El Conde regresa a su tierra

Por Jaime Torres Torres
Para la Fundación Nacional para la Cultura Popular

Las cenizas de El Conde serán trasladadas a Puerto Rico en diciembre. Así lo anunció su hija Cita Rodríguez al recordar que esa fue la voluntad de su padre, fallecido en el año 2000 en Nueva York.

Quince años transcurrieron desde su muerte y será en diciembre, por el esfuerzo de su viuda Frances y sus hijos Cita y Pete Jr., que sus restos regresarán a la tierra que lo vio nacer el 31 enero de 1933.

Hoy el cantante Pedro Juan Rodríguez Ferrer tendría casi 82 años. Sus vástagos se esmeran por honrar su memoria y perpetuar su legado para el deleite de las nuevas generaciones.

Primero su gente-

Lo primero que resalta de la personalidad artística de El Conde es su compromiso con su fanaticada. Una noche, tras un concierto de la Fania All Stars celebrado en 1985 en el Coliseo Roberto Clemente, Pete se acercó a los admiradores que, frenéticamente, solicitaban su autógrafo al tiempo en que varios periodistas intentaban entrevistarlo. Con seriedad, solicitó que le respetaran el encuentro con su público.

Otro rasgo de su personalidad es la humildad. En septiembre de 1988, durante el ensayo de un concierto de la Fania All Stars en el Estadio Hiram Bithorn a beneficio de Héctor Lavoe, intercambió impresiones sobre el séptimo arte con el cantautor Rubén Blades, quien durante esos días participaba en el rodaje del filme “Waiting For Salazar”.

“Rubén, ¿verdad que si yo quisiera ser actor lo que me asignarían sería el papel de un negro esclavo?”, le preguntó a Blades, quien se le quedó mirando seriamente y le dijo que no pensara eso porque el éxito del actor Sidney Poitier es un ejemplo de que el talento trasciende la raza y el origen étnico de las personas.

Su nobleza era otra virtud que siempre le distinguió. Una tarde llegó con su hijo Pete Jr. a la redacción del diario donde laboraba este periodista con la intención de que también lo entrevistaran y retrataran porque, con mucho orgullo, seguía sus pasos.

A la última entrevista, semanas antes de fallecer el 2 de diciembre de 2000, llegó puntual, aun sintiéndose enfermo. La pudo posponer, pero no lo hizo por su responsabilidad y honor. Al incorporarse de la butaca, de repente, palideció y casi se desploma, sujetándose del hombro del autor de estas líneas.

Pete Rodríguez en el recuerdo –

Después del auge de las Estrellas de Fania y la película “Our Latin Thing”, en los bailes y conciertos presentaban a Pete Rodríguez como El Conde. Fue nombrado por su barbero con dicho apelativo a mediados de la década de 1960 y en el Tumbao Añejo de Johnny Pacheco lo acuñó para diferenciarse del popular pianista de la era del boogaloo Pete Rodríguez.

En el disco “El Conde”, su debut como solista en 1974, incluyó un son de Enrique Benítez, titulado “El Conde Negro”.

“Hay dos que viven aquí
Y tenemos el mismo nombre
El otro con su malanga
Pero este niche, sí responde”.

También vivió muy orgulloso de su cuna humilde. En sus soneos siempre aludía a su barrio natal La Cantera de Ponce, donde hoy perpetúan su memoria con un paseo a su honor.

“De donde viene ese prieto
Se pregunta mucha gente…
De La Cantera de Ponce vengo yo
Con este ritmo caliente…”

Igualmente, siempre defendió la integridad del negro, inspirando soneos en torno a la hidalguía de la raza africana, como expresó en unos versos de la guajira “Quítate tú”, grabada en 1971 con la Fania All Stars en el Cheetah.

“Cualquiera puede cantar
cuando se copia de otro
El cantar original
Lo ejecutan muy poco
Por eso estoy orgulloso
Cuando me pongo a versar
No es que quiera criticar
Ni que sea alabancioso
Te lo digo, camará,
Este negro sí es sabroso”.

Cinco años después la última frase del aclamado soneo del “Quítate tú” fue seleccionada como título precisamente del elepé “Este negro sí es sabroso”, producido por Louie Ramírez, predominando en la secuencia las obras de Tite Curet Alonso.

Conforme a la apreciación de este periodista, el álbum “Este negro sí es sabroso” es el clásico de la discografía de Pete “Conde” Rodríguez. El discurso contra el discrimen racial, esgrimido alrededor de una década antes con el precio de la sangre por el reverendo Martin Luther King, encontró eco en la composición “La abolición”, que según el autor y su intérprete, “llegó y el negro no la gozó”.

“Como una gran esperanza
hace tiempo que llegó
entre coros de alabanzas
La abolición…
Pero todavía el negro camina
Buscando la meta que no se avecina
Levanta bandera y cruza fronteras
Su lucha que es fuerte y no tiene suerte”.

Con la sabia vanguardista, sentimental y visionaria de Tite Curet Alonso, Pete grabó con la Fania All Stars la obra “Pueblo Latino”, clamor por la unidad y solidaridad de la familia latina, caribeña e hispana. Es una letra valiente cuyos soneos son muy radicales, aludiendo en la versión para el lp “Este negro sí es sabroso”, intercalados en el estribillo “Prefiero la muerte”, a la dignidad de la libertad nacional.

“Si es delito querer a mi Borinquen
que me sentencien a muerte.
Consejo de El Conde para ti,
que no se borre de tu mente.
Ay, viviremos y lucharemos
sin miedo y hasta la muerte.
Ay, esclavos sin voluntad
Así no nos podemos quedar”.

El sonero puertorriqueño Pete “El Conde” Rodríguez es otro guerrero de la cultura popular nacional. Por eso su llegada en diciembre no debe pasar inadvertida.

El Conde perseveró contra el discrimen racial; no se doblegó ante la explotación de un gran sector de la industria y jamás hipotecó su integridad.

Por eso su regreso será motivo de celebración y agradecimiento por los valores que, con su irresistible estilo sonero tradicional cubano, divulgó al mundo a través del pregón de su eterno guaguancó de amor.

“Para cantar otra vez
a lo que yo tanto amé
Al cielo yo alcé la voz, óiganlo bien,
cantando por guaguancó.
Para decir desde aquí, lo que yo siempre le di
Acaricié mi bongó, óiganlo bien,
y así lloramos los dos.
Por hacer caso al mundo,
que nos dejó un profundo y
sinigual desamor.
Porque la misma gente,
Que parecía inocente,
fue la que más duro dio…
Pobre de mí,
Para cantar otra vez
a lo que yo tanto amé
Al cielo yo alcé la voz, óiganlo bien
Y así lloramos los dos”.

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