en Estados Unidos una vida de éxito como la que jamás tuvo acá. El Roberto que entra con su esposa Lilly (Cristina Soler) a la casa de su cuñado Prieto (Michael Stuart), es un ser humano recuperado de aquella acusación, pero marcado por una huella que no tiene comparación. No obstante, Roberto ama a Puerto Rico, y es su esposa, quien se confiesa adoradora de la “pecosa”, la que no quiere regresar. ¿Qué fuimos capaces de hacer por defender la permanencia de estrategias inservibles?, es la pregunta que nos hacemos ante la situación de Roberto. ¿Seremos capaces de insistir en la misma estupidez?, es lo que deberíamos preguntarnos.

Prieto, hermano de Lilly y esposo de Clara (Sara Jarque), es un mecánico que no ha salido del barrio que lo vio nacer, el mismo barrio del cual salieron Roberto y Lilly. Clara es una maestra que quedó desempleada, que se gana la vida cosiendo uniformes y que cultiva un huerto casero, el cual representa una gran economía para la familia. Este matrimonio abraza el ideal de la independencia, pero es Clara quien tiene una postura cerrada de su ideal.

Clara y Prieto trabajan duro para que su hija pueda ir a la universidad, algo que la chica alcanzó con una beca. Clara sueña con que Roberto y Lilly se queden en Puerto Rico y Lilly tiene planes adelantados con la idea de llevarse a su hermano, cuñada y sobrina para Nueva York. La una suena tan irracional como la otra al tratar de convencerse mutuamente. Ambas mujeres son intransigentes, los hombres las siguen, el uno de regreso a Nueva York y el otro a quedarse en Puerto Rico.

A pesar de una tensa situación que provoca una sorpresa que tienen Lilly y Prieto para Clara, las dos parejas no se distancian. Se despiden con abrazos sinceros y los mejores deseos. La obra no presenta otra solución que no sea el amor y la comprensión humana hacia lo que es y decide cada cual, sin acusar ni resentir, sin héroes que defiendan fórmulas o tesis inservibles.

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El tráfico escénico delineado por Myrna Casas para “De aquí y de allá” es resaltado por su realismo. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

De algo mucho más que lo anterior, por supuesto, se inspiró la directora para un montaje con un tráfico escénico excepcionalmente realista hasta el tuétano, donde los personajes, sencillamente, no podían estarse quietos ni mantener una misma posición por más de 40 segundos, como nosotros por dentro en estos momentos, y con todo, lejos del agitado dramatismo que suele manipular nuestros sentidos. ¡Exactitud! De la misma manera se abrieron camino las exactas actuaciones de Jarque, Castro, Stuart y Soler, muy bien logradas; el exacto vestuario (Gloria Sáez) que definía quién era quien con una simple mirada, las exactas luces (Toni Fernández) y la exacta utilería (José Manuel Díaz). Nada pudo ser más apropiado para el comentario de Luis Daniel Estrada Santiago que este montaje tan exacto.

“De allá y de acá” continúa este próximo fin de semana con Carlos Vega en el personaje de Prieto. La recomendamos.

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